Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.]
#1
[Isla del Kárate,
día 23 de otoño,
año 16]

El aire cálido del amanecer aún conservaba el aroma del incienso quemado en los templos durante la noche. La Isla del Kárate despertaba poco a poco, a un ritmo aparentemente menos frenético que el de Roshwan. Pese a que ya amanecía, apenas se podía ver a nadie por los puertos; la isla se tomaba las cosas con calma, desperezándose tranquilamente antes de comenzar su día. A lo lejos, se podían oír los tambores taiko de los templos despertando a sus habitantes. El muelle, cubierto de humedad, relucía como un espejo, solo interrumpido por las huellas oscuras de quienes caminaban sobre su superficie. De las casas cercanas empezaba a emanar el olor de arroz cocido y sopa, la base de comidas como el desayuno.

El palo mayor del Royal Quiver chasqueaba con el estandarte azul de la Marina, rígido ante la brisa del sureste, que a su vez disipaba la densa niebla que se había formado durante la noche, fruto de la enorme humedad. Mientras los demás dormían, Stroud Redgrave salió a cubierta, desperezándose y deseando haberse traído un barril de café desde Roshwan. Tal vez no fuese mala idea agenciarse un poco antes de partir, ya que, de todas formas, era buena idea reponer provisiones. Permaneció allí durante algunos minutos, dejando que el aire frío del amanecer lo despertase del todo, sus manos ceñidas a la barandilla. Comprobó que un par de cabos críticos siguiesen firmes, en su sitio, extendió el tablón de madera y bajó al puerto.

Aún eran pocas las tiendas que habían abierto, pero las del puerto eran siempre las primeras. En cualquier isla con cierto bullicio, el puerto era siempre la zona más atractiva para un comerciante: era donde surgían las necesidades de última y de primera hora, donde los marineros llegaban a horas intempestivas, donde nuevos navíos repletos de necesidades que cubrir llegaban en cualquier momento. Stroud extrajo del bolsillo delantero de su camisa una pequeña lista, lisa y perfectamente doblada, como hacía él las cosas, y la recorrió de arriba a abajo. No era demasiado larga, pero más les valía tener provisiones de sobra a bordo, por si la travesía se alargaba inesperadamente, o por si no podían comprar algunas cosas antes de partir de Samba. Previsión, previsión, previsión.

Al cabo de un par de horas, junto al Royal Quiver se acumulaba toda la compra de Stroud: un pequeño contenedor de aceite para lámparas, un pequeño cargamento de sal marina, tres barriles de agua dulce, dos barriles completos de raciones navales, llenos de galletas duras, carne salada, pan de centeno y frutas deshidratadas, y, finalmente, un saquito de café. En aquella isla, conseguir todo aquello a buen precio resultaba infinitamente más sencillo que en Roshwan, comprensible dada la abundancia de recursos como aquellos. De dos en dos, Stroud fue cargando todos los barriles, debidamente marcados con el sello de la Marina, en el Royal Quiver. Moja llegaría de un momento a otro, y debían estar preparados para partir lo antes posible.

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Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - por Stroud Nanashi - 12-10-2025, 10:12 AM

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