18-10-2025, 04:06 PM
(Última modificación: 18-10-2025, 04:07 PM por Max D. Bambú.)
El capitán Juan Plata el Largo observaba en silencio los movimientos de la zorra, que poco a poco se iba acercando hacia su posición. Estaba preparado para lo que se le venía encima. Su brazo derecho todavía estaba imprimiendo una soberana fuerza sobre la lanza que portaba, un pequeño tesoro de sus ilícitas aventuras por la Gran Línea. En cuanto Berry se le acercase desataría un poderoso contraataque la dejaría fuera de lugar, sin duda alguna. Estaba listo. O eso pensaba él. La mink, usuaria de una velocidad sin precedentes en la vida de este capitán, flexionó sus rodillas y tras tres dolorosos segundos de silencio desapareció por completo. Dos piernas como dos balas cortaron el aire a su paso e impactaron en dos puntos distintos del cuerpo del pirata. Sus costillas y su abductor sufrieron las consecuencias del impacto, pero el capitán era un hombre duro de roer. Estos ataques no detuvieron su contraataque, pero la velocidad de la muchacha y la dirección de sus movimientos impidieron que éste encontrara su objetivo. Sin el menor éxito, Juan atravesó el aire frente a él con su lanza. Berry era demasiado rápida y la contienda estaba más que decidida a su favor, pero el orgullo, el venenoso orgullo de este capitán no le dejaría aceptar la derrota. Cuando el capitán se giró para ver el lugar del que provenía la voz que le hablaba y se burlaba de su cobardía se dio cuenta de que había subestimado la velocidad de su adversaria. Su sangre se subió volcánica a su cabeza, haciéndole enrojecer de ira, de vergüenza y de frustración. ¿Qué clase de combate estaba siendo aquel? Más que nunca fue consciente de que su primer impacto fue afortunado más que inevitable. Alcanzó a su objetivo por un error que no se cometería de nuevo y su oponente gozaba de las herramientas necesarias para impedir cualquier respuesta en su contra. —Tus movimientos son veloces pero tus ataques a penas los siento en mis carnes, mink. Esta contienda durará eternamente a no ser que te lo tomes en serio de una vez. —Apretando los dientes de rabia, Juan el Largo se dio cuenta de que esto sólo podía terminar de una manera y no iba a ser con su victoria.
Sacudió su lanza para liberar la tensión de sus brazos y se preparó, porque sabía de sobra que no podría llegarle a la cada vez más lejana Berry con sus pobres habilidades motoras. La punta de su arma buscaba aun así a su oponente, que era lo único que podía hacer en esos momentos. El pobre Jaime Halcón no sabía dónde meterse. Su capitán le había prohibido participar y pasarle por encima podría resultar en un castigo. Por otro lado estaba presenciando a un demonio en acción y eso le causaba temor. A espaldas de Berry, lejos de su mirada en estos momentos, los nómadas refugiados entre sus caravanas se asomaban para ver el espectáculo. Ochenta piratas repartidos por el suelo, derribados por la guerrera revolucionaria, y un capitán que ha perdido la batalla antes siquiera de terminarla.
Sacudió su lanza para liberar la tensión de sus brazos y se preparó, porque sabía de sobra que no podría llegarle a la cada vez más lejana Berry con sus pobres habilidades motoras. La punta de su arma buscaba aun así a su oponente, que era lo único que podía hacer en esos momentos. El pobre Jaime Halcón no sabía dónde meterse. Su capitán le había prohibido participar y pasarle por encima podría resultar en un castigo. Por otro lado estaba presenciando a un demonio en acción y eso le causaba temor. A espaldas de Berry, lejos de su mirada en estos momentos, los nómadas refugiados entre sus caravanas se asomaban para ver el espectáculo. Ochenta piratas repartidos por el suelo, derribados por la guerrera revolucionaria, y un capitán que ha perdido la batalla antes siquiera de terminarla.
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