11-10-2025, 05:46 PM
El mar se extendía como una sábana liquida, siendo reflejado por el brillo del sol que se derramaba sobre el casco del crucero. El aire olía a sal y fruta tropical. Sumado a las risas, músicas y conversación que se mezclaban para conformar una extraña paz antes de un evento de grandes proporciones. Pero para Lucarne Ashveil todo sonaba amortiguado, cual si escuchara el latido del mundo desde el fondo de una botella.
Caminaba lentamente por la cubierta superior, sosiego, sus manos dentros de los bolsillos y su chaqueta ondeando ligeramente por los efectos notorios del viento. Estaba rodeado de turistas con collares de flores y capas coloridas, ajenos a la presión que él sentia sobre sus hombros. Habia aprendido a sonreir con ellos pero esa sonrisa jamas llegaba a sus ojos.
—Es un buen clima para partir — Murmuro, pero para si mismo. Mirando el firmamento. El sol era una moneda dorada que se hundía lentamente en el eterno albiceleste. Algo hipnótico de ver, era hermoso y a la vez aterrador. El mar escondía secretos. — — Ya veo... Entonces no estoy soñando —.
Habían vendido su barco. Su hogar.
Y no lo lamentaba, o al menos se repetía eso a si mismo desde la noche anterior. Un navío que durante meses fue su refugio y fortaleza flotante. Él no creia en los apegos a los objetos; todo en este mundo podia reemplazarse, salvo el propósito. Y su propósito seguia intacto, aún navegaba con él.
El sonoro murmullo de pasos hizo que alzara la mirada. No tuvo problemas para reconocer a la figura que se acercaba, pero no cambio jamás su expresión. Ash no le miro de inmediato, sin mover su vista del horizonte.
— Si me lo preguntas — Respondió con baja y bastante pausada. — No lo sé... Pero las decisiones correctas no siempre se sienten bien — El viento agitaba su cabello y una sombra de su sonrisa se manifesto en su semblante.
—En la vida, a veces, debemos soltar el timón para no hundir el barco — Giro ligeramente el rostro, lo justo para que sus ojos áureos chocaran con su medico. No buscaba convencerlo; solo exponer sus pensamientos.
Volvio la vista al mar. Sentia como una corriente profunda le arrastraba; astilla, olor q madera y sal. Entregó el barco sin temblar, pero cuando los nuevos dueños zarparon en el navío. Un gran vacio le apreto el pecho. No fue por el valor del barco, sino por lo que habían vivido sobre cubierta.
Hogar improvisado, escenario de errores, victorias y pecados compartidos.
—¿Cree que es la mejor opción para cruzar el océano? — La pregunta interrumpió nuevamente sus pensamientos intrusivos.
—¿La mejor? No, definitivamente — Se recostó de una silla y se relajo. — Pero si es la más segura por ahora. En esta ocasión el disfraz de turista es más útil que una bandera pirata — Y eso estaba bien.
El crucero no paro de mecerse, dejando una hermosa estela tras ello. Música que aumentaba al compas del aroma a frutas fermentadas. — ¿No vas a ir a celebrar con los demas? — Preguntó, directamente al pelirosa.
Lo hecho estaba hecho. Tenian que avanzar. Samba era apenas el primer eslabón de una cadena mucho mas larga. Una que los llevará mas alla de lo que los periódicos llamaban "El orden de South Blue".— Bebe y disfruta, pero no atraigas mucho la atención. Probablemente no seamos los únicos piratas bajo perfil — Sus palabras se perdieron entre el sonido de una risa lejana y el rugido del motor del crucero.
—O quizás solo hay gente inocente tratando de ser felices en medio de una época oscura — Dice saludando a dos turistas que se dirigieron a ellos a modo de saludo cordial. Pero bueno, no es como si llevar una oni y un gigante enorme no fuese ya motivo para llamar la atención por demás.
Todos en su tripulación se dispersaban de igual manera. Cada uno siguiendo su papel. Todo planeado. Bajo control
—El reino de Samba... — repitió como una canción. — Estoy seguro que los dioses del mar nos seran favorables. —
La travesía había comenzado.
Y ellos, una vez mas, estaban donde debían estar.
Caminaba lentamente por la cubierta superior, sosiego, sus manos dentros de los bolsillos y su chaqueta ondeando ligeramente por los efectos notorios del viento. Estaba rodeado de turistas con collares de flores y capas coloridas, ajenos a la presión que él sentia sobre sus hombros. Habia aprendido a sonreir con ellos pero esa sonrisa jamas llegaba a sus ojos.
—Es un buen clima para partir — Murmuro, pero para si mismo. Mirando el firmamento. El sol era una moneda dorada que se hundía lentamente en el eterno albiceleste. Algo hipnótico de ver, era hermoso y a la vez aterrador. El mar escondía secretos. — — Ya veo... Entonces no estoy soñando —.
Habían vendido su barco. Su hogar.
Y no lo lamentaba, o al menos se repetía eso a si mismo desde la noche anterior. Un navío que durante meses fue su refugio y fortaleza flotante. Él no creia en los apegos a los objetos; todo en este mundo podia reemplazarse, salvo el propósito. Y su propósito seguia intacto, aún navegaba con él.
El sonoro murmullo de pasos hizo que alzara la mirada. No tuvo problemas para reconocer a la figura que se acercaba, pero no cambio jamás su expresión. Ash no le miro de inmediato, sin mover su vista del horizonte.
— Si me lo preguntas — Respondió con baja y bastante pausada. — No lo sé... Pero las decisiones correctas no siempre se sienten bien — El viento agitaba su cabello y una sombra de su sonrisa se manifesto en su semblante.
—En la vida, a veces, debemos soltar el timón para no hundir el barco — Giro ligeramente el rostro, lo justo para que sus ojos áureos chocaran con su medico. No buscaba convencerlo; solo exponer sus pensamientos.
Volvio la vista al mar. Sentia como una corriente profunda le arrastraba; astilla, olor q madera y sal. Entregó el barco sin temblar, pero cuando los nuevos dueños zarparon en el navío. Un gran vacio le apreto el pecho. No fue por el valor del barco, sino por lo que habían vivido sobre cubierta.
Hogar improvisado, escenario de errores, victorias y pecados compartidos.
—¿Cree que es la mejor opción para cruzar el océano? — La pregunta interrumpió nuevamente sus pensamientos intrusivos.
—¿La mejor? No, definitivamente — Se recostó de una silla y se relajo. — Pero si es la más segura por ahora. En esta ocasión el disfraz de turista es más útil que una bandera pirata — Y eso estaba bien.
El crucero no paro de mecerse, dejando una hermosa estela tras ello. Música que aumentaba al compas del aroma a frutas fermentadas. — ¿No vas a ir a celebrar con los demas? — Preguntó, directamente al pelirosa.
Lo hecho estaba hecho. Tenian que avanzar. Samba era apenas el primer eslabón de una cadena mucho mas larga. Una que los llevará mas alla de lo que los periódicos llamaban "El orden de South Blue".— Bebe y disfruta, pero no atraigas mucho la atención. Probablemente no seamos los únicos piratas bajo perfil — Sus palabras se perdieron entre el sonido de una risa lejana y el rugido del motor del crucero.
—O quizás solo hay gente inocente tratando de ser felices en medio de una época oscura — Dice saludando a dos turistas que se dirigieron a ellos a modo de saludo cordial. Pero bueno, no es como si llevar una oni y un gigante enorme no fuese ya motivo para llamar la atención por demás.
Todos en su tripulación se dispersaban de igual manera. Cada uno siguiendo su papel. Todo planeado. Bajo control
—El reino de Samba... — repitió como una canción. — Estoy seguro que los dioses del mar nos seran favorables. —
La travesía había comenzado.
Y ellos, una vez mas, estaban donde debían estar.
