03-10-2023, 03:01 PM
Bepso. Bepso ya no estaba subiendo por el hombro del monstruo. Daba la sensación de que el bicharraco lo había apresado en su puño
Enma se puso a decir algunas cosas en su volumen normalmente bajito. Kuraku lo ignoró. El lunaria tenía mil pensamientos en su cabeza, quería volar directamente a la cabeza del monstruo y empezar a pelear por su vida, quería saltar al brazo del wotan e intentar liberar a su nuevo amigo. Quería hacer todo tipo de cosas de las que luego probablemente se arrepentiría.
"No sois personas, sois esclavos. No me importan tus palabras, no me hables más, y no me vais a continuar intentando engañar. Dejar en el suelo cualquier arma que podáis tener y no me enfadéis más"
Esas palabras no hicieron más que aumentar esos deseo belicosos. Intentaba seguir buscando a Bepso con la mirada, pero el puño permanentemente cerrado del wotan, solo hacía que aumentar sus sospechas de que lo había atrapado por completo.
Antes de que Kuraku, muy enfurecido, saltase a la acción para intentar salvar a su amigo, notó algo en su ala. Al girar su cabeza y mirarlo, vio un pequeño cuervo de un raro material apoyado en ella.
Creo que Bepso está bien... vamos a esperar... – Murmuró el cuervo. – Ah... soy Enma... estos cuervos de hollín... son mi poder... no digas nada.
Entonces se percató que no solo había este cuervo, el enorme enemigo tenía 2 más rodeándole.
¿Esperar? ¿Esperar a que? ¿A que aplaste a Bepso? ¡Yo a este me lo cargo! - Le dijo Kuraku al pequeño cuervo.
El Lunaria tenía miedo. Estaba cabreado, pero tenía miedo. ¿Cómo se iba a enfrentar a un monstruo como ese? Era algo obvio que le superaba en todos los aspectos, solo había un par de cosas en las que Kuraku podría resaltar, y era el momento de hacerlo. Porque el wotan, no era el único monstruo que había allí.
Volvió a extender bien sus alas, y las impulsó con fuerza hacia abajo, elevándose del suelo. Miró fijamente al Wotan, y aun sosteniendo su katana, fue hacia él.
El lunarian era impulsivo, pero no tonto, tenía un plan, y quería intentarlo.
Se quedó cerca del Wotan, intentando mantenerse a la altura de su cabeza, mirándole fijamente a los ojos. Apuntó con su arma al gran ser, y se quedó en posición de ataque, como esperando a que este le mandase un golpe.
¡Yo no soy esclavo de nadie!, ¡En mi estado, no podrás ni siquiera atraparme!
El plan tenía que funcionar, o toda esta pequeña aventura no habría significado nada.
Enma se puso a decir algunas cosas en su volumen normalmente bajito. Kuraku lo ignoró. El lunaria tenía mil pensamientos en su cabeza, quería volar directamente a la cabeza del monstruo y empezar a pelear por su vida, quería saltar al brazo del wotan e intentar liberar a su nuevo amigo. Quería hacer todo tipo de cosas de las que luego probablemente se arrepentiría.
"No sois personas, sois esclavos. No me importan tus palabras, no me hables más, y no me vais a continuar intentando engañar. Dejar en el suelo cualquier arma que podáis tener y no me enfadéis más"
Esas palabras no hicieron más que aumentar esos deseo belicosos. Intentaba seguir buscando a Bepso con la mirada, pero el puño permanentemente cerrado del wotan, solo hacía que aumentar sus sospechas de que lo había atrapado por completo.
Antes de que Kuraku, muy enfurecido, saltase a la acción para intentar salvar a su amigo, notó algo en su ala. Al girar su cabeza y mirarlo, vio un pequeño cuervo de un raro material apoyado en ella.
Creo que Bepso está bien... vamos a esperar... – Murmuró el cuervo. – Ah... soy Enma... estos cuervos de hollín... son mi poder... no digas nada.
Entonces se percató que no solo había este cuervo, el enorme enemigo tenía 2 más rodeándole.
¿Esperar? ¿Esperar a que? ¿A que aplaste a Bepso? ¡Yo a este me lo cargo! - Le dijo Kuraku al pequeño cuervo.
El Lunaria tenía miedo. Estaba cabreado, pero tenía miedo. ¿Cómo se iba a enfrentar a un monstruo como ese? Era algo obvio que le superaba en todos los aspectos, solo había un par de cosas en las que Kuraku podría resaltar, y era el momento de hacerlo. Porque el wotan, no era el único monstruo que había allí.
Volvió a extender bien sus alas, y las impulsó con fuerza hacia abajo, elevándose del suelo. Miró fijamente al Wotan, y aun sosteniendo su katana, fue hacia él.
El lunarian era impulsivo, pero no tonto, tenía un plan, y quería intentarlo.
Se quedó cerca del Wotan, intentando mantenerse a la altura de su cabeza, mirándole fijamente a los ojos. Apuntó con su arma al gran ser, y se quedó en posición de ataque, como esperando a que este le mandase un golpe.
¡Yo no soy esclavo de nadie!, ¡En mi estado, no podrás ni siquiera atraparme!
El plan tenía que funcionar, o toda esta pequeña aventura no habría significado nada.
Aclaraciones
