Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto
#6
Día 19 de Otoño.
Año 16.
Flashback, un día antes.

La noche anterior había sido de esas que uno recuerda con gusto. Todos sentados frente al barco, compartiendo la última cena antes de entregarlo al comprador. El aire olía a madera vieja, a sal, y a ese tipo de nostalgia que se pega en los huesos cuando algo está por cambiar. Tenía el mapa extendido frente a mí, iluminado por la tenue luz de una linterna. María Merlot, o MM, como le decíamos, se inclinaba para mirar mientras yo señalaba los puntos de nuestra próxima ruta.

—Mira, aquí— Le dije, tocando con el dedo una pequeña isla entre las olas azules dibujadas. —Este es el Reino de Samba, tienen una cultura muy fiestera. Estuve de paso por allí hace algunos años. Antes de que tu nacieras probablemente— Ella sonrió, curiosa. Luego, con la misma calma, moví mi dedo hacia otro punto a mitad del trayecto. —Y aquí está el Reino Torino. Sus habitantes son por alguna razón, redondos como un coco.—

Día 20 de Otoño.
Año 16.
Actualidad.

Me encontraba a bordo de un crucero de lujo con más comodidades de las que había visto en toda mi vida. Y, sinceramente, se sentía bien. Después de tantos meses durmiendo en cubierta, tapado con velas de repuesto y escuchando el crujido del casco como canción de cuna, aquello era el paraíso. No tenía que preocuparme por los vientos ni por las mareas; otro pobre diablo lo haría por mí. Podía, por primera vez en años, ser solo un pasajero. Nada de brújulas, nada de cartas náuticas. Solo el sonido del mar y la promesa de un viaje tranquilo. Me acomodé en mi habitación, una hecha especialmente para mi tamaño, lo cual se agradece cuando mides más que la mayoría de los camarotes, y sonreí al ver todo lo que me habían dejado.

Toallones del tamaño de una vela, shampoo con olor a coco, una bata que parecía una carpa y, lo mejor de todo, camisas hawaianas de mi talla. Varias. Nunca pensé que un trozo de tela con flores me haría tan feliz, pero después de semanas buscando en Isla Karate algo que no me quedara como un top, aquello era gloria. Me di una ducha que habría avergonzado a una cascada, dejando que el agua caliente me despejara los músculos. Salí envuelto en vapor, me puse una de las camisas , fondo azul, flores naranjas, perfecta, y me miré en el espejo con una sonrisa de orgullo. “Esto sí es vida”, pensé, justo antes de que mi estómago gruñera como recordatorio de que la verdadera felicidad aún dependía del menú del día.

Apenas salí de la habitación, la calma se fue al carajo. Mis compañeros ya habían bajado hacia la cubierta central y yo los seguí mientras me zampaba una bandeja entera de margaritas. Los vasos eran del tamaño que usaría un humano, así que me serví como correspondía: veinte seguidos. El guía del crucero, un tipo de voz nasal que se presentó como representante de “Cacao Tours”, estaba dando su discurso sobre seguridad y actividades, pero mi atención duró exactamente diez segundos… hasta que las vi. Un grupo de mujeres bailando el hula hula, con faldas de hojas y collares de flores, moviéndose al ritmo de una música que olía a verano.

No lo pensé dos veces. Dejé al pobre guía hablando solo y me acerqué con pasos largos y torpes. Las mujeres me miraron con sorpresa primero, y luego con esas risitas que uno reconoce como “vale, dejemos que se una el gigante”. Me hicieron espacio, y yo, encantado, me metí en la rueda. Los movimientos me salieron torpes al principio, pero luego el ritmo me atrapó. Giré los hombros, sonreí, y sentí que por fin el viaje había comenzado.


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RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - por Thrym - 11-10-2025, 10:53 PM

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