15-10-2023, 09:57 PM
Tendido en el suelo observaba el cielo mientras la sangre brotaba de mi mano y las palabras de aquel ser resonaban en las cercanías, acompañadas de las palabras de otro de los presentes y el sonido abrupto de un disparo que sacudió un poco la plataforma, y del susto me hizo dar un pequeño respingo pese a estar tumbado, produciéndome dolor en la zona fracturada, apretando aun más los dientes. Ese disparo podría haber sido para mi. Estaba claro que tras la obtención de mi akuma no mi me había vuelto más confiado y altivo con mis habilidades, creyendo que podía vapulear a cualquiera de los presentes... pero nada más lejos de la realidad. El mundo era inmenso y yo, al igual que todos estos cualquieras, éramos hormigas. El poder de una sola persona... y qué digo persona, el arma de una persona era suficiente para doblegarnos a todos. El arma de alguien que formaba parte de un grupo, cuya totalidad decían podía enfrentar a las tripulaciones de los Yonkos individualmente... A sus tripulaciones, enteras. Siete personas con la fuerza de este ser hacían falta para poder hacerle frente a un coloso como un Yonko... ¿cómo podía soñar con derrotarlos a todos, y a quien los debiera superar para convertirse en el Rey de los Piratas? Aun estaba a años luz de aquello. Prácticamente me sentía que estaba en una realidad distinta.
Otra sacudida proveniente del mar me sacó de la ensoñación, y un fuerte golpe a mi costado llamó mi atención, haciéndome girar la cabeza de golpe. Un hombre, alto, grande y fuerte, con la melena larga y negruzca, me miraba con los ojos abiertos pero sin vida. Estaba completamente empapado y de entre sus cabellos se podían ver dos cuernos limados. Otra víctima más que se cobraba este odisea. Pero no podía reconocerlo. Por algún motivo algo dentro de mi me decía que esa persona me resultaba familiar, que debía ser algo impactante para mi, o importante... pero por más que miraba su rostro, no era capaz si no de sentir frustración. Una frustración tal como para llegar a derramar unas pocas lágrimas, soltando la prisión que mis fauces ejercían sobre mi mano. Ese tipo podría haber sido yo.
Permanecí mirándole durante un tiempo que para mi fue eterno, mientras sonaban pitidos y distintos pequeños destellos centelleaban en las comisuras de mis párpados, asumiendo que no sólo el cachivache aquel seguía allí, si no que encima estaba haciendo alguna de sus mierdas. Y yo no tenía el poder para hacer nada más que no fuera estar tumbado, frente al cadáver de un hombre, llorando sin saber por qué y sin poder levantarme por el miedo a terminar acompañándolo y no de manera corpórea. Aquellos minutos fueron eternos.
Para cuando el ser mecánico volvió a procesar unas palabras y emitir unos destellos, anunció su salida de escena y se marchó como vino, como se marcharon mis lágrimas al escuchar sus motores o propulsores o lo que fuera abandonar el lugar, girando el rostro a tiempo de verlo alzarse en el cielo aun más y desaparecer en la lejanía portando mágicamente tras el los cuerpos de los piratas que habían sido nuestros contrincantes en esta situación. No sólo había destrozado mis posibilidades de sobrevivir, mi anonimato, mi hombro, mi orgullo y mi confianza, si no que también se llevaba el único trofeo que podía llevarme a la boca: cobrar una recompensa. Pero la situación requería de dejar eso atrás y centrarse en el único objetivo plausible: Salir de este lugar.
Mientras me incorporaba vi venir al marine del bigote extraño acercarse a mi ofreciéndome unos trapos para tapar la herida. Dudaba que fuera médico, y yo tampoco tenía los conocimientos como para sanar, pero estaba casi seguro de que una fractura, por más que sangrase, había que entablillarla y no hacerle un torniquete. Como fuera, me levanté con su ayuda mirándole a la cara, notando mi propia desnudez, al estarle permitiendo - a él y a todos los presentes - verme el rostro descubierto... Sólo esperaba que ninguno supiera.
En ese instante una muchacha enorme, con cuernos - como todo el mundo en este puto sitio, por lo que parecía mirando un poco el ambiente - se acercó con mi casco y mi arma, mi Ein Hauch, ofreciéndomelos u ofreciéndoselos al Marine que me ayudaba diciendo que era una buena arma. Llevé mi mano sana hacia el casco y lo agarré en primer lugar, mirando a la niña a los ojos con mis orbes ambarinos — No olvidaré esto — dije seriamente, y me coloqué el casco con esa única mano libre — Gracias niña — añadí, asegurándome que, aunque fuera a olvidar su rostro, pudiera recordar este momento... y sin duda lo haría. Tras eso agarré el kanabo y caminé por mi propio pie junto a Joe, quien intentó atarme una cuerda a la cintura de camino a los barcos que nos brindaban un billete de salida — ¿Qué haces? — le pregunté abiertamente — Tengo un brazo roto, no la puta columna — añadí con sequedad, agarrando la soga con la zurda - que por suerte era mi mano hábil - y dando un par de vueltas con ella para reafirmar el agarre, tras colocar el arma a la espalda.
