Lirrobo rechazó mi oferta abiertamente, con más clase que vergüenza - lo que me sorprendió - diciendo que lo único que le producía a él excitación era el dinero. Seguramente el viejo creía que le iba a obligar a grabar un vídeo porno con la Shichibukai o algo así, o quizá tenía miedo de lo que ella - aun estando paralizada - pudiera hacerle si se acercaba... pobre diablo. O qué demonios, a lo mejor ni se le levantaba y nos estaba ahorrando pasar por ese espectáculo. Fuera como fuere, su respuesta había sido dada y eso agilizaba muchísimo las cosas para nosotros — ¡Estupendo! — dije con alegría mirándole sin apartarme del lado de Feng — Si quisiera usted hacerlo debía ser ahora, porque dudo que la señorita Chen vaya a estar capacitada para cumplir con su papel satisfactoriamente después de desempeñar su papel en todo esto — añadí, girándome a mirarla ahora mientras el anciano parecía responder a mi pregunta sobre los seres queridos de la Shichibukai, diciéndome que tenía un grupo pirata llamado Grumo GG o algo así, y que estaban en la isla Broc Coli, lugar al que podía llamar directamente desde el Den Den Mushi visual que me había cedido — Muchas gracias señor Kimono, ahora mantenga la distancia por favor — le sugerí mientras la puerta se abría y aparecían Viktor y Shoto, uno delante del otro, avanzando hacia la habitación.
El espadachín se colocó a mi lado tendiéndome el yelmo que él mismo me había fabricado, diciéndome que era hora del show. Peiné mi cabello rosado hacia atrás y extendí la mano para sujetar mi casco, colocándomelo de nuevo en la cabeza con un hábil movimiento volviendo a sentir la protección y la tranquilidad que sólo ahí dentro se encontraba — Gracias amigo — le dije a mi mano derecha, al mismo tiempo que me giraba para tomar el Den Den Mushi visual vi a Shoto con una canica de oro cerca de mi. Supuse que se tratarían de las cosas de la mujer aquí presente, y me quedé mirándole unos segundos.
— Será mejor que esperes fuera, Shoto — le dije con sincera preocupación por él — Aprecio la iniciativa de la canica, tan práctico como siempre... Pero necesito que me des una de las pistolas blancas que había ahí. Vuelve a guardar el resto cuando termines y espera que salgamos de la habitación — le ordené y le puse la mano en el hombro con calidez — No tardaremos mucho. Están cooperando muy bien — añadí, y continué con mi movimiento inicial: agarrar el Den Den Mushi Visual.
Nunca había sabido bien cómo funcionaban esos cacharros, pero, por algún motivo siempre conseguía que funcionasen, así que completamente ajeno a si Shoto saldría de la habitación o no, toqueteé la caracola hasta que esta pareció despertar haciendo el sonido de estar llamado — ¡Empezamooos! Por favor, enfoca para que se la vea entera, Vik — dije algo nervioso, sonriendo, dándole el caracol a Viktor para que apuntase hacia nosotros: La Shichibukai y yo mismo. Cuando surgió una voz desde detrás de aquel artefacto chasqueé la lengua y comencé con la idea que había tenido en mente desde que habíamos derrotado a la Shichibukai.
— ¡Oe oe! — dije riendo, empuñando mi kanabo con la mano a modo de saludo hacia el Den Den Mushi, y entonces me giré hacia Ren directamente, agachándome de cuclillas para estar cerca de su cara. Ella podría ver mis ojos por los agujeros de mi máscara — Honestamente me esperaba más de una Shichibukai, pero, vas a cumplir una noble tarea en todo esto. Vas a ser la primera pieza del nuevo orden mundial que voy a establecer con mi nuevo imperio — dije en un susurro a la mujer, y chasqueé la lengua de nuevo poniéndome en pie junto a ella mirándola por diez largos y tensos segundos.
