12-10-2025, 05:38 AM
No es lo mismo llamar al diablo que verlo venir. Luego de curar sentí una presión en mi pecho gigantesca, yo no puedo seguir debiendo a esta señora, en cualquier momento va a querer cobrarse todo de golpe y eso no es nada bueno. Tragué saliva con dificultad, nervioso, ella no es como otros dueños que he tenido, con diferencia ella es la peor de todas, no tiene sentimientos, no flaquea, no se despeina. Aquí adentro se siente como si ella fuera un ser omnipresente.
Mis propias manos van a mi cuello, siento que a mi cuello le cuesta respirar, el aire no pasa bien. Con mi altura me siento en un pozo donde la luz que te dice que saliste se vé como una estrella única en el cielo infinito. Un trance efímero que se vió cortado por la voz débil. ¿Ya despertó? ¿Tan pronto? Me volteó al darme cuenta de su mirada que me busca, pero no estoy seguro de si es a mi a quien ve o si es una alucinación que está teniendo por consecuencia del dolor.
Me arrodillo al lado de la cama y veo con atención tu herida, no parece que fuera a ocurrir absolutamente nada. No, no está alucinando, me está hablando, está en contexto. Es muy fuerte, no es broma, si está resistiendo quiere decir que ya ha estado en situaciones así. No dudo y de inmediato le quitó la ropa. Están manchadas de sangre y vas a ensuciar mi cama, mira si supieras lo cara que está para mi ni te atreverías a dejar que la sangre saliera de tu cuerpo. —Eres muy amable en pensar en mi cuando estas en cama. Tranquilizate, — Estoy preocupado por ti, te estás esforzando con insistencia y agarro tu mano antes de que hagas algo estupido como querer quitar tu benda.
—Si, bueno, cuando no puedes hablar por una puñalada no puedes expresar eso. Yo decidí ayudarte sin importar que fueras a pagar o no. ¿Oyeme querías quedarte allí tirando de sangre por todo el piso?— Confrontado mi idea contra ti. No te conozco lo suficiente, pero pienso que necesitabas ayuda y yo lo hice, solo actué. Si realmente estas dispuesto a pagarme, ya se verá. —Las decisiones que tomamos en la vida no son importantes. Tienes que relajarte. No te muevas por favor. Necesito que descanses para que puedas recuperarte.—
Me alejo y busco un incienso en específico. Los guardaba por si en algún momento realmente quería compartir una noche romántica con alguien. Tocaba usarla ahora mismo pero al querer regresar a ti veo que parece que estás revisando todo. Sentí como que me endeudé por un idiota. Arrojé el incienso y el yesquero al suelo junto a la cama y te agarré la mano nuevamente. —Que necio eres. Deja de tocarte la herida.— No dude ni un instante y le toqué justamente donde le cosieron. Mis dedos son gruesos, tersos, firmes, presiono, pero no exactamente sobre la herida pues bien que se que te acaban de cocer, no se del tema pero no soy idiota. Mi mano es grande y te agarra donde tienes la herida y presionar hasta que te vea ser sometido a mi voluntad y mi deseo es que estés quieto.
—¿Vas a cooperar o no? Porque esto para mi es un placer.— A estas alturas no es de sorprenderse que he tenido que hacer todo tipo de prácticas. Se que todos tenemos umbrales del dolor y cuando estamos frágiles por mucho que luchemos solo vamos ser peces fuera del agua y nos retorcemos sin tener adonde ir. —No te escucho. Tienes que decirme: Si papi, estaré tranquilo, hasta que no lo digas no te dejaré tranquilo.—
Entre demasiado en papel y cuando pienso que te veo insistir mis manos te agarran y solo hacen la fuerza suficiente para que no puedas huir de mi. —No. hasta que me digas quien es tu Papi.— Las muñecas de mi invitado están sobre su cabeza y no se las agarré porque si me descuido seguro escaparía y con la derecha, la más diestra le sigo presionando la herida. Hasta me tuve que poner de pie y casi que estar sobre ti. Que bueno que soy más grande y que soy más pesado, porque bien que eres alguien muy difícil de sobrellevar. La sensacion del contro, del dominar a otro es algo que puede ser facilmente una adicción y el tenerlo en mis alcoba, en mi cama, tan fragil, quiero ver si este se dobla o quiebra ya.
