16-10-2025, 10:06 AM
—Es…espera… ¿Qué…haces? —Sus músculos, sin querer, se tensaron cuando se dio cuenta de las intenciones del lunarian y, por consiguiente, la reciente herida en su abdomen mandó un pinchazo de dolor que recorrió desde su estómago hasta parte de su pecho que fue suficiente para hacer que se mordiera los labios y apretara las sábanas nuevamente. —No me quites…ugh —. Respiró hondo, rindiéndose ante las acciones del otro hombre, dejando que le quitara la camisa que, evidentemente, dejaba rastros de sangre en las sábanas.
—N…no…no quería quedarme tirado en…la…ca…calle y…te agradezco por…ayudarme, pero ahora… —No solo el dolor empezaba a molestarlo, ahora el aire helado que se colaba por la ventana hacía que su piel se erizara y que su cuerpo empezara a temblar, sabía que no era solo por la temperatura, era por la cantidad de sangre que perdió en el camino hasta que el buen samaritano que se encontraba ahora en la misma habitación que él decidió ayudarlo. —Tengo frío…
De manera inconsciente y aprovechando que el hombre se había alejado un poco de él, se volvió a remover entre las sábanas, no por necedad, para nada, no es que el mismo no deseara quedarse quieto, si no que necesitaba buscar la sábana que quedó atrapada bajo su cuerpo cuando lo recostaron sobre la cama, necesitaba el calor de ese pedazo de tela, solo eso…nada más…de esa forma podría al menos intentar descansar un poco, pero…tal vez su deseo no se vería cumplido de inmediato.
Dolor.
Un toque que lo hizo jadear y luego retener el aire por unos segundos.
Ni siquiera supo en qué momento el lunarian pasó de estar del otro lado de su habitación a estar de nuevo a su lado, pero lo que importaba es que, estando ahí, su mano presionó casi directamente sobre la herida vendada. No fue un toque fuerte, él lo sabía, pero, aún así, fue suficiente para que su cabeza diera vueltas y se viera obligado a quedarse quieto…bueno, casi.
—No…no lo hago, solo…re…revisaba el vendaje, soy…mé…ah…médico —. La mano del pelirosa, temblorosa por el frío, el dolor y el malestar, se levanta solo para intentar tomar la muñeca ajena, no en un agarre firme como habría querido, de hecho, el mismo puede percibir la delicadeza de su acción comparada a la fuerza que usualmente imprimiría en una situación similar si se encontrara en buen estado. —Voy a cooperar…pero… ¿Eh?
Las siguientes palabras del hombre lo tomaron desprevenido por completo, tanto que sus ojos brillosos por las lágrimas que intentaba contener se abrieron por la sorpresa.
—¿Estas bromeando? No voy a decirte… —Nuevamente su descuido lo llevó verse sometido de una forma en la que no recordaba haberse sentido antes…bueno, siendo justos, pocas cosas podía recordar el doctor, pero, en esta ocasión, ni siquiera tenía una sensación de familiaridad con todo lo que acontecía. De repente, sus manos llevadas sobre su cabeza, sostenidas con fuerza suficiente para que no pudiera zafarse y la otra mano tocando sobre el vendaje de su herida lo hicieron creer que tal vez lo mejor sí que habría sido quedarse tirado en medio de la calle desangrándose, porque si esa víctima de antes no lo mató, si que lo haría este hombre.
—Duele…para mi…no…no es un placer…—Porque ser masoquista no le va, disfruta más si es él quien provoca dolor. —No v…voy a decir…te eso que quieres, pero…ah…prometo…quedarme quieto…en serio, solo…me estas…lastimando… ¿Quieres que se abra la herida? ¿Q…quieres que esa mujer, Dublín, te aumente la deuda si…se…se entera que las sábanas se mancharon de sangre por tu culpa? —Para su sorpresa, a pesar de la presión, el frío y el malestar creciente en su abdomen, su mente conseguía formular un chantaje con facilidad, a fin de cuentas, estaba acostumbrado a tener que usar ese tipo de estrategias para zafarse de alguno que otro peligro. —P…porque…si algo…si sigues haciendo esto…la…las suturas pueden romperse y…eso arruinará tus sábanas —. Tomaba aire entre cada palabra para poder hablar bien y, a pesar de que sentía un escalofrío recorrer su cuerpo, se dio cuenta que había empezado a sudar.
—Ella…ella dijo que alguien v…vendría a ajustar cuentas…Brutus… ¿No es así? No querrás que el vea el desastre…es…eso…daría ma…mala fama al local —. Empezó a respirar cada vez más agitado y las lágrimas que intentaba contener en sus ojos no pudieron permanecer por mucho más tiempo dentro de sus cuencas, pronto se resbalaron por sus mejillas…patético…Debía verse patético.
—So…solo…tengo frío…quería…la sábana, aunque…tu cuerpo también sirve…s…solo si te recuestas a un lado y…no haces…nada…puedo pagar más de lo que cuesta la noche, s…solo…suéltame y…déjame…descansar —. En ese momento sintió que sus ojos se nublaron, no por lágrimas, si no por mareo, el mundo le dio vueltas. Chasqueó la lengua, la presión en su herida, la pérdida de sangre, él mismo al no quedarse quieto, todo eso hacía mella en su cuerpo, su cerebro se lo estaba recordando y, además, le recordó, en el peor momento posible, una necesidad.
Menta.
Ese olor…tal vez ese olor lo calmaría del todo.
—T…tu…de...de casualidad... ¿Tienes esencia d…de menta en este cuar…cuarto?
