Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto
#10
Pasos.
 
Murmullos.
 
Voces.
 
El movimiento de los pasajeros crea la sinfonía caótica del ir y venir de viajeros apresurados, ansiosos, emocionados.
 
Tantas personas, tantas caras y a ninguno lo reconoce.
 
O eso es lo que piensa hasta que alguien se le acerca con familiaridad.
 
Ahí están de nuevo esos cabellos celestes que con cada día que pasa se encargan de hacerse espacio en alguna esquina de su mente.
 
No…No es solo su cabello. Su voz, las irises del tono de un amanecer brillante, el rostro risueño. Verla de cerca le hace pensar que, poco a poco, se ha acostumbrado a su presencia etérea…si tan solo pudiera tenerla en mente por más tiempo.
 
—¿Algodón de azúcar? —Su actitud de modelo que parece posar para la cámara se esfumó en cuanto se separó de la baranda del barco y se señaló a sí mismo, confundido al escuchar un sobrenombre al que aún no se acostumbra del todo. —¿Te refieres a mí? —La chica le hablaba de frente, sin detenerse, mirándolo con una expresión que gritaba “emoción” y él…él solo la miró con curiosidad, ladeando su cabeza y escuchando con bastante atención las palabras que salían sin cesar de la boca de la peliceleste.
 
—Lo disfruté…o eso creo —. No podía decir que la había pasado mal, tampoco es que tuviera una opinión muy marcada sobre el viaje, mucho menos cuando había durado tan poco. —No fui a la piscina porque el sol ha estado muy fuerte, me hace daño…hace que mi piel se ponga roja…no me gusta cuando pasa eso —. Explicó con una voz tan tranquila como monótona. —En los restaurantes también había barra libre…pero creo que escuché personas quejarse porque la comida se acababa muy rápido…Me pregunto por qué habrá pasado eso…Se supone que es un crucero de lujo…debían prever la cantidad de pasajeros —. No es que en ese momento el pelirosa tuviera en mente al coloso pelirrojo como para hacer la sinapsis que llevaba a la explicación del “misterio” de la comida escasa.
 
Se quedó meditando la situación. La voz de la peliceleste se hizo lejana, ahora no era más que un barullo que con facilidad se confundía con el resto de las voces en el barco, hasta que…
 
“¡Yuju! … Algodón de Azúcar, aquí María Merlot, tu Preciosa Sirena.”
 
—¿Eh? —Esa “presentación” lo trajo a tierra. Su siempre nublada mente hizo conexión con la voz, con las palabras, con el nombre e incluso con la especie de la mujer que tenía frente a él. Algo en su cerebro hizo “click” al mismo tiempo que sus ojos se abrían ¿Por qué? Por impresión, por simple impresión, una que aun no comprendía, pero que significaría mucho los próximos días. Sus irises brillaron y, de pronto, a su mente vinieron escenas de un pasado no tan lejano en donde, en medio de las maderas viejas de un barco, en una “celda”, estaba sentado junto a la chica, simplemente hablando o quitándole algunas escamas brillantes de su espalda…entonces… ¿Ella es parte de esa tripulación tan dispareja?
 
—María Merlot —. Pronunció el nombre con lentitud, probando cada sílaba para, nuevamente, intentar memorizarlo…si recordó esos leves momentos en la tripulación, tal vez esta vez sí guardara en su memoria el nombre de la chica. —Mi bella sirena —. Tomó su mano con suavidad antes de plantarle un beso en el dorso de esta como si se presentara ante ella por primera vez. —Necesitaré que me hables más seguido, así tu preciosa voz permanecerá más tiempo en mi mente.
 
Alguien más se acercó también, de hecho, sin que se diera cuenta, pronto se vio rodeado de personas cuyo rostro tampoco recordaba pero que se comportaban con una familiaridad que lo hizo enseguida entender de quienes podía tratarse.
 