Al subir a bordo de aquel navío, más marines, más civiles y más restos de lo que a todas luces era, una tripulación pirata venida a menos... destruida por el poder absoluto de un Shichibukai en cuestión de minutos. Miré en derredor y observé los cuerpos de los heridos, debilitados, dormidos e inconscientes... no era un panorama muy alentador. Miré de igual forma por la borda: pareciera que todos los presentes se separaban en barcos, olvidando las hostilidades y dejando de lado las diferencias, priorizando escapar llevándose a los heridos y a los muertos consigo. Y miré fijamente el cuerpo del tipo que había estado frente a mi. No sabía por qué, pero no se le podía dejar ahí. — ¿Podríais subir ese cuerpo a cubierta? — solicité al marine que quisiera escucharme — Es... — dije, dudando — Creo que era mi amigo — añadí, sin saber bien porqué, sintiendo dentro de mi que no podía dejar a aquella persona pudrirse en una plataforma en el mar en medio de ninguna parte.
Otra sacudida proveniente del mar me sacó de la ensoñación, y un fuerte golpe a mi costado llamó mi atención, haciéndome girar la cabeza de golpe. Un hombre, alto, grande y fuerte, con la melena larga y negruzca, me miraba con los ojos abiertos pero sin vida. Estaba completamente empapado y de entre sus cabellos se podían ver dos cuernos limados. Otra víctima más que se cobraba este odisea. Pero no podía reconocerlo. Por algún motivo algo dentro de mi me decía que esa persona me resultaba familiar, que debía ser algo impactante para mi, o importante... pero por más que miraba su rostro, no era capaz si no de sentir frustración. Una frustración tal como para llegar a derramar unas pocas lágrimas, soltando la prisión que mis fauces ejercían sobre mi mano. Ese tipo podría haber sido yo.
Permanecí mirándole durante un tiempo que para mi fue eterno, mientras sonaban pitidos y distintos pequeños destellos centelleaban en las comisuras de mis párpados, asumiendo que no sólo el cachivache aquel seguía allí, si no que encima estaba haciendo alguna de sus mierdas. Y yo no tenía el poder para hacer nada más que no fuera estar tumbado, frente al cadáver de un hombre, llorando sin saber por qué y sin poder levantarme por el miedo a terminar acompañándolo y no de manera corpórea. Aquellos minutos fueron eternos.
Para cuando el ser mecánico volvió a procesar unas palabras y emitir unos destellos, anunció su salida de escena y se marchó como vino, como se marcharon mis lágrimas al escuchar sus motores o propulsores o lo que fuera abandonar el lugar, girando el rostro a tiempo de verlo alzarse en el cielo aun más y desaparecer en la lejanía portando mágicamente tras el los cuerpos de los piratas que habían sido nuestros contrincantes en esta situación. No sólo había destrozado mis posibilidades de sobrevivir, mi anonimato, mi hombro, mi orgullo y mi confianza, si no que también se llevaba el único trofeo que podía llevarme a la boca: cobrar una recompensa. Pero la situación requería de dejar eso atrás y centrarse en el único objetivo plausible: Salir de este lugar.
Mientras me incorporaba vi venir al marine del bigote extraño acercarse a mi ofreciéndome unos trapos para tapar la herida. Dudaba que fuera médico, y yo tampoco tenía los conocimientos como para sanar, pero estaba casi seguro de que una fractura, por más que sangrase, había que entablillarla y no hacerle un torniquete. Como fuera, me levanté con su ayuda mirándole a la cara, notando mi propia desnudez, al estarle permitiendo - a él y a todos los presentes - verme el rostro descubierto... Sólo esperaba que ninguno supiera.
En ese instante una muchacha enorme, con cuernos - como todo el mundo en este puto sitio, por lo que parecía mirando un poco el ambiente - se acercó con mi casco y mi arma, mi Ein Hauch, ofreciéndomelos u ofreciéndoselos al Marine que me ayudaba diciendo que era una buena arma. Llevé mi mano sana hacia el casco y lo agarré en primer lugar, mirando a la niña a los ojos con mis orbes ambarinos — No olvidaré esto — dije seriamente, y me coloqué el casco con esa única mano libre — Gracias niña — añadí, asegurándome que, aunque fuera a olvidar su rostro, pudiera recordar este momento... y sin duda lo haría. Tras eso agarré el kanabo y caminé por mi propio pie junto a Joe, quien intentó atarme una cuerda a la cintura de camino a los barcos que nos brindaban un billete de salida — ¿Qué haces? — le pregunté abiertamente — Tengo un brazo roto, no la puta columna — añadí con sequedad, agarrando la soga con la zurda - que por suerte era mi mano hábil - y dando un par de vueltas con ella para reafirmar el agarre, tras colocar el arma a la espalda.
Al subir a bordo de aquel navío, más marines, más civiles y más restos de lo que a todas luces era, una tripulación pirata venida a menos... destruida por el poder absoluto de un Shichibukai en cuestión de minutos. Miré en derredor y observé los cuerpos de los heridos, debilitados, dormidos e inconscientes... no era un panorama muy alentador. Miré de igual forma por la borda: pareciera que todos los presentes se separaban en barcos, olvidando las hostilidades y dejando de lado las diferencias, priorizando escapar llevándose a los heridos y a los muertos consigo. Y miré fijamente el cuerpo del tipo que había estado frente a mi. No sabía por qué, pero no se le podía dejar ahí. — ¿Podríais subir ese cuerpo a cubierta? — solicité al marine que quisiera escucharme — Es... — dije, dudando — Creo que era mi amigo — añadí, sin saber bien porqué, sintiendo dentro de mi que no podía dejar a aquella persona pudrirse en una plataforma en el mar en medio de ninguna parte.
Resumen
Gasto y daños

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)