— Hells Bells — dije con tono solemne, calmado y decidido mientras mis músculos se tensaban al máximo y mi cuerpo se preparaba para dar el golpe más fuerte que era capaz de propiciar, potenciado con mi Busoshoku que envolvía el arma, y echando toda la carne en el asador mientras movía la mano a toda velocidad bombeando el arma directamente hacia el frontal de su rostro, impactando en la zona de los ojos y la nariz.
El impacto fue tan potente que estampó la cabeza contra la mesa de diamantes que tenía detrás, agrietándola y fracturándola, y haciendo que la sangre brotase de los ojos, la nariz y los oídos de la desnuda Shichibukai en finos hilos como si hubiera explotado algo dentro de su cráneo, tras lo cual cayó tendida al suelo, aun consciente y despierta. Sonreí enormemente de la forma más sádica y retorcida que había hecho jamás y, como siempre, ocultando esto al mundo por mi inexpresivo yelmo blanco agujereado, mientras alzaba el kanabo por encima de mi cabeza y me disponía a dar un segundo y último golpe — Grave of braves — dije con la misma tranquilidad, clavando mi mirada en la de la mujer mientras descendía mi acero negro hacia su cráneo nuevamente, destrozando este en mil pedazos y dispersando por la habitación los sesos, trozos de cráneo, carne y sangre de la - ahora descansando en paz - Ex-miembro de los Shichibukai. Tras el impacto me erguí lentamente y miré hacia el Den Den Mushi, alzando a Ein Hauch y colocándolo encima de mi hombro. Entonces, tomé aire por las fosas nasales y me dirigí hacia el Den Den.
— Soy Sohem Burnedead. Estoy en la isla de Foodvalten. Tenéis tres días para venir a vengar a vuestra jefa, o nosotros iremos a Broc Coli a por vosotros. Buen viaje — y tras esas palabras, recorrí los pocos pasos que me separaban del cuerpo sin vida y desnudo de Pen, del caracol, y lo apagué, mirando a Viktor mientras guardaba mi arma a mi espalda como siempre — Una llamada más, por favor — le pedí a mi compañero agarrando yo el Den Den Mushi y marcando a conciencia el número que tenía ya memorizado del Vicealmirante Papachi que me dio dos años atrás llamando al anciano hombre.
Extendí el brazo para apuntar con el Den Den hacia mi y Viktor y esperé a que descolgasen para hablar directamente — ¡Saludos anciano! — grité con energía y hablando con relativa velocidad pero sin sonar atropellado ni nervioso, simplemente, como si no me importasen las respuestas que fueran a darme desde el otro lado de la línea — Seguro que se acuerda de mi aunque han pasado ya un par de años desde la última vez que hablamos... — dije a modo de presentación sabiendo que con ese tipo de Den Den me debían estar viendo perfectamente — Le llamo porque quiero recomendarle a Viktor Evans aquí presente para el puesto de Shichibukai. Es un hombre recto, capaz, con fama suficiente en todo el mundo y sin una recompensa por su cabeza. Buena imagen, buena reputación, honradez, habilidad... ¡toda una ganga! — dije enfocándole, y me giré para que el plano nos mostrase a mi y a Ren tendida muerta en el suelo — Lo digo porque parece que su pistolera a sueldo favorita ha dejado una vacante disponible, si usted me entiende — añadí aguantándome la risa mientras volvía a girar la cámara hacia Viktor — Estaremos encantados de entregarle su cuerpo y recibir la documentación necesaria para el procedimiento, nos vamos a hospedar de ahora en adelante en la isla de Foodvalten, así que ya sabe donde encontrarnos en... ¿digamos dos días? — pregunté retóricamente, y volví a girar la cámara, esta vez sin salir yo en ella para apuntar a Bibobo — ¡Y por cierto! El señor Endongo ha accedido a legarme voluntariamente su imperio como Señor de la Moneda — dije girando la cámara tras mostrar al anciano — Así que ¿recuerda lo que me prometió tras derrotar a sus muchachos? Es el momento de oficializar las cosas. Nuestra impunidad se hace efectiva hoy mismo — le dije al anciano, casi de forma imperativa más que informativa y agachándome dejé el Den Den Mushi en el suelo, enfocando hacia Ren — Nos vemos en dos días Vicealmirante ¡que tenga un buen viaje! — y corté la comunicación, volviendo a erguirme en completo silencio.