Mis propias manos van a mi cuello, siento que a mi cuello le cuesta respirar, el aire no pasa bien. Con mi altura me siento en un pozo donde la luz que te dice que saliste se vé como una estrella única en el cielo infinito. Un trance efímero que se vió cortado por la voz débil. ¿Ya despertó? ¿Tan pronto? Me volteó al darme cuenta de su mirada que me busca, pero no estoy seguro de si es a mi a quien ve o si es una alucinación que está teniendo por consecuencia del dolor.
Me arrodillo al lado de la cama y veo con atención tu herida, no parece que fuera a ocurrir absolutamente nada. No, no está alucinando, me está hablando, está en contexto. Es muy fuerte, no es broma, si está resistiendo quiere decir que ya ha estado en situaciones así. No dudo y de inmediato le quitó la ropa. Están manchadas de sangre y vas a ensuciar mi cama, mira si supieras lo cara que está para mi ni te atreverías a dejar que la sangre saliera de tu cuerpo. —Eres muy amable en pensar en mi cuando estas en cama. Tranquilizate, — Estoy preocupado por ti, te estás esforzando con insistencia y agarro tu mano antes de que hagas algo estupido como querer quitar tu benda.
—Si, bueno, cuando no puedes hablar por una puñalada no puedes expresar eso. Yo decidí ayudarte sin importar que fueras a pagar o no. ¿Oyeme querías quedarte allí tirando de sangre por todo el piso?— Confrontado mi idea contra ti. No te conozco lo suficiente, pero pienso que necesitabas ayuda y yo lo hice, solo actué. Si realmente estas dispuesto a pagarme, ya se verá. —Las decisiones que tomamos en la vida no son importantes. Tienes que relajarte. No te muevas por favor. Necesito que descanses para que puedas recuperarte.—
Me alejo y busco un incienso en específico. Los guardaba por si en algún momento realmente quería compartir una noche romántica con alguien. Tocaba usarla ahora mismo pero al querer regresar a ti veo que parece que estás revisando todo. Sentí como que me endeudé por un idiota. Arrojé el incienso y el yesquero al suelo junto a la cama y te agarré la mano nuevamente. —Que necio eres. Deja de tocarte la herida.— No dude ni un instante y le toqué justamente donde le cosieron. Mis dedos son gruesos, tersos, firmes, presiono, pero no exactamente sobre la herida pues bien que se que te acaban de cocer, no se del tema pero no soy idiota. Mi mano es grande y te agarra donde tienes la herida y presionar hasta que te vea ser sometido a mi voluntad y mi deseo es que estés quieto.
—¿Vas a cooperar o no? Porque esto para mi es un placer.— A estas alturas no es de sorprenderse que he tenido que hacer todo tipo de prácticas. Se que todos tenemos umbrales del dolor y cuando estamos frágiles por mucho que luchemos solo vamos ser peces fuera del agua y nos retorcemos sin tener adonde ir. —No te escucho. Tienes que decirme: Si papi, estaré tranquilo, hasta que no lo digas no te dejaré tranquilo.—
Entre demasiado en papel y cuando pienso que te veo insistir mis manos te agarran y solo hacen la fuerza suficiente para que no puedas huir de mi. —No. hasta que me digas quien es tu Papi.— Las muñecas de mi invitado están sobre su cabeza y no se las agarré porque si me descuido seguro escaparía y con la derecha, la más diestra le sigo presionando la herida. Hasta me tuve que poner de pie y casi que estar sobre ti. Que bueno que soy más grande y que soy más pesado, porque bien que eres alguien muy difícil de sobrellevar. La sensacion del contro, del dominar a otro es algo que puede ser facilmente una adicción y el tenerlo en mis alcoba, en mi cama, tan fragil, quiero ver si este se dobla o quiebra ya.
