14-10-2025, 10:48 PM
Como el caos cortando el silencio, había murmullos, había gente hablando, vendedores intentando persuadir a cualquier cliente potencial. Sin embargo, algo creaba una distinción diferente. Dharma podía escuchar una voz y más que eso un tipo de respiración un tanto diferente, conforme se acercaba, el monje tomaba sutilmente de la pequeña copa que le habían dado a degustar, teniendo cuidado con el líquido que le presentaban, saboreándolo antes de beberlo. Si bien el oriundo de Wano no era un experto catador de vinos, tenía cierto gusto por disfrutar de las cosas sin llegar al exceso. Eso era parte de la filosofía que había generado a lo largo de los años y lo definía en mucha de las situaciones de la vida.
Casi instintivamente el pelinegro acomodo sus músculos, los de la espalda y hombros con un ligero movimiento de estos, como si fuera un calentamiento, mostrando una postura aún más erguida preparándose para cualquier situación, la confianza solo existía para sí mismo. No es que fuera hostil simplemente nunca le gustaba mostrarse como algo débil, pero era obvio, su propio cuerpo expresaba voluntad y poder. Además de su poderosa espada Rudra, que, si bien era tan común como cualquier otra, tenía en su nombre el valor que él le decidía dar. | Bro...| Musito el pseudo monje, en un tono normal, sin alterarse ni susurrando. con el volumen tan regulado que parecía el mismísimo viento hablando o alguna divinidad. | Tienes toda la razón a este vino le falta un poco más de experiencia.| Se refería a que le faltaban años en barricas, pero era una forma cordial de entablar la conversación con el desconocido. Dharma era inteligente no mostraba sus emociones con facilidad ni su forma de ser, la pasividad de expresarse hacia un contraste con su apariencia férrea.
Los ojos verdes del pelinegro y su rostro con lentitud y gracia se posaron sobre aquel ser que había dicho todas esas palabras, además de una risa peculiar. Si bien la propia risa del espadachín también era diferente, no solía reír por cualquier cosa. Aun así, le pareció interesante la manera de mostrarse de aquello que parecía un lobo humanoide de colores oscuros. Ya había visto a algunos a lo largo de su vida, recordaba un poco el nombre. Mink, una tribu especial desarrollada con inteligencia, no eran bestias sin cerebro, eran otro tipo de ser que existía en el vasto y diverso mundo que azotaba en esta existencia. Dharma lo sabía, tenía conocimientos varios, no por nada profesaba una tarea e idea también. El ser un erudito no era solo conocer el pasado e intentar predecir el futuro, también le dejaba saber este tipo de cosas un tanto más peculiar.
| ¿Cuál es tu nombre? | Expreso Dharma en su tono neutral con su voz grave, sus ojos esmeraldas, aunque algo pequeños y medio ocultos en una mirada suave y una sonrisa muy tenue, una paz extraña era la que irradiaba de él. Ante todo, siempre había que tener educación, además era interesante saber un poco más de este tipo, eso es lo que pensaba el monje. | Creo que podrías comprobar que tan bueno es ¿no? y yo podría simplemente observarlo. | Era una extraña invitación a la convivencia, mientras Dharma dijo eso, comenzó a caminar dentro del establecimiento, ubicándose en una mesa al fondo a la derecha, si bien algunos clientes estaban tanto espantados por las vociferaciones del lobo, parecían muy preocupados de ver a un tipo con aparente paz portando una enorme espada, tan grande como el mismo. No deseaba intimidar a nadie, así que el espadachín tomo una de las sillas junta a la mesa, eran 4, sentado en la que dejaba ver hacia la entrada y daba su espalda a la pared, como esperando a su nuevo conocido, con calma, esperando una respuesta de este.