Pasé mi mirada de Nitoco a Viktor, dos veces, dejando esta fija en mi mejor amigo.
Chasqueé la lengua.
— Vaya. ¿Shichibukai, eh? — dije dándole un codazo suave amistoso, y reí abiertamente.
El espadachín se colocó a mi lado tendiéndome el yelmo que él mismo me había fabricado, diciéndome que era hora del show. Peiné mi cabello rosado hacia atrás y extendí la mano para sujetar mi casco, colocándomelo de nuevo en la cabeza con un hábil movimiento volviendo a sentir la protección y la tranquilidad que sólo ahí dentro se encontraba — Gracias amigo — le dije a mi mano derecha, al mismo tiempo que me giraba para tomar el Den Den Mushi visual vi a Shoto con una canica de oro cerca de mi. Supuse que se tratarían de las cosas de la mujer aquí presente, y me quedé mirándole unos segundos.
— Será mejor que esperes fuera, Shoto — le dije con sincera preocupación por él — Aprecio la iniciativa de la canica, tan práctico como siempre... Pero necesito que me des una de las pistolas blancas que había ahí. Vuelve a guardar el resto cuando termines y espera que salgamos de la habitación — le ordené y le puse la mano en el hombro con calidez — No tardaremos mucho. Están cooperando muy bien — añadí, y continué con mi movimiento inicial: agarrar el Den Den Mushi Visual.
Nunca había sabido bien cómo funcionaban esos cacharros, pero, por algún motivo siempre conseguía que funcionasen, así que completamente ajeno a si Shoto saldría de la habitación o no, toqueteé la caracola hasta que esta pareció despertar haciendo el sonido de estar llamado — ¡Empezamooos! Por favor, enfoca para que se la vea entera, Vik — dije algo nervioso, sonriendo, dándole el caracol a Viktor para que apuntase hacia nosotros: La Shichibukai y yo mismo. Cuando surgió una voz desde detrás de aquel artefacto chasqueé la lengua y comencé con la idea que había tenido en mente desde que habíamos derrotado a la Shichibukai.
— ¡Oe oe! — dije riendo, empuñando mi kanabo con la mano a modo de saludo hacia el Den Den Mushi, y entonces me giré hacia Ren directamente, agachándome de cuclillas para estar cerca de su cara. Ella podría ver mis ojos por los agujeros de mi máscara — Honestamente me esperaba más de una Shichibukai, pero, vas a cumplir una noble tarea en todo esto. Vas a ser la primera pieza del nuevo orden mundial que voy a establecer con mi nuevo imperio — dije en un susurro a la mujer, y chasqueé la lengua de nuevo poniéndome en pie junto a ella mirándola por diez largos y tensos segundos.
— Hells Bells — dije con tono solemne, calmado y decidido mientras mis músculos se tensaban al máximo y mi cuerpo se preparaba para dar el golpe más fuerte que era capaz de propiciar, potenciado con mi Busoshoku que envolvía el arma, y echando toda la carne en el asador mientras movía la mano a toda velocidad bombeando el arma directamente hacia el frontal de su rostro, impactando en la zona de los ojos y la nariz.
