22-10-2025, 11:55 AM
El capitán pirata Juan Plata el Largo se encontró con una oferta que no hubiera imaginado nunca. No le matarían, pero tampoco le perdonarían fácilmente. Sólo se le ofrecía una salida y era una salida diabólica: debía unirse a la mink para luchar por la libertad de los menos afortunados. ¿Él? ¿Un guerrero de la libertad? Ni en un millón de años se hubiera visto en esas circunstancias y desde luego que jamás hubiera accedido a algo así voluntariamente. Sin embargo, lo que la mink le ofrecía no era caridad, sino supervivencia. Observó con terror cómo la pierna de la guerrera se elevaba y descendía sobre una roca que fue pulverizada al instante. Jaime Halcón no sabía dónde meterse, pero como estaba sujetando a su capitán, pues tuvo que quedarse allí. La mink continuaba hablando. Hablaba de la libertad, de no morir a manos de un traidor, de dejar un legado que no sea sangriento en el mundo. La postura de la guerrera evidenciaba el destino del pirata en caso de rechazar la oferta. Sería ejecutado inmediatamente sin posibilidad de perdón alguno. ¿Qué hacer en esta situación? La respuesta era evidente.
-No tengo alternativa, me parece a mí... Tú ganas, mocosa, me uniré a la causa de la que hablas y abandonaré mis días de pirata si me perdonas la vida... -Completamente derrotado, el capitán se deshizo del agarre de Jaime para separarse de él. -Seguid sin mí si gustáis, señor Halcón. He sufrido demasiadas derrotas como para merecer su lealtad. -Su oficial consideró la retirada expeditiva durante unos instantes, pero algo le decía que él iba también en el trato de "rendirse o morir". Además, le había cogido cariño a su capitán, aunque la idea de degollarlo hubiera pasado por su cabeza en más de una ocasión. -Me quedaré con usted, señor Plata. No le veo dirigiendo una horda de libertarios a usted solo, después de todo. -Se permitió la broma porque acababan de abandonar la piratería y, con ella, ya no habría castigos ejemplares para las pequeñas faltas de respeto como aquella. Juan Plata hizo una mueca de disgusto ante la broma, pero al cabo de un rato negó con la cabeza y aceptó la realidad de su situación. -Llévanos ante tus líderes, muchacha, y nos uniremos a la causa de la que hablas. ¿O eres a caso tú la líder de este movimiento? Por cómo hablas parece como si pertenecieras al Ejército Revolucionario, esa panda de chalados idealistas y comunistas. -Si el pobre Juan supiera dónde se estaba metiendo...
Los nómadas celebraron la victoria de Berry, aunque no entendieran del todo cómo es que la mink había decidido perdonarle la vida a tan viles individuos. Ante todo, llegaron a la conclusión de que su tiempo en aquella sección de Long Ring Long Land había llegado a su fin y que era el momento de avanzar. Conforme se acercaba el verano, lo hacía también la época en la que la costa retrocedía para permitirles el paso a la siguiente sección de la isla. Emprenderían el viaje a la mañana siguiente, alejándose del mal recuerdo de una horda de piratas intentando asaltarles y degollarles el cuello.
Y así como el tiempo de los nómadas en aquel lugar llegaba a su fin, también lo hacía el de Berry en aquella isla. Pronto zarparía la muchacha hacia su nuevo destino. Una isla donde las cosas no son tan simples ni alargadas. Water Seven espera con impaciencia la llegada de esta olvidadiza e impulsiva revolucionaria. ¿Qué peligros encontraría nuestra querida Berry allí?
-No tengo alternativa, me parece a mí... Tú ganas, mocosa, me uniré a la causa de la que hablas y abandonaré mis días de pirata si me perdonas la vida... -Completamente derrotado, el capitán se deshizo del agarre de Jaime para separarse de él. -Seguid sin mí si gustáis, señor Halcón. He sufrido demasiadas derrotas como para merecer su lealtad. -Su oficial consideró la retirada expeditiva durante unos instantes, pero algo le decía que él iba también en el trato de "rendirse o morir". Además, le había cogido cariño a su capitán, aunque la idea de degollarlo hubiera pasado por su cabeza en más de una ocasión. -Me quedaré con usted, señor Plata. No le veo dirigiendo una horda de libertarios a usted solo, después de todo. -Se permitió la broma porque acababan de abandonar la piratería y, con ella, ya no habría castigos ejemplares para las pequeñas faltas de respeto como aquella. Juan Plata hizo una mueca de disgusto ante la broma, pero al cabo de un rato negó con la cabeza y aceptó la realidad de su situación. -Llévanos ante tus líderes, muchacha, y nos uniremos a la causa de la que hablas. ¿O eres a caso tú la líder de este movimiento? Por cómo hablas parece como si pertenecieras al Ejército Revolucionario, esa panda de chalados idealistas y comunistas. -Si el pobre Juan supiera dónde se estaba metiendo...
Los nómadas celebraron la victoria de Berry, aunque no entendieran del todo cómo es que la mink había decidido perdonarle la vida a tan viles individuos. Ante todo, llegaron a la conclusión de que su tiempo en aquella sección de Long Ring Long Land había llegado a su fin y que era el momento de avanzar. Conforme se acercaba el verano, lo hacía también la época en la que la costa retrocedía para permitirles el paso a la siguiente sección de la isla. Emprenderían el viaje a la mañana siguiente, alejándose del mal recuerdo de una horda de piratas intentando asaltarles y degollarles el cuello.
Y así como el tiempo de los nómadas en aquel lugar llegaba a su fin, también lo hacía el de Berry en aquella isla. Pronto zarparía la muchacha hacia su nuevo destino. Una isla donde las cosas no son tan simples ni alargadas. Water Seven espera con impaciencia la llegada de esta olvidadiza e impulsiva revolucionaria. ¿Qué peligros encontraría nuestra querida Berry allí?
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