Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto
#3
Día 24 de Otoño.
Año 16.
Actualidad.

Los rayos de sol no alcanzaban donde el pelinegro se encontraba, una vez más, en su camarote. La desnudez lo acompañaba junto a una mujer que todavía se peleaba para encontrar las prendas de ropa que quedaron por el suelo después de todo el revolcón de aquella noche. Ahora se encontraba todavía medio dormido, boca abajo, con un "Mmmm..." como queja por la falta de sueño. La risita de la mujer mientras terminaba de acomodarse su sujetador lo hizo removerse un poco más en la cama, incorporando ligeramente su espalda. Su pecho se encontraba al descubierto, su rostro estaba cargado de sueño, pero nada amenazante, solo las características ojeras que ya lo acompañaban desde... Ya ni sabía cuándo, probablemente su infancia.

[Imagen: 7RLar7i.jpg]

—¿Qué hora es?

Su voz, profunda y seria, captó la atención de la mujer, quien ahora se acomodaba la camiseta, con las piernas completamente al descubierto. —No sé, quizás ya sea primera hora de la mañana. Parece que pronto llegaremos a tierra firme. — Se volteó, poniéndose boca arriba en la camita del camarote, con un brazo sobre su frente, palpando el escritorio hasta encontrar su Den-Den Mushi. Tenía que dar aviso a su jefe, pero no mientras estuviera esa mujer en su camarote. Solo contempló el objeto por algunos segundos antes de dejarlo a un lado de la cama, sentándose en ella y ahora palpando para alcanzar su cajita de metal, abriendo para contar con el sueño la cantidad de cigarrillos que le quedaban para reponer más. —¿Le espera alguien, Onizuka-san? Quizás podríamos volver a vernos y tener una cita si...

—Soy un hombre ocupado. — su falta de empatía fue brutal, suficiente para que la mujer comprendiera que no estaba siendo deseada fuera de su cama, solo lo vio encender el cigarrillo, con toda la naturalidad del mundo, antes de una sonrisa algo más vacía. —De todas formas... Llevo un local no muy lejos de aquí. Si cambia de opinión estaré encantada de recibirlo.

Lo único que recibió como respuesta esta vez fue silencio, mientras Jin finalmente sacaba las piernas de las sábanas, revelando por completo su desnudez, nada que no hubiera visto la mujer, con los kanjis de su clan tatuados tras su espalda como si fueran su propia piel, algo que había hecho su propio jefe tiempo atrás. 

[Imagen: FMVK93a.jpg]

—Vete. Tengo que hacer una llamada.

La mujer terminó de vestirse, abandonando el camerino, no sin antes lanzarle una sonrisita triste. —Hasta la próxima.

Jin inhaló el humo en sus pulmones, sacudiendo la mano despreocupadamente como despedida, ahora marcando el Den-Den Mushi, directamente a su jefe.

—Estoy por llegar a Samba. — mientras hablaba, encontró sus propios calzoncillos, poniéndoselos mientras esperaba la respuesta al otro lado del aparato.

—Ha sido rápido.

—Ha parecido una eternidad. — la confianza ahora no parecía la misma de cuando se habían visto en persona, sino mayor.

—Nuestros hombres de Samba te estarán esperando. ¿Tienes al cirujano contigo?

—Vinimos en el mismo barco, pero no hablamos de negocios. Había demasiados turistas y aparentemente un par de imbéciles que lo conocían. Hay que mantener el perfil bajo para pasar desapercibidos. ¿Lo necesitabas? Estará en su camerino, a saber. Se volvió a olvidar de mi cara.

Desde el Den-Den Mushi solo hubo un silencio, uno más largo de lo previsto. —¿Estás seguro de que merece la pena alguien que parece olvidarlo todo?

—Lo he visto trabajar, y también sus productos. No lo habría contratado si no fuera el caso. Parece que cuando se trata de trabajar no se le pasa una, pero cuando se trata de reconocer rostros es un desastre.

Tomó sus propios pantalones del suelo, escuchando ahora pasos fuera de su camerino. terminó de acomodarse el traje, calmado, paciente, pasando los dedos por su cabello para que quedara perfectamente peinado, su aspecto impecable de siempre.

—Bien, cuando te hayas reunido con los hombres avísame de nuevo. — no dio respuesta alguna, la orden ya estaba dada, solo terminó la comunicación, acomodándose la corbata frente a un espejo. Como de costumbre, impecable, sin una sola arruga en su ropa, un hábito adquirido al que se había habituado.

Salió finalmente del camerino, terminando de dar la última calada a su cigarrillo mientras ascendía escaleras arriba, donde en un inicio se había encontrado con el resto.

Se acercó a uno de los laterales, pudiendo sentir el olor del mar, escuchar el sonido de las olas de forma más clara que estando encerrando. La brisa se sentía agradable. Algo extraño, no estaba habituado a la tranquilidad, a no tener a mil ojos tras su espalda. Pero por supuesto, aquello iba a durar poco. Sus ojos pudieron ver la isla en la lejanía a medida que el barco se acercaba cada vez más y más. Pronto debería encontrarse con los hombres que lo esperaban allí, buscar a Hyákinthos y una excusa para separarlo del resto. Solo pensar ya en todo lo que debía hacer nada más bajar ya lo cansaba. Siempre parecía ser un hombre que solo se escudaba entre otros, pero siempre tenía que mover los hilos, moverse de un lado a otro, preparar que no hubiera errores y, en caso de haberlos, tenía que limpiarlos. Dejó caer su cabeza, viendo las olas, la voz saliendo de un megáfono en forma de Den-Den Mushi que anunciaba que la llegada estaba cerca. Lo único que tenía que hacer era tomar sus armas y tomar su cofre, luego encontrar a Hyákinthos y todo acabaría... Ya habían pasado unos días que se le hacían ahora demasiado cortos.
[Imagen: bTjgVIr.png]


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RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - por Onizuka Jin - 13-10-2025, 02:11 AM

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