El impacto fue tan potente que estampó la cabeza contra la mesa de diamantes que tenía detrás, agrietándola y fracturándola, y haciendo que la sangre brotase de los ojos, la nariz y los oídos de la desnuda Shichibukai en finos hilos como si hubiera explotado algo dentro de su cráneo, tras lo cual cayó tendida al suelo, aun consciente y despierta. Sonreí enormemente de la forma más sádica y retorcida que había hecho jamás y, como siempre, ocultando esto al mundo por mi inexpresivo yelmo blanco agujereado, mientras alzaba el kanabo por encima de mi cabeza y me disponía a dar un segundo y último golpe — Grave of braves — dije con la misma tranquilidad, clavando mi mirada en la de la mujer mientras descendía mi acero negro hacia su cráneo nuevamente, destrozando este en mil pedazos y dispersando por la habitación los sesos, trozos de cráneo, carne y sangre de la - ahora descansando en paz - Ex-miembro de los Shichibukai. Tras el impacto me erguí lentamente y miré hacia el Den Den Mushi, alzando a Ein Hauch y colocándolo encima de mi hombro. Entonces, tomé aire por las fosas nasales y me dirigí hacia el Den Den.
— Soy Sohem Burnedead. Estoy en la isla de Foodvalten. Tenéis tres días para venir a vengar a vuestra jefa, o nosotros iremos a Broc Coli a por vosotros. Buen viaje — y tras esas palabras, recorrí los pocos pasos que me separaban del cuerpo sin vida y desnudo de Pen, del caracol, y lo apagué, mirando a Viktor mientras guardaba mi arma a mi espalda como siempre — Una llamada más, por favor — le pedí a mi compañero agarrando yo el Den Den Mushi y marcando a conciencia el número que tenía ya memorizado del Vicealmirante Papachi que me dio dos años atrás llamando al anciano hombre.
Extendí el brazo para apuntar con el Den Den hacia mi y Viktor y esperé a que descolgasen para hablar directamente — ¡Saludos anciano! — grité con energía y hablando con relativa velocidad pero sin sonar atropellado ni nervioso, simplemente, como si no me importasen las respuestas que fueran a darme desde el otro lado de la línea — Seguro que se acuerda de mi aunque han pasado ya un par de años desde la última vez que hablamos... — dije a modo de presentación sabiendo que con ese tipo de Den Den me debían estar viendo perfectamente — Le llamo porque quiero recomendarle a Viktor Evans aquí presente para el puesto de Shichibukai. Es un hombre recto, capaz, con fama suficiente en todo el mundo y sin una recompensa por su cabeza. Buena imagen, buena reputación, honradez, habilidad... ¡toda una ganga! — dije enfocándole, y me giré para que el plano nos mostrase a mi y a Ren tendida muerta en el suelo — Lo digo porque parece que su pistolera a sueldo favorita ha dejado una vacante disponible, si usted me entiende — añadí aguantándome la risa mientras volvía a girar la cámara hacia Viktor — Estaremos encantados de entregarle su cuerpo y recibir la documentación necesaria para el procedimiento, nos vamos a hospedar de ahora en adelante en la isla de Foodvalten, así que ya sabe donde encontrarnos en... ¿digamos dos días? — pregunté retóricamente, y volví a girar la cámara, esta vez sin salir yo en ella para apuntar a Bibobo — ¡Y por cierto! El señor Endongo ha accedido a legarme voluntariamente su imperio como Señor de la Moneda — dije girando la cámara tras mostrar al anciano — Así que ¿recuerda lo que me prometió tras derrotar a sus muchachos? Es el momento de oficializar las cosas. Nuestra impunidad se hace efectiva hoy mismo — le dije al anciano, casi de forma imperativa más que informativa y agachándome dejé el Den Den Mushi en el suelo, enfocando hacia Ren — Nos vemos en dos días Vicealmirante ¡que tenga un buen viaje! — y corté la comunicación, volviendo a erguirme en completo silencio.
Pasé mi mirada de Nitoco a Viktor, dos veces, dejando esta fija en mi mejor amigo.
Chasqueé la lengua.
— Vaya. ¿Shichibukai, eh? — dije dándole un codazo suave amistoso, y reí abiertamente.
— ¡¡ WRYYYY HA HA HA HA !! —
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