29-10-2025, 08:25 PM
(Última modificación: 29-10-2025, 08:29 PM por Akira Raito.)
Akira, aún de brazos cruzados, escuchó la afirmación del señor cangrejo—. ¡Eso es! ¡Un héroe! ¡Yo vine a lo mismo! ¡Ayudar gente viendo mundo! ¡¿No es cómo cumplir un sueño?! —gritó entusiasmado mientras levantaba un brazo y señalaba a aquel gyojin con exoesqueleto directamente a la cara. Aunque por fuera se mostrara tan exuberante en su forma de ser tan extrovertida, por dentro estaba, si se podía decir, sonrojado. Le estaban llamando "señor", y no por ser un anciano, sino porque lo habían confundido con una figura de autoridad. Se giró y les dio la espalda a los soldados, tomó de nuevo aire, y se dio de nuevo la vuelta.
Pronto elevó la vista de nuevo hacia su amigo del tamaño de un titán—. Wow, grandullón... Todos aquí, me atrevo a decir, que podemos empatizar contigo. Ninguno queremos que la lacra de la sociedad haga reinar el caos —le respondió con ternura mientras se acercaba para abrazarle media espinilla izquierda.
—Bueno compañeros, a raíz de lo que dice nuestro amigo... Perdona, ¿cómo decías que te llamabas? —dejó de gritar a petición de Develio, si le escuchaba bien y no era necesario, prefería no quedarse afónico. A fin de cuentas, Akira era una persona a la que le gustaba demasiado hablar, como para perder ese don.
—He decidido que lo mejor será que vayamos primero al cuartel. Estoy viendo que todos cargáis con vuestro equipaje, y creo que lo mejor es que os instaléis tranquilamente, que veamos las instalaciones antes de la hora de comer, y que después hagamos una visita turística exprés a la isla. Al fin de cuentas, primero tendréis que saber dónde está el baño. Tchakikikikiyah —se rio de nuevo.
Acto seguido se colocó al lado del cangrejo y animó al resto de sus compañeros a iniciar la marcha en dirección al cuartel, que no se encontraba muy lejos del pueblo de Baquella. Estaba entre el muelle, el puerto y el faro. Un lugar clave para poder tener controlada la isla. No era un cuartel grande, era más bien pequeño, pero tenía todo lo necesario—. Oye, gran crustáceo, luego iremos al faro, no te preocupes. Además, queda cerca del cuartel. ¿Cuál es tu nombre? —al final al chico le iba a dar tortícolis. Cada vez el mundo era más grande. Aunque la mayoría de las poblaciones estuvieran adaptadas a gente de su altura, los altos estaban empezando a adueñarse del planeta.
Akira se puso una mochila al hombro y cogió una maleta cualquiera de alguno de los reclutas, y sin darse cuenta ya estaba hurgando en los bolsillos de la mochila. Encontró una piruleta de fresa y se la metió en la boca sin preguntar. Tampoco miró hacia atrás por si le molestaba al dueño—. Y bueno, que os apetecería comer en llegar. A mi personalmente me encantan los nigiris, si os gusta ese tipo de comida estáis de suerte. Esta isla prácticamente vive de la pesca... Lo siento compañero... —dijo mirando a su amigo el de pinza roja—. En cuanto a ti, no te preocupes, hay comida de sobra para diez como tú. Tan pronto como lleguemos te enseño dónde está la enfermería, el quirófano, el laboratorio farmacéutico y todo —se recolocó la mochila.
—Y no me confundáis chicos, que alguno de vosotros me ha hablado de usted... También soy un recluta que acaba de entrar al cuerpo. Tchakikikikiyah.
Pronto elevó la vista de nuevo hacia su amigo del tamaño de un titán—. Wow, grandullón... Todos aquí, me atrevo a decir, que podemos empatizar contigo. Ninguno queremos que la lacra de la sociedad haga reinar el caos —le respondió con ternura mientras se acercaba para abrazarle media espinilla izquierda.
—Bueno compañeros, a raíz de lo que dice nuestro amigo... Perdona, ¿cómo decías que te llamabas? —dejó de gritar a petición de Develio, si le escuchaba bien y no era necesario, prefería no quedarse afónico. A fin de cuentas, Akira era una persona a la que le gustaba demasiado hablar, como para perder ese don.
—He decidido que lo mejor será que vayamos primero al cuartel. Estoy viendo que todos cargáis con vuestro equipaje, y creo que lo mejor es que os instaléis tranquilamente, que veamos las instalaciones antes de la hora de comer, y que después hagamos una visita turística exprés a la isla. Al fin de cuentas, primero tendréis que saber dónde está el baño. Tchakikikikiyah —se rio de nuevo.
Acto seguido se colocó al lado del cangrejo y animó al resto de sus compañeros a iniciar la marcha en dirección al cuartel, que no se encontraba muy lejos del pueblo de Baquella. Estaba entre el muelle, el puerto y el faro. Un lugar clave para poder tener controlada la isla. No era un cuartel grande, era más bien pequeño, pero tenía todo lo necesario—. Oye, gran crustáceo, luego iremos al faro, no te preocupes. Además, queda cerca del cuartel. ¿Cuál es tu nombre? —al final al chico le iba a dar tortícolis. Cada vez el mundo era más grande. Aunque la mayoría de las poblaciones estuvieran adaptadas a gente de su altura, los altos estaban empezando a adueñarse del planeta.
Akira se puso una mochila al hombro y cogió una maleta cualquiera de alguno de los reclutas