Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto
#11
El puerto del Reino de Samba olía a una mezcla deliciosa entre sal marina, frutas dulces y madera húmeda recién descargada. El sol del mediodía pegaba fuerte, y mientras mis compañeros bajaban del crucero con paso ligero, yo venía un poco más atrás, avanzando con calma, con tres cofres grandes atados entre sí y colgando de mi hombro como si fueran bolsas de pan. A cada paso, las cuerdas crujían, y la madera chocaba contra mi espalda, pero sinceramente no me molestaba. Había cargado cosas más pesadas en mis años como pescador, y al menos ahora sabía que lo que traía eran pertenencias… no redes llenas de pescado podrido.

Cuando por fin los alcancé, carraspeé fuerte para llamar la atención, y me agaché lo suficiente para que mi cara, que según me han dicho ya de por sí tapa media vista, quedara justo entre ellos y el sol. La sombra me dio la excusa perfecta para sonreírles. —Si alguien necesita que le lleve algo más, díganmelo ahora antes de que me arrepienta— Dije en tono tranquilo, con esa voz grave que suele hacer vibrar el suelo más que el aire. Dejé escapar una pequeña risa y me enderecé otra vez, haciendo rechinar las cuerdas de los cofres. —Deberíamos ir pensando dónde pasar la noche. No me gustaría tener que dormir a la intemperie con todo este equipaje a cuestas…—

Acomodé los cofres en el suelo, uno al lado del otro, levantando un poco de polvo. Mientras todos se maravillaban por las vistas y el ambiente festivo, yo me tomé un momento para rebuscar en el bolsillo de mi pantalón. —Ah, cierto, casi me olvido del pequeño…— Murmuré, y con cuidado saqué de allí una criatura que se removía ligeramente entre mis dedos.

El animalito abrió los ojos y soltó un sonoro “meeeh”, casi como si protestara. Era el komashika que me había ganado en el casino del crucero, un ciervo bastante grande, que en mi mano era diminuto, con una melena roja que asemejaba al fuego y unos cuernos bastante grandes. Los empleados me habían dicho que venía de un país llamado Wano, uno de esos lugares de los que solo oí hablar en mis días de navegante. Un sitio cerrado, misterioso y, al parecer, también de animales raros como este.

—Tengo pensado venderlo a un buen precio, un animal asi de raro nos podria dar muchas ganancias— DIje en voz alta, mientras lo colocaba en el suelo. El komashika me miró, movió la cola, y se quedó quieto… al menos por tres segundos, antes de intentar mordisquear mi bota. 

Miré hacia MM, que ya venía con esa energía suya de “yo me encargo de todo”. —MM, te lo dejo a ti.— Le hice una seña para que se acercara. —Yo no tengo ni idea de cómo cuidar a una cosa así, y si lo llevo conmigo seguro lo piso sin querer. Dale agua, comida… o de tus pepinos, esos que tanto te gustan.—

Me acomodé los pantalones, respiré profundo y observé el puerto una vez más. El sol brillaba sobre el mar, los colores del Reino de Samba eran tan vivos que dolía mirarlos: toldos rojos, paredes amarillas, frutas naranjas y música saliendo de todos lados. No podía negar que el lugar tenía vida. —Bueno, muchachos— Dije finalmente, girándome hacia el grupo —Si nadie más se ofrece voluntario, voy a cargar lo que quede y buscar una posada antes de que anochezca. Y si de paso encontramos algo de comer que no venga del mar, todavía mejor.— Di un paso al frente, los cofres a la espalda, el sol reflejándose en mi camisa hawaiana y el pequeño komashika olfateando los talones de MM. El viaje había terminado, pero el verdadero descanso apenas estaba por empezar.


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RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - por Thrym - 14-10-2025, 09:02 AM

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