Fue en el muchacho moreno quien se fijó primero. Algo en él, en su voz, empieza también a resultarle tan familiar como con María y, ahí aparece de nuevo esa misma sensación, ese cosquilleo en su cerebro que hace que la densa niebla mental se desvanezca para dar paso a memorias recientes, cotidianas, cosas que no suele conservar por demasiado tiempo en su cabeza.
 
Un escalofrío lo recorre, más aún cuando las palabras del castaño se dirigen a la semi sirena a su lado… ¿Gordita? Él no la veía muy gorda, de hecho, le parecía que así estaba perfecta…Tal vez debía considerar hacer un expediente médico para cada miembro de la tripulación, así estaría más seguro de lo que iba a decir ahora.
 
—Merlot es bonita, pero no es gordita…tal vez necesite lentes…eh… ¿Capitán? —¿Cómo más llamarlo? A diferencia de la peliceleste, el nombre del chico no había sido pronunciado recientemente, por lo que brillaría por su ausencia en su memoria, aunque…tal vez la contextura de Merlot sería lo menos preocupante de todo.
 
Ahí estaba un sujeto de cabellos negros con aura intimidante. ¿Su nombre? Ni idea. ¿Lo conocía? Pues…no podía decirlo con exactitud. ¿Era parte de la tripulación? Estaba cerca, así que era probable, pero… ¿Por qué la necesidad de reaccionar tan arisco por un simple consejo? Y…un momento… ¿Había dicho su nombre?
 
—Onizuka entonces… ¿De dónde dice que me conoce? —Por inercia su mano se movió a su muñeca para apretarlo con fuerza, aunque…algo tarde, eso no le impidió al pelinegro apagar el cigarrillo en el cenicero que colocó sobre las manos del más chico, pero al menos le permitió alejar la mano del otro muchacho…de todos modos, dudaba mucho que llevara sus acciones más allá de eso. —Él tiene razón…Debo apoyarlo, el humo del cigarrillo daña los pulmones…también otros órganos…es un desperdicio y más si expone a otros a lo mismo…solo expande su cáncer —. Su voz seguía siendo monótona, aunque en su mirada había un dejo de seriedad… ¡Ah! Cómo detestaba a las personas con problemas de salud, son pésimos productos…aunque, bien por el pelinegro, ese mal hábito suyo lo salvaba de su bisturí, aunque no de un cáncer.
 
Notó que el pelinegro se alejó un poco y, en ese momento de distracción, el pelirosa sintió que unos brazos lo rodearon... ¿Qué? ¿Por qué?
 
No estaba acostumbrado a ese tipo de afecto, no tan directo, alguien como él no debe crear lazos, no debe…pero…entonces… ¿Por qué reaccionaba? Sus brazos respondieron con lentitud antes de corresponder al abrazo, no con un abrazo tan efusivo, pero si dándole un par de palmaditas en la cabeza al de pelo castaño.
 
—¿Gracias? —La confusión se instauró en su rostro al punto de morderse el interior de la boca para procesar las palabras. —Pero no lo entiendo… ¿Cómo te puede alegrar coincidir con alguien como…yo? —Estaba seguro de que si viajaban juntos entonces el chico conocía sus malas mañas.
 
Se separó y esperó una respuesta del más chico, aunque casi al instante el pelinegro volvía a aparecer, de nuevo pronunciando su nombre en una clara señal de que ya se conocían.
 
—Onizuka —. Antes de voltearse escuchó la voz del hombre contra su oído… ¿Quién lo contrató? —¡Oh! Onizuka Jin…—Se giró para verlo de frente, solo para intentar que algo de su rostro se quedara grabado en su memoria esta vez, aunque…fuera del trabajo, lo dudaba mucho. —Mil disculpas…si tan solo hubiera empezado por ahí esto habría sido más rápido y… ¿Quién se supone que nos espera?
 
El barco ancló, los pasajeros empezaron a bajar en orden, pronto sería el turno de ellos y las dudas empezaron a carcomer su cerebro…no era solo quién lo esperaba…si no ¿Qué le esperaba? A él…a todos.


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RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - por Hyákinthos - 14-10-2025, 04:39 AM

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