27-10-2025, 11:40 PM
(Última modificación: 27-10-2025, 11:49 PM por Juan Sebastian.)
Día 23 de Otoño, año 16
Tras solicitar alistarse en la marina, Juan fue enviado al South Blue, donde era más necesaria la integración de nuevas fuerzas en comparación con el pacífico East Blue. Extrañaría su antiguo hogar, pero él pensaba —¿Acaso un héroe puede tenerle miedo al cambio?—. Tras un largo viaje y ya en el South, cogió el último barco antes de llegar a su destino.
El barco era grande, mucho más grande que los que veía en los puertos de Isla Organ, y por supuesto mucho más grande que el Balandro de sus padres. Durante los días de viaje se le dio la tarea de limpiar el fondo del barco, era raro tener un gyojin entre las filas y los superiores no estaban dispuestos a dejar pasar esa oportunidad. Para Juan era una tarea estupenda, lo que otros veían como "limpiar" él lo veía como un festín de percebes deliciosos y bajo agua, no tenía que soportar las voces imperativas de la cubierta a los nuevos reclutas.
El barco era grande, mucho más grande que los que veía en los puertos de Isla Organ, y por supuesto mucho más grande que el Balandro de sus padres. Durante los días de viaje se le dio la tarea de limpiar el fondo del barco, era raro tener un gyojin entre las filas y los superiores no estaban dispuestos a dejar pasar esa oportunidad. Para Juan era una tarea estupenda, lo que otros veían como "limpiar" él lo veía como un festín de percebes deliciosos y bajo agua, no tenía que soportar las voces imperativas de la cubierta a los nuevos reclutas.
Había una buena cantidad de reclutas, la mayoría estaban nerviosos y eran fácilmente irritables, era mejor no hablar mucho con ellos. Sus intentos de animar el ambiente no daban resultado, pero eso no iba a aguarle la fiesta, estaba un paso más cerca de su sueño. Entre todos los reclutas, uno destacaba notablemente sobre el resto, era un hombre inmenso. El gyojin siempre había sido notablemente más grande que la gente a su alrededor, pero este tipo era casi 4 veces su tamaño. No parecía tan tenso como los otros —Claro ¿Cómo va a estar asustado por algo como esto alguien tan ridículamente grande?— Pensó, antes de dirigirse a saludarlo. Era un tipo serio, pero no sintió hostilidad en él, le agradaba ese sujeto y pensó que sería buena idea hacer buenas migas con él una vez llegaran a la isla.
Al caer la noche recibió un aviso —Mañana llegaremos a nuestro destino a primera hora, todo el mundo en pie en cuanto salga el sol— Ante esto Juan respondió de forma instintiva —Los cojones— Se disculpó al instante después de recibir un sólido puñetazo de su superior, no había sido el primero este viaje. Se hacía tarde y sabía que debería dormir pronto para evitar una riña por quedarse dormido, pero decidió quedarse en la cubierta hasta tarde, el olor a sal y la brisa del sur eran agradables y mirar las estrellas mientras pensaba en su futuro agitaba el corazón debajo de ese duro caparazón.
Al despertarse, y tras una merecida bronca por quedarse dormido, empezaron los preparativos para la hora de desembarcar, y mientras movía cajas de un lado para otro, pudo percatarse de una pequeña y energética figura en el puerto de la isla que zarandeaba de un lado a otro una bandera de la Marina. No esperaba una bienvenida tan simpática y eso le alegró aún más el ánimo. Al amarrar en el puerto, el timonel del barco exclamó —Hemos llegado a nuestro destino, Baterilla—.
Al bajar al puerto con todos los reclutas, pudo ver de cerca al hombre que les estaba saludando montado en una pila de barriles, a pesar de no llevar el uniforme estándar, se podía suponer que era marine por los colores de su ropa y la bandera que llevaba, su risa era agradable y confiada. Aunque de una forma completamente distinta, le transmitía lo mismo que aquel hombre gigante, era diferente al resto de marines que se había encontrado hasta ahora y no podía esperar a conocerlo.
Al caer la noche recibió un aviso —Mañana llegaremos a nuestro destino a primera hora, todo el mundo en pie en cuanto salga el sol— Ante esto Juan respondió de forma instintiva —Los cojones— Se disculpó al instante después de recibir un sólido puñetazo de su superior, no había sido el primero este viaje. Se hacía tarde y sabía que debería dormir pronto para evitar una riña por quedarse dormido, pero decidió quedarse en la cubierta hasta tarde, el olor a sal y la brisa del sur eran agradables y mirar las estrellas mientras pensaba en su futuro agitaba el corazón debajo de ese duro caparazón.
Al despertarse, y tras una merecida bronca por quedarse dormido, empezaron los preparativos para la hora de desembarcar, y mientras movía cajas de un lado para otro, pudo percatarse de una pequeña y energética figura en el puerto de la isla que zarandeaba de un lado a otro una bandera de la Marina. No esperaba una bienvenida tan simpática y eso le alegró aún más el ánimo. Al amarrar en el puerto, el timonel del barco exclamó —Hemos llegado a nuestro destino, Baterilla—.
Al bajar al puerto con todos los reclutas, pudo ver de cerca al hombre que les estaba saludando montado en una pila de barriles, a pesar de no llevar el uniforme estándar, se podía suponer que era marine por los colores de su ropa y la bandera que llevaba, su risa era agradable y confiada. Aunque de una forma completamente distinta, le transmitía lo mismo que aquel hombre gigante, era diferente al resto de marines que se había encontrado hasta ahora y no podía esperar a conocerlo.

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