21-10-2025, 05:47 PM
Sin lugar a duda, Notthingham era un tipo duro de pelar. Había conseguido evadir la muerte que el Comandante del Ejército Revolucionario tenía para él, protegiéndose con el haki de armamento en última estancia, y cambiando una muerte segura por un estado de incosciencia. Kisuke soltó un suspiro y miró al derrotado enemigo un instante antes de que unas puertas se abriesen dando entrada a la estancia a dos docenas de hombres armados. Debía de tratarse de la guardia real, puesto que tras ellos hacía acto de presencia el que debía ser el rey, puesto que mirando alrededor de ellos podían verse muchísimos retratos de él mismo, fruto de su egolatría.
"Casi mejor que el Jamones no haya muerto... "
Seguía odiando y queriendo destrozar el cuerpo inerte del soldado caído, pero el fuego de la batalla se había extinguido, y de él solo quedaban cenizas, por lo que no lo remataría, se conformaría con apresarlo y que luego fuese el pueblo que se había visto oprimido el encargado de juzgarle. Él no era juez ni verdugo, simplemente era un soldado que luchaba en un ejército ideado para liberar al pueblo del yugo del Gobierno Mundial. Por otro lado, cambió al haki más básico y extendió su radio a 100 metros, pudiendo sentir como aquellos soldados dudaban de si seguir las órdenes del rey o no, y no mostraban indicios de hostilidad. Sacó un cigarro y lo prendió para, mientras el rey hacía un berrinche como si de un infante de apenas ocho primaveras se tratase, darle sus órdenes a Panda, aunque antes tenía algo que decirle a aquel idiota.
-¡¡CÁLLESE YA, SEÑORA!! Su mejor hombre ha caído, y tenemos el control del arsenal, ríndase y se le tratara con justicia-dudaba que algo así fuese a funcionar, pero tenía que dejar clara su postura. Dirigiéndose a Panda le dijo:-Encárgate compañero, pero no los mates ni los hieras si no te atacan... ya ha habido demasiadas víctimas para derrocar a ese chalado pusilánime...
Tanto él como Panda estaban heridos, de gravedad bastante importante sobre todo el úrsido, pero Kisuke sabía que su compañero podía dejar fuera de combate a aquella gente sin mucho esfuerzo, aunque visto lo visto, no creía que fuese necesario seguir combatiendo. Por su parte el Comandante del Ejército Revolucionario alzó su voz gritando para que las muchachas o alguien de los forajidos le escuchasen:
-¡El jamones ha caído! Ponedle bajo arresto y después tratadle las heridas. Cuando se recupere podréis juzgarle como consideréis oportuno. Vosotros sois dueños de vuestro destino.
Ignoró completamente al rey aunque mantenía activo su kenbunshoku activo en diez metros a la redonda para prevenir un ataque, aunque dudaba que fuese a pasar. Se llevó la mano al hombro herido, molesto por el dolor y el correr de la sangre. En cuanto terminasen de "limpiar" ahí, podrían tratarles y descansar. Aunque debía notificar a sus camaradas el éxito de la misión.
"Ahora queda lo más complicado... Asegurar la transición a una verdadera democracia y el poder vuelva a donde pertenece... a la gente..."
Sabía que aquello era un proceso cuanto menos delicado, pero no le correspondía a él intervenir en ello, simplemente observaría si se llevaba a cabo realmente la liberación del pueblo, o algún otro tirano trataría de alzarse con el poder. Entonces un sonido de un den den mushi sonaba bajo la coraza del soldado caído, y Kisuke, ni corto ni perezoso, rebuscó bajo la armadura, sacó el aparato, descolgó y contestó con su actitud gruñona e irónica natural, con el cigarro colgando del labio inferior:
-Buenos días, aquí Funerarias Jamonada, ¿en qué puedo ayudarle?
Fue lo primero que se lo ocurrió fruto de su insolencia natural, pero esperó a que el interlocutor contestase, ¿había terminado todo realmente?
"Casi mejor que el Jamones no haya muerto... "
Seguía odiando y queriendo destrozar el cuerpo inerte del soldado caído, pero el fuego de la batalla se había extinguido, y de él solo quedaban cenizas, por lo que no lo remataría, se conformaría con apresarlo y que luego fuese el pueblo que se había visto oprimido el encargado de juzgarle. Él no era juez ni verdugo, simplemente era un soldado que luchaba en un ejército ideado para liberar al pueblo del yugo del Gobierno Mundial. Por otro lado, cambió al haki más básico y extendió su radio a 100 metros, pudiendo sentir como aquellos soldados dudaban de si seguir las órdenes del rey o no, y no mostraban indicios de hostilidad. Sacó un cigarro y lo prendió para, mientras el rey hacía un berrinche como si de un infante de apenas ocho primaveras se tratase, darle sus órdenes a Panda, aunque antes tenía algo que decirle a aquel idiota.
-¡¡CÁLLESE YA, SEÑORA!! Su mejor hombre ha caído, y tenemos el control del arsenal, ríndase y se le tratara con justicia-dudaba que algo así fuese a funcionar, pero tenía que dejar clara su postura. Dirigiéndose a Panda le dijo:-Encárgate compañero, pero no los mates ni los hieras si no te atacan... ya ha habido demasiadas víctimas para derrocar a ese chalado pusilánime...
Tanto él como Panda estaban heridos, de gravedad bastante importante sobre todo el úrsido, pero Kisuke sabía que su compañero podía dejar fuera de combate a aquella gente sin mucho esfuerzo, aunque visto lo visto, no creía que fuese necesario seguir combatiendo. Por su parte el Comandante del Ejército Revolucionario alzó su voz gritando para que las muchachas o alguien de los forajidos le escuchasen:
-¡El jamones ha caído! Ponedle bajo arresto y después tratadle las heridas. Cuando se recupere podréis juzgarle como consideréis oportuno. Vosotros sois dueños de vuestro destino.
Ignoró completamente al rey aunque mantenía activo su kenbunshoku activo en diez metros a la redonda para prevenir un ataque, aunque dudaba que fuese a pasar. Se llevó la mano al hombro herido, molesto por el dolor y el correr de la sangre. En cuanto terminasen de "limpiar" ahí, podrían tratarles y descansar. Aunque debía notificar a sus camaradas el éxito de la misión.
"Ahora queda lo más complicado... Asegurar la transición a una verdadera democracia y el poder vuelva a donde pertenece... a la gente..."
Sabía que aquello era un proceso cuanto menos delicado, pero no le correspondía a él intervenir en ello, simplemente observaría si se llevaba a cabo realmente la liberación del pueblo, o algún otro tirano trataría de alzarse con el poder. Entonces un sonido de un den den mushi sonaba bajo la coraza del soldado caído, y Kisuke, ni corto ni perezoso, rebuscó bajo la armadura, sacó el aparato, descolgó y contestó con su actitud gruñona e irónica natural, con el cigarro colgando del labio inferior:
-Buenos días, aquí Funerarias Jamonada, ¿en qué puedo ayudarle?
Fue lo primero que se lo ocurrió fruto de su insolencia natural, pero esperó a que el interlocutor contestase, ¿había terminado todo realmente?
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