Los buenos vinos | Pasado | Jerome
#2
El sol me había despertado con su maldito calor, clavándome sus dedos ardientes en el lomo como si quisiera probar cuánto podía resistir antes de gruñir y lo hizo, claro que lo hizo. —¡Grrrrrrr! ¡Auuuuuh!— gruñí, sacudiendo el polvo de mi melena como si el aire mismo me estuviera retando. Había llegado a esta dichosa Isla Organ sin mapa, sin rumbo y sin maldita idea de cómo, un pescador me había dicho que aquí se hacía el mejor vino del South Blue y bueno, ¿qué guerrero se respeta si no conoce el sabor del vino de sus viajes? Magagagagaga.
 
Caminaba por las calles empedradas como un lobo entre ovejas. Mi cuerpo, negro y brillante bajo el sol, destacaba entre tanto humano pálido que olía a uva fermentada y rutina. El aire era dulce, con notas de barril viejo y madera húmeda. Podía oler el trabajo de generaciones destilado en cada botella y, por todos los mares, aquello me hizo sonreír. Había algo de combate en el vino, paciencia, fuego, tiempo, tres cosas que pocos dominan.
 
Pero mi estómago rugía más fuerte que mis pensamientos. Me acerqué a una vinatería que exhalaba el perfume denso del mosto, y justo ahí lo vi, un tipo alto como un árbol, vestido como monje pero con una espada que gritaba guerra en silencio. Su postura tranquila, sus manos ocultas, su mirada serena. Bah, esas miradas suelen esconder un infierno dentro. Mi hocico se movió por instinto; su olor era limpio, pero tenía el regusto metálico de quien ha probado sangre y sobrevivido para contarlo.
 
—Vaya, vaya—murmuré, arrimándome a la barra y tomando sin permiso una copa que algún ingenuo había dejado servida —Este vino sabe a historia vieja y a huesos molidos, no está mal. —Di un trago largo, dejando que el líquido rojo manchara mis colmillos —¡Pero le falta espíritu! ¡Le falta pelea! ¡Magagagagaga!—
 
Algunos clientes se sobresaltaron; otros fingieron no verme. Yo, en cambio, clavé mis ojos ámbar en el del yukata rojo. Había algo en su calma que me irritaba y me intrigaba al mismo tiempo, un hombre así no pasea con una espada tan grande si no espera usarla algún día.
 
—Tú, el de la mirada serena —dije, avanzando un paso, el suelo crujiendo bajo mis garras —Dicen que el vino de esta isla puede despertar hasta a los muertos ¿Qué te parece si comprobamos si también puede calmar a los vivos? —Incliné la cabeza, una sonrisa torcida rasgándome el rostro —Brindemos por el día o rompámoslo en pedazos, lo que venga primero. ¡Magagagagaga! — El viento del valle me aulló de vuelta. Y yo, cómo no, le respondí con un rugido.
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Mensajes en este tema
Los buenos vinos | Pasado | Jerome - por Dharma - 13-10-2025, 11:00 PM
RE: Los buenos vinos | Pasado | Jerome - por Jerome Caonabo - 14-10-2025, 03:34 PM
RE: Los buenos vinos | Pasado | Jerome - por Dharma - 14-10-2025, 10:48 PM

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