26-10-2025, 08:41 AM
Había tenido su turno para hablar y, como todo un caballero, dejó que el visitante pudiera hacer lo mismo, le permitió pasearse por su “oficina” como si se conocieran de antes, le permitió analizar los alrededores, todo sin quitarle el ojo de encima y sin perder esa actitud defensiva que buscaba esconderse tras la postura, aparentemente, relajada que mostraba desde su lugar en la silla de la que no se dignó a levantarse una vez decidió sentarse.
Escuchó cada palabra con atención, como si buscara memorizas cada frase, buscando entre líneas alguna trampa, algo que lo hiciera ceder, caer ante una posible treta o, peor aún, una broma, pero no halló nada de eso, si no palabras elocuentes y alguno que otro halago que, inevitablemente, le arrancaron más de una sonrisa socarrona, aunque, por otro lado, encontró exageración, palabras de más, algunas que hicieron que bufara divertido y otras que hicieron que entornara los ojos sin buscar ocultar en ningún momento el gesto de molestia.
—No es arte, es ciencia —. Refunfuñó, aunque esas cortas palabras pensó que se quedaron en su mente, nunca fue su intención decirlas en voz alta, nunca fue su intención interrumpir y, de hecho, eso no volvió a suceder ni siquiera cuando de la boca del chico bronceado salió su nombre alto, claro, bien pronunciado, como si se tratara de un viejo amigo.
Contuvo el aliento por unos segundos, perdiendo el hilo de la conversación hasta que escuchó como uno de sus cajones se abría y él, por impulso, se levantó con rapidez de la silla para acercarse al recién llegado y cerrar ese cajón, sin importar que tuviera dentro, con la misma velocidad con la que el otro lo abrió.
—No deberías curiosear así en casas ajenas, podrías encontrarte con secretos desagradables —. Su voz salió con suavidad de sus labios, sin ánimos de intimidar, solo haciendo una anotación que le parecía completamente natural, aunque, secretamente, agradeció esa pequeña acción, pues lo hizo volver a tierra, lo hizo concentrarse de nuevo en el discurso que, esta vez si que captó más la atención del médico.
—¿Sería muy estúpido de mi parte preguntar qué tipo de tripulación? —Una formalidad y nada más, después de todo, la palabra “criminal” pronunciada antes en negación le dejó claro el tipo de grupo que el más joven tenía en mente.
No volvió a sentarse, se quedó a un lado del muchacho, apoyado sobre la mesa, sonriendo de medio lado aún, intentando lucir calmado a la vez que estudiaba su entorno por si las cosas se ponían peligrosas. No podía bajar la guardia, no cuando estaba en una posición tal vulnerable.
A fin de cuentas, alguien que supiera como encontrarlo, a qué se dedicaba y, sobre todo, su nombre, era alguien que podía tenerlo en la palma de su mano, para bien o para mal.
—Estas en lo correcto, aun me resisto, no has dicho nada que me sea útil, no has respondido a la pregunta qué te hice… ¿Qué gano yo? —Preguntar más no fue muy necesario, pues la respuesta llegó enseguida, con una sinceridad aplastante y que, por un momento, lo hizo querer comprar el discurso, pero no…no podía… ¿Cómo hacerlo? Este mundo era peligroso y confiar tan fácil en alguien podría resultar en la perdición, además, luego estuvo ese gesto, esa espada chocando con la mesa, el metal resonando en el cuarto y su respiración volviendo a ser pesada, pero no era s culpa, si no de ese aire húmedo, por la lluvia, y tenso por la situación.
Frunció el ceño y sus puños se cerraron a sus costados.
No iba a dejar que lo retaran tan fácilmente, no iba a dejar que lo convencieran con simples palabras bonitas.
—Mis manos no están manchadas de sangre —. Espetó con voz seca, negando en voz alta lo que siempre se decía en su mente, por más que supiera que la realidad era otra. —Lo que hago salva las vidas de otros, es un mal necesario, que el resto sea demasiado estúpido para no darse cuenta no es culpa mía. Al igual que tu, no soy un simple criminal —. Quizá empezaba a hablar de más, pero ¿Qué más daba?
Su mano se posó en la punta de la funda de la espada, deteniendo el bambolear de esta con sus dedos y, con ello, cortando de raíz el ruido metálico que generaba cada vez que el arma se movía sobre la mesa, a fin de cuentas, no se quedaba quieta, el mar estaba picado por culpa de la tormenta y todo lo que no estuviera fijo se resentía de ello.
—¿Crees que soy un médico pequeño en esta isla? ¡Ja! ¿Qué sabes de eso, niño? —Sí, escuchó que dijo que se llamaba Ashveil, pero no valía la pena intentar memorizar un nombre que sabía olvidaría al día siguiente. —No sabes nada de mí, pero déjame contarte un poco: No pienso quedarme en este lugar de mala muerte y, de hecho, el que me encontraras es signo de que me he puesto muy cómodo aquí, debería zarpar pronto a otras lares —. Miró un mapa en la pared, no sabía de navegación, ni siquiera distinguir bien la izquierda de la derecha, pero necesitaba algo que pudiera decirle las zonas en las que había estado o no y un mapa, bien o mal, no era tan difícil de descifrar…teóricamente, claro.
—Podías haberme comprado con la promesa de un tesoro, con descubrir islas en las que los avances de medicina fueran mayores, incluso con la promesa de querer realizar algún experimento desquiciado, pero no vas a lograr nada prometiéndome sacarme de un lugar de donde puedo salir solo —. Suspiró, desganado y esta vez sí que regresó a esa misma silla en donde estuvo antes.
—No quiero ser grosero, ni reventar tu burbuja, pero no puedes conseguir que la gente se una a ti hablando una sola vez con ellos…convénceme de otra forma, qué se yo, intenta conocerme de verdad o al menos intenta conocer lo que implica mi trabajo antes de decidir si estas cómodo con ello —. Miró al muchacho a la cara, aun sin rechazar su oferta directamente, pero poniéndole más trabas de las necesarias al asunto. —¿Te doy un adelanto de lo “maravillosa” persona que soy? La última vez que viajé con piratas terminé vendiéndolos a la marina. Cobré una buena recompensa por cada uno de ellos —. Se encogió de hombros, lo cierto es que había toda una razón por la cual hizo eso, pero Ashveil no tenía que conocerla, no aún.
—Después de escuchar eso…¿Sigues con las mismas ganas de que me una a tu tripulación?
