[EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo
#69
Primero un flash iluminó todo a mi alrededor. Después, un trueno estremeció la estancia. Me senté de golpe en la cama mientras miraba a mi alrededor. Las sombras retorcidas de mi habitación, exacervadas por la iluminación de los relámpagos en la distancia, me producían una sensación de desasosiego que erizaba mi piel y ponía mis pelos de punta. Me senté en el borde de la cama, con la cabeza embotada de sueños inconexos y pesadillas sin fin, observando con la mirada perdida la cama de enfrente. Aún faltaban veinte inviernos para los hechos que acontecieron en Foodvalten pero al contrario que allí, las voces en mi cabeza parecían ser más reales de lo que parecían. En dirección a la puerta de mi habitación, entreabierta y dejando entrar un fino hilo de luz naranja que tintineaba y procedía de una lámpara de aceite. Las voces, junto a la luz, asomaban tímidamente y eran inteligibles desde la distancia de mi cama. Quizá desde la otra… pero no había nadie. No había nadie en la cama de ******. Estaba vacía y me extrañó. Me levanté con sumo cuidado, apoyando mis pequeños pies en el suelo de madera intentando que las viejas tablas que formaban el suelo de mi habitación no chirriaran por descuido y delataran mi consciencia. Me agaché levemente, llevando sin quitar ojo de la puerta, la mano por debajo de la cama buscando mi wakizashi de entrenamiento y levantándolo con cuidado lo posicioné detrás de mi mientras me acercaba a la puerta sin levantar los pies del suelo apenas un milímetro. Este arma, que encontré perdida en la calle no estaba muy afilada, y tenía óxido por todos lados, pero pinchaba y pesaba lo ideal para aprender a manejar un arma y entrenar mis brazos. Las voces, que parecían discutir la una con la otra, se iban intensificando conforme me acercaba al umbral. Aprovechando el ángulo de la puerta, mirando por la pequeña abertura del umbral entrecerrado, pude observar el origen de la discusión. Las voces eran de madre… y de padre. Padre estaba tratando de mantener la calma mientras, progresivamente, se descontrolaba como siempre hasta terminar golpeando todo lo que había a su alcance. Madre estaba asustada intentando evitar la conversación.

