12-10-2025, 10:26 PM
Juan Plata es conocido en su isla natal por haber sido el mejor especialista en armas de asta de su historia. Su isla natal es muy pequeña y tiene como 30 habitantes, ninguno de ellos especialista en nada que tenga que ver con el combate, pero eso no le quita el mérito. Conoció a Jaime Halcón una tarde de verano, cuando un barco mercante llegó a la isla y uno de los mozos del mismo le propuso hacerse con el navío y buscar riqueza más allá de la humildad y los trabajos a ultramar. Le propuso piratería. Ambos se jugaron la capitanía a un juego de piedra, papel o tijera y Jaime tuvo la desgracia de escoger papel cuando Juan escogió tijeras. Desde entonces, ambos se convirtieron en pequeñas amenazas para mercaderes y gentes de bien sin demasiada capacidad para defenderse. Podría decirse incluso que se hicieron medianamente fuertes, pero cuando la pierna de Berry impactó contra su cintura quedó patente que no se habían hecho tan fuertes como creían. La patada le hizo soltar un grito de dolor, pero este dolor no fue suficiente como para nublar sus sentidos. La muchacha había desaparecido ante sus ojos y había reaparecido delante suya antes siquiera de que pudiera responder. Se había parado, eso sí, para gritar el nombre de su ataque. Había conocido en vida a majaderos así. Gente que era incapaz de hacer cosas si no les ponía nombre antes. ¡Imagínate qué vida de pirata! Yendo por la vida gritándole a los campesinos: ¡Robar! antes de rajarles la garganta. Juan el Plata no hacía las cosas así.
En cuanto sintió la pierna de la muchacha hundida en sus costillas, proyectó su fiel lanza hacia delante, buscando herirla en cualquier sitio. Y encontró objetivo, vaya si lo encontró, pero a qué precio. Mientras su lanza se clavaba en el costillar de la muchacha, otra patada cruzó su cara al grito de un nombre inventado que no le decía nada más que se enfrentaba a una majareta. Un hilo de sangre salía por la comisura de los labios del bravo capitán mientras su contramaestre se movía incómodo fuera del terreno de combate. ¿Debería entrar a asistirle o debería dejar que el combate se desarrollase un poco más? Si el capitán quería que Jaime le asistiese, no daba señales de ello. Por el contrario, sonreía animado por la contienda. Hacía años que nadie le desafiaba así. Años que no se encontraba con alguien tan fuerte. -Con esa velocidad que gastas no esperes que sea yo el que te persiga, mocosa. ¡Pero ven a por mí si te atreves, pues yo también tengo mis ases bajo la manga! -Si era un farol o no, no estaba claro, pero el capitán adoptó una postura estática. Ambas piernas semiflexionadas le daban una cierta estabilidad mientras que su mano derecha se extendía hacia delante, sujetando la lanza en posición defensiva con los dedos índice, pulgar y corazón y la mano izquierda apuntando con su palma hacia Berry.
En cuanto sintió la pierna de la muchacha hundida en sus costillas, proyectó su fiel lanza hacia delante, buscando herirla en cualquier sitio. Y encontró objetivo, vaya si lo encontró, pero a qué precio. Mientras su lanza se clavaba en el costillar de la muchacha, otra patada cruzó su cara al grito de un nombre inventado que no le decía nada más que se enfrentaba a una majareta. Un hilo de sangre salía por la comisura de los labios del bravo capitán mientras su contramaestre se movía incómodo fuera del terreno de combate. ¿Debería entrar a asistirle o debería dejar que el combate se desarrollase un poco más? Si el capitán quería que Jaime le asistiese, no daba señales de ello. Por el contrario, sonreía animado por la contienda. Hacía años que nadie le desafiaba así. Años que no se encontraba con alguien tan fuerte. -Con esa velocidad que gastas no esperes que sea yo el que te persiga, mocosa. ¡Pero ven a por mí si te atreves, pues yo también tengo mis ases bajo la manga! -Si era un farol o no, no estaba claro, pero el capitán adoptó una postura estática. Ambas piernas semiflexionadas le daban una cierta estabilidad mientras que su mano derecha se extendía hacia delante, sujetando la lanza en posición defensiva con los dedos índice, pulgar y corazón y la mano izquierda apuntando con su palma hacia Berry.
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