15-10-2025, 01:11 PM
(Última modificación: 15-10-2025, 01:15 PM por Max D. Bambú.)
Sus zarpas encontraron objetivo en el rostro del capitán al mismo tiempo que Kisuke lograba impactar en su abdomen reforzado con la negra armadura espiritual que todos bien conocían. Por unos instantes parecía que el trabajo estaba hecho, que Nottingham caería como habían caído otros antes que él, pero entonces retumbó el trueno. Sintió la intención del enemigo cuando manifestó su intención de lanzarle aquella minúscula lanza al abdomen, pero la velocidad del lanzamiento fue tal que no tuvo tiempo de recubrir su cuerpo con haki para protegerse. En cuanto la lanza atravesó su torso el haki de observación que estaba manteniendo se desvaneció por completo. Así lo hizo también la electricidad que circulaba por su pelaje y potenciaba sus capacidades físicas. El panda salió volando hacia la pared opuesta a las escaleras ascendentes, pero no llegó a ella por una mera decena de metros. Aterrizó en el suelo todavía con inercia suficiente para deslizarse un par de metros, levantando en el proceso una humareda de piedras y polvo a su alrededor. Su cabeza amenazaba con empezar a dar vueltas de forma frenética por el dolor del impacto, pero la naturaleza sosegada del panda le ayudó a mantener sus cinco sentidos perfectamente funcionales. —Un trueno... —Ahora tenía la certeza de que había sido ese ataque el que terminó con la vida de su compañero revolucionario. Esa lanza, ese sonido relampagueante, ese cabrón. Por lo menos, aunque de poco consuelo podía servir tal cosa, no había sido un ataque cualquiera. En sus carnes chamuscadas pudo sentir el tremendo poder que cargaba esa lanza. A Oxxy no lo mató un ataque cualquiera, sino una demostración de poder sin parangón. Oxxy era fuerte, pero sólo los más fuertes podían sobrevivir a algo como aquello. —No te preocupes, camarada... esta vez no se saldrá con la suya. —Con dolorosos estertores, el panda apoyó ambas manos sobre el suelo y levantó muy lentamente su acalambrado torso. En la distancia, Kisuke estaba haciendo complejos movimientos con sus espadas contra un estático Nottingham que aguardaba paciente con sus dos lanzas, una en cada mano. La tercera estaba clavada en el cuerpo del panda, como pudo comprobar una vez sentado en lugar de tumbado.
Su cuerpo no le estaba facilitando el proceso de levantarse, pero su voluntad férrea y su indomable espíritu de batalla le ayudaron en su empresa. Como pudo, el panda se levantó del suelo y se irguió cuan alto era, demostrando una vez más que era más duro de lo que el capitán creía. —Todavía puedo seguir... —Se lo decía más a sí mismo que a nadie. Se convencía de que su cuerpo aún daba para más, aunque otro de esos ataques terminaría con su vida sin remedio. Empezó a moverse hacia delante lo más deprisa que podía. Sus piernas no reaccionaban como era debido por los constantes calambres que recorrían su cuerpo. Durante el trayecto, como la lanza le molestaba, se la arrancó sin contemplaciones dando rienda suelta a la fuente de sangre que ya estaba emanando desbocada de su abdomen. Era increíblemente liviana, tanto que Don Bambú casi no se daba cuenta de su peso. Conforme avanzaba se hacía cada vez más evidente que no iba a llegar para apoyar a Kisuke, al menos no todavía. Pero el panda quería pelear. Quería enfrentarse a un enemigo de semejante categoría. Quería hacer uso de todas sus fuerzas sin contención alguna contra Nottingham. Sí, Nottingham y no Jamonada, porque un guerrero de tal calibre merece un nombre. Pero no Sir Nottingham, porque un enemigo de la clase obrera no merece un título.
¿Por qué le habían lanzado tan lejos? Se había movido ya quince metros hacia delante, pero trece metros y medio le separaban todavía de su contrincante. Pues si Nottingham pensaba que eso iba a detenerle había cometido un error garrafal. Le había proporcionado un arma. La lanza que ahora sujetaba el panda se recubrió de su haki armadura al tiempo que éste la alzaba por encima de su hombro, llevando su brazo ligeramente hacia atrás para favorecer su pronto lanzamiento. La sujetaba de una forma completamente burda, con toda su mano cerrada alrededor de delgado palo en contraste con la delicadeza con la que Nottingham la trataba. Una bestia manejando un arma para matar bestias. —No te vas a librar de mí... —Con un gruñido, el panda catapultó la lanza de vuelta al torso de su amo con una potencia tal que dispersaba el polvo que había levantado el panda a su paso.
Su cuerpo no le estaba facilitando el proceso de levantarse, pero su voluntad férrea y su indomable espíritu de batalla le ayudaron en su empresa. Como pudo, el panda se levantó del suelo y se irguió cuan alto era, demostrando una vez más que era más duro de lo que el capitán creía. —Todavía puedo seguir... —Se lo decía más a sí mismo que a nadie. Se convencía de que su cuerpo aún daba para más, aunque otro de esos ataques terminaría con su vida sin remedio. Empezó a moverse hacia delante lo más deprisa que podía. Sus piernas no reaccionaban como era debido por los constantes calambres que recorrían su cuerpo. Durante el trayecto, como la lanza le molestaba, se la arrancó sin contemplaciones dando rienda suelta a la fuente de sangre que ya estaba emanando desbocada de su abdomen. Era increíblemente liviana, tanto que Don Bambú casi no se daba cuenta de su peso. Conforme avanzaba se hacía cada vez más evidente que no iba a llegar para apoyar a Kisuke, al menos no todavía. Pero el panda quería pelear. Quería enfrentarse a un enemigo de semejante categoría. Quería hacer uso de todas sus fuerzas sin contención alguna contra Nottingham. Sí, Nottingham y no Jamonada, porque un guerrero de tal calibre merece un nombre. Pero no Sir Nottingham, porque un enemigo de la clase obrera no merece un título.
¿Por qué le habían lanzado tan lejos? Se había movido ya quince metros hacia delante, pero trece metros y medio le separaban todavía de su contrincante. Pues si Nottingham pensaba que eso iba a detenerle había cometido un error garrafal. Le había proporcionado un arma. La lanza que ahora sujetaba el panda se recubrió de su haki armadura al tiempo que éste la alzaba por encima de su hombro, llevando su brazo ligeramente hacia atrás para favorecer su pronto lanzamiento. La sujetaba de una forma completamente burda, con toda su mano cerrada alrededor de delgado palo en contraste con la delicadeza con la que Nottingham la trataba. Una bestia manejando un arma para matar bestias. —No te vas a librar de mí... —Con un gruñido, el panda catapultó la lanza de vuelta al torso de su amo con una potencia tal que dispersaba el polvo que había levantado el panda a su paso.
NOTTINGHAM
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