13-10-2025, 07:44 PM
El hombre apoyo sus codos sobre la baranda del crucero. La brisa marina le despeino un poco y sus ojos dorados se perdian en ese horizonte tan intrigante como hermoso. En los altavoces se escuchaba la señal de llegada hacia su destino. El reino de Samba, se distinguía a la vista. Una extensión verde y dorada dividida en un rio inmenso hasta perderse en montañas. A sus ojos, aquella isla tenia toda la pinta de estar viva. La fuerza de la selva, la dulce caña de azúcar y el sonido de tambores incesantes. Una maravilla.
No era la primera vez que iba a pisar una nueva tierra, pero algo en esa isla le resultaba distinto. ¿Tal vez fuera la calma antes de la tormenta? Pues cada nuevo puerto siempre trae consigo peligros y experiencias por igual. Toda belleza escondía filo: Y el reino de Samba, aunque aparentemente alegre no iba a ser la excepción.
A su alrededor, el bullicio aumentó de golpe. Los pasajeros corrían de un lado a otro recogiendo equipaje, permaneció quieto. A lo lejos, visualizó rostros familiares: Onizuka Jin, impecable como siempre, siempre fumando como si fuera chimenea; Hyákinthos, recargado en la baranda, posando como modelo francés. Y por último Maria, Odeth y aquel gigante que casi usa el crucero de tabla de surf.
« ¿Que les esperaba...? »
El viento movió su dirección, invadiendoles con el aroma dulce del ron y la caña molida. Muy diferente a Kuraigana donde habitaba la soledad y olores de descuido. Enderezo su postura y ajustó la correa donde llevaba su espada. — Odeth... ¿Ya comiste? Te noto ansiosa. — Dijo, al saludarle. —Y vamos llegando — murmuró, con una media sonrisa que apenas curvó sus labios— Aquí es donde realmente todo comienza —.
El altavoz volvió a sonar, indicando que el desembarco comenzaría por la puerta de estribor. Se aparto ligeramente de la puerta, esperando que sus compañeros estuvieran listos. — Oye Thyrm... No me digas que de verdad usaras ese exótico traje de Santa. — Dijo, muy en serio. — Jin, deja de fumar tanto tus pulmones van a necesitar haki a este paso — Le arrancó el cigarro y respiro hondo. — Merlot, mantente gordita y bonita — Posteriormente tomó la mano de Odeth, aunque era mucho más grande. — Te sientes perdida, pero hallarás el camino con nuestro respaldo. Eres importante, eres necesaria. No eres una ancla, porque sé que puedes elevarnos —.
Y finalmente, abrazó a Hyak
—Buen trabajo... Me alegra coincidir contigo en esta vida —.
No era la primera vez que iba a pisar una nueva tierra, pero algo en esa isla le resultaba distinto. ¿Tal vez fuera la calma antes de la tormenta? Pues cada nuevo puerto siempre trae consigo peligros y experiencias por igual. Toda belleza escondía filo: Y el reino de Samba, aunque aparentemente alegre no iba a ser la excepción.
A su alrededor, el bullicio aumentó de golpe. Los pasajeros corrían de un lado a otro recogiendo equipaje, permaneció quieto. A lo lejos, visualizó rostros familiares: Onizuka Jin, impecable como siempre, siempre fumando como si fuera chimenea; Hyákinthos, recargado en la baranda, posando como modelo francés. Y por último Maria, Odeth y aquel gigante que casi usa el crucero de tabla de surf.
« ¿Que les esperaba...? »
El viento movió su dirección, invadiendoles con el aroma dulce del ron y la caña molida. Muy diferente a Kuraigana donde habitaba la soledad y olores de descuido. Enderezo su postura y ajustó la correa donde llevaba su espada. — Odeth... ¿Ya comiste? Te noto ansiosa. — Dijo, al saludarle. —Y vamos llegando — murmuró, con una media sonrisa que apenas curvó sus labios— Aquí es donde realmente todo comienza —.
El altavoz volvió a sonar, indicando que el desembarco comenzaría por la puerta de estribor. Se aparto ligeramente de la puerta, esperando que sus compañeros estuvieran listos. — Oye Thyrm... No me digas que de verdad usaras ese exótico traje de Santa. — Dijo, muy en serio. — Jin, deja de fumar tanto tus pulmones van a necesitar haki a este paso — Le arrancó el cigarro y respiro hondo. — Merlot, mantente gordita y bonita — Posteriormente tomó la mano de Odeth, aunque era mucho más grande. — Te sientes perdida, pero hallarás el camino con nuestro respaldo. Eres importante, eres necesaria. No eres una ancla, porque sé que puedes elevarnos —.
Y finalmente, abrazó a Hyak
—Buen trabajo... Me alegra coincidir contigo en esta vida —.
