One Last Time - Pasado - Hyakinthos
#2

—¿Y cómo esto es mi culpa? ¡Te lo he dicho! ¡Te dije que era mala idea darme el timón, pero no hiciste caso! —Golpeó con fuerza la madera del barco, pero no, no es que estuviera enojado con el pelinegro, estaba enojado con el clima, con sus perseguidores y, por supuesto, con él mismo, a fin de cuentas, no podía hacer algo tan simple como mantener el control de un navío pequeño, ¿qué clase de hombre del mar era entonces? Difícil de clasificar y, para qué negarlo, aquello lo avergonzaba tanto como para morder el interior de su boca con fuerza, castigándose por su descuido.

Sus manos bajaban una y otra vez, moviendo consigo un balde con el que buscaba sacar el agua del bote que empezaba a hundirse, una tarea inútil y parecía que su amigo pelinegro se había dado cuenta antes que él.

Sus manos soltaron el balde de madera cuando sintió un tirón en la parte de atrás del cuello de su ropa, un tirón que no solo lo sostuvo de su chaqueta morada si no de su camisa blanca, un tirón con la fuerza suficiente para hacerlo perder el equilibrio y obligarlo a caer al mar.

Tragó agua salada antes de alzar su cabeza y una maldición quedó a medio decir cuando una ola le tiró más agua en la cara. Chasqueó la lengua, se supone que solo iban a hablar, entonces… ¿Cómo terminaron así?

¿Cómo es que tenían tanta facilidad para meterse en líos?

***

Mordía con insistencia el interior de su labio inferior mientras miraba su libreta de notas en medio de las calles de Karate. El pequeño pueblo era siempre un laberinto para él, no importa cuantas veces recorriera sus calles, no importa cuantas veces se detuviera a pedir indicaciones, siempre acababa del lado contrario o en un sitio que consideraba demasiado peligroso para sus estándares.

El nombre del restaurante, escrito en mayúsculas y subrayado en tinta roja, resaltaba en la página y, por quinta vez, mostraba la anotación a un desconocido distinto, esta vez a un hombre con traje de marine y un parche en su ojo, quien, al ver el rostro tan confundido del médico cuando se le dieron unas cuantas indicaciones simples, suspiró resignado antes de sonreír para ofrecerle llevarlo el mismo al sitio.

—Me viene bien caminar algo, estar parado en un mismo sitio es agotador —. Objetó el marine cuando el pelirosa intentó negarse. Al final se encogió de hombros y, como un niño perdido, aceptó la ayuda, a fin de cuentas, el sujeto de uniforme era de buen ver, así que ¿Por qué no disfrutar de su compañía durante la caminata? Seguro sería larga y extenuante, así que…

Doblaron hacia la calle de al lado, dieron unos cuantos pasos y, repentinamente, el nombre escrito en la libreta apareció en grande y en letras cursivas en un letrero enorme que ocupaba buena parte de la decoración del edificio… ¿Cómo era posible que no lo hubiera encontrado?

Sintió su rostro arder de vergüenza y rogó porque el marine no lo hubiera notado, aunque eso era imposible, pues al ver su reflejo en el vidrio pulcro de uno de los vitrales del restaurante, notó la rojez de sus mejillas. Suspiró, cansado, era claro que una vez más quedaba en evidencia su total falta de orientación.

Agradeció al marine, quien se despidió con una sonrisa para luego dar la media vuelta, haciendo que su chaqueta blanca de capitán hondeara al viento antes de perderse entre las calles, aunque, en ese gesto, sin que el oficial se diera cuenta un sobre pequeño cayó al suelo y, para el momento en que el médico lo notó, el otro hombre había doblado la esquina y tanto el rostro perfilado y el cabello cobrizo del marine empezaron a nublarse en su memoria.

Se agachó para tomar el pequeño sobre y, al moverlo, sintió algo pesado dentro, no parecían papeles, si no algo más contundente, quizá metálico. Observó el sobre por unos segundos sin atreverse a abrirlo aun y lo guardó en su bolsillo, tal vez el sujeto con el que se encontraría, el tal Johan (Jensen), podría ayudarlo a descubrir que era, así sería más divertido.

Iba a dar un paso dentro del local, pero las ropas rojizas de un hombre de cabello negro funcionaron como bandera para advertirle que ese sujeto que salía del restaurante y lo saludaba con tanta familiaridad debía ser quien lo había citado.

—Ah…sí, es bueno verte también…eh… ¿Johan? Rojo…mejor te llamaré Rojo, sí —Si en verdad se conocían, seguramente el pelinegro entendería la confusión. —¿Y a qué te refieres con poco tiempo? Ni siquiera es medio día —. Miró hacia arriba, sobre el cielo no se vislumbraban ni siquiera nubes blancas, era tan celeste como el inmenso mar, incluso podía decirse que causaba temor, como si fuera un poco de calma antes de que se desatara una tormenta.

—Como sea… ¿Llevas mucho tiempo esperando? Acabo de llegar, un amable marine tuvo que guiarme ¿No podías elegir un sitio más céntrico para encontrarnos? Llegar aquí es como cruzar un laberinto —. Por supuesto que esto es una exageración, el restaurante se encontraba en una buena zona, es él quien no lograba ubicarse. —Por cierto… ¿Por qué no entramos? Quiero mostrarte algo —. Metió una de sus manos a su bolsillo y sacó el sobre que antes se le cayó al marine. —Pertenece al marine que me trajo, antes que pienses mal, no se lo robé, se le cayó…no sé que sea, pero está algo pesado, parece un objeto metálico, algo largo…como una llave o algo más…no lo sé… ¿Lo vemos dentro? Tal vez nos lleve a un sitio interesante o tal vez no, pero vale la pena averiguarlo —. Sacudió el sobre un par de veces, haciendo que algo tintineara dentro y con ese gesto y una sonrisa en su rostro cruzó el umbral del restaurante, esperando que el pelinegro fuera tras él.

Karmas
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RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - por Hyákinthos - 26-10-2025, 07:54 AM

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