— Lena, dime dónde la has escondido… No me hagas repetírtelo más veces... — dijo padre con un tono de voz grave y que conforme avanzaba parecía ir cambiando a un gruñido animal más que a una voz de hombre civilizado. — No te lo diré jamás. No volverás a acercarte a ella. — respondía madre mientras retrocedía hacia la encima de la cocina dando pasos hacia atrás, en un vago intento de alejarse de padre quien la seguía lentamente. El hombre que era mi padre, más por sangre que por costumbre, medía dos metros y medio y pesaba alrededor de doscientos kilos de músculo y grasa. Antaño fue un guerrero en el mar, y con los años dorados de la piratería amasó riquezas que perdió por confiar en quien no debía. Esto le hizo dudar de todo y de todos, aunque no comprendería esto hasta muchos años más tarde y en ese instante para mí, padre solo era un borracho enfermizo y un maltratador que repudiaba. Mientras avanzaba de manera maltrecha hacia madre, su barba blanca y descuidada se movía de lado a lado mientras su mano derecha comenzaba a cerrarse con fuerza y a rechinar. Madre, quien medía apenas metro sesenta y era delgada y esbelta no podía hacer frente a la bestia que era padre. — Dime donde la has llevado, Lena, NO TE LO VOY A REPETIR. — gritó el antiguo pirata mientras madre asía un cuchillo de cocina y lo ponía de manera tosca entre su agresor y ella. — Me cortaré la garganta antes de decírtelo, Raze. — contestaba la mujer con todo el valor que una madre puede tener para proteger a su prole. Aunque la muerte estuviera delante y la voz le temblara por el miedo, ella plantaría cara a lo que fuera por defender a su sangre. — ¡QUE TE CALLES! — vociferó el animal mientras desarmaba a su esposa de un manotazo en el dorso de la mano que asía el cuchillo. — No volveré a emitir un sonido si así está a salvo… — balbuceó madre mientras padre elevaba su mano con furia. Llegado a este punto no pude más y por primera vez al ver a padre golpearla, salí corriendo hacia él gritando como un poseso con el viejo y oxidado wakizashi sujeto con la diestra hasta henderlo en su rodilla izquierda, haciendo que el hombre gritara y redirigiera su furia contra mí, agarrándome de la cabeza y lanzándome contra el otro lado de la cocina para posteriormente sacar el arma de su pierna y lanzarlo a los pies de mi madre, que lo cogió en el acto. Mi padre me persiguió y comenzó a golpearme en la cabeza repetidas veces. La fuerza de aquel animal era imparable par un niño de mi edad y desde mi perspectiva solo veía a un lobo atacando a una presa. Un lobo de largas y blancas barbas babeando rabioso por no conseguir su premio. La paliza se frenó con un grito ahogado de madre que nos estremeció a ambos e hizo detenerse a padre en seco para volverse a mirar a su esposa. Madre, estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada en la encimera. Su largo pelo negro estaba por delante de su cara y tiritaba. Con las últimas fuerzas que me quedaban, gateé a toda velocidad hasta ella, descubriendo en su mano derecha mi wakizashi lleno de sangre, así como en sus ropas. Al apartar con lágrimas en los ojos su pelo de la cara, descubrí su boca manchada de sangre y goteando. Ella simplemente me devolvió una mirada de cariño, intentando sonreírme como lo hacía antaño y acarició mi cara en la mejilla con su zurda. Su caricia fue lo último que recuerdo de aquel fatídico día pues Raze había descubierto que Lena, en un acto desesperado por proteger lo que sabía que Raze más quería, se había cortado la lengua para no poder decírselo jamás. Jamás volvería a emitir un sonido si eso significaba que padre perdiera. Y con un último golpe en mi sien, todo se fundió en negro.

Pasaron días para despertar y recordar lo sucedido. Al ver a mi madre, solo me inundaba la rabia por el ansia de mi padre de conseguir lo que quería por encima de todo y, quizás en la mente de un niño las asociaciones eran más lógicas. Un pirata que hacía cualquier cosa, incluso maltratar a sus seres queridos por lograr su objetivo. Un pirata era una mala persona. Y esa asociación de conceptos llevó a un joven Viktor a entrenar y prometer que sería cazador de piratas y libraría al mundo de aquellos que fueran como su padre.


Vuelta al presente

— ¿Un qué? — pregunté internamente, atónico mirando a mi jefe, quien había destruido a la sichibukai en un suspiro, mandando un mensaje que yo mismo grababa para su gente y después llamaba al vicealmirante Nanashi para solicitar mi inclusión en el sistema de Sichibukais — Un depredador. —  respondió el lobo en mi cabeza, causando inmediatamente que sonriera. — Sí… un depredador. — respondí yo. Si eso se hiciera realidad, pasaría a formar parte de un grupo hecho por y para controlar a los piratas de manera pagada. Se acabaron las recompensas, los carteles en tablones y las investigaciones. Sería un cazador a otro nivel y tendría vía libre para hacer cuanto fuera necesario por una presa. Era, definitivamente un trato que nos iba como anillo al dedo. Sohem ganaría un puesto importante como mano derecha y yo, el campo abierto para cazar… Finalmente devolví la mirada a Sohem, tras su codazo para asentir con una mirada decidida. — Un sichibukai... — repiqué, aceptando su idea con agrado, para finalmente acompañar su risa con la mía.

Ahora, solo había que seguir las instrucciones y comenzar a organizar nuestra nueva residencia.

Sohem tenía razón. Íbamos a cambiar el mundo. Para siempre.

Resumen
Haki
Bélico
Gastos
Inventario
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6658 + 156 = 6814
Energia: 4635 + 195 = 4830
Espiritu: 1246 + 128 = 1374


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO LOCAL - MAGNA] - El camino a ser el más fuerte del mundo - por Viktor - 11-10-2025, 06:24 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)