Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.]
#3
Kibai abrió los ojos al notar los primeros rayos del sol sobre su rostro. Aunque la niebla había colaborado a que la noche fuese relativamente fresca, a comparación con Roshwan era un auténtico placer el pasar la noche al aire libre. Tumbado cuan largo era sobre el bauprés del Royal Quiver, la marea matutina mecía suvemente la nave, mientras un cielo que ya estaba acabando de despejarse y una suave brisa de Levante parecía animar a la División 84 a partir. Poniéndose en pie de un salto, el mink se apresuró a trepar por el cabo que unia el foque al bauprés para llegar hasta la altura de la vela y contempló el horizonte.

El cielo se mantenía en un perfecto azul, sin asomo alguno de nubes hasta dónde alcanzase la vista, con las aguas cercanas a la isla agitándose pausadamente, reflejando la luz del sol en brillantes tonos verdosos. A su espalda, los últimos jirones de niebla parecían intentar agarrarse cerca de la montaña, pero durarían poco tiempo más.

"Un día perfecto para zarpar" se dijo Kibai, mientras se quitaba la capa y la camisa, hacía un pequeño hatillo con ellas ayudándose del cinturón al que ataba a Raimei y lo dejaba caer a cubierta, varios metros más abajo. Casi al mismo tiempo que el improvisado bulto golpeaba las tablas de madera, el mink se lanzó de un salto  hacia el agua desde lo alto del mastil, cayendo como una flecha contra el agua.

El impacto fue prácticamente mínimo dado el gran movimiento del agua cerca de la nave, y la visibilidad bajo ella era perfecta. Kibai buceó varios metros hacia el fondo, tratando de maximizar el uso del oxígeno con cada brazada. No se quitaba de la cabeza su conversación con el sargento Stroud, hacía ya varios días. Si por algún casual él, u otro compañero que hubiese consumido algún tipo de Akuma no Mi caían al agua, daría igual que fuesen soldados rasos o el mismísimo Almirante de la Flota, se hundirían irremediablemente hasta el fondo, sin posibilidad de salvarse por ellos mismos.

"Por suerte, no a todos los gatos nos disgusta el agua" pensó Kibai mientras se quedaba quieto viendo a un banco de peces de reluciente color plateado pasando por su lado. Con una idea repentina iluminándole la cabeza, subió a la superficie a coger aire, trepó a cubierta y agarró una de las redes que mantenían unidas las caja de suministros.

Provisto de su nuevo equipo, Kibai saltó de nuevo al agua, antes de volver a zambullirse bajo la nave de nuevo con una vigorosa patada. Una vez estuvo a cierta profundidad, extendió la red ayudándose de su cola, y esperó con los ojos semicerrados, tratando de controlar la presión que comenzaba a crecer en su pecho. Cuando creía que ya no iba a aguantar más, su paciencia se vio recompensada cuando un banco de los mismos peces plateados nadó por delante de él. Agitando vigorosamente su cola, Kibai lanzó la red. Aunque la mayoría de peces se apartaron y consiguieron huir, uno de ellos no tuvo tanta suerte y se quedó enredado en los cordajes. Sintiendo que el pecho le iba a explotar, Kibai se apresuró a subir hacia la ya más intensa luz matinal que brillaba sobre su cabeza.

Al romper la superfice del agua, tomó una intensa bocanada de aire y tosió varias veces, reprendiéndose mentalmente por haber esperado tanto. SIn embargo los coletazos que sentía contra su pierna pronto alejaron aquellos pensamientos de su cabeza. Sujetando firmemente la red, nadó hasta la escalera de madera del muelle y subió hasta tocar suelo firme. Sacudiéndose la cabeza vigorosamente, Kibai localizó al Sargento Redgrave, ya de pie sobre cubierta y le hizo un gesto con la mano señalando su captura.

"Buenos días señor! Le apetece un pescadito para desayunar?"

Sin embargo, cuando se disponía a subir a bordo, sus bigotes se agitaron al captar un olor muy distinto al resto, pero aún así, tremendamente familiar. Un aroma que hacía mucho que su olfato no captaba, uno muy parecido al suyo propio. Girándose sobre sus talones, Kibai vio a un otro mink, una pantera, de pelaje completamente oscuro, vistiendo con ropa de la Marina, que se acercaba a su dirección sosteniendo una capa y una mochila de lona.

"Vaya, vaya," dijo Kibai cuando el otro felino se detuvo frente al Royal Quiver. "Esto si que no me lo esperaba para nada. ¿Eres el último integrante de la 84, no? Nunca hubiese pensado que fuésemos a ser dos. Desde luego esto hace el ciaje mucho más interesante..."

Kibai cambió la red a su mano izquierda y se sacudió una vez más para acabar de liberarse de las gotas de agua que seguían adheridas a su pelaje.

"Pero dónde están mis modales? Soy Kibai, es un placer. Tienes hambre? Acabo de pescar el desayuno. No es mucho, pero al menos es fresco, lo echaremos de menos dentro de unos cuantos días si no nos cruzamos a más peces..."
[Imagen: gvCFAP2.png]


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RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - por Kibai - 12-10-2025, 12:43 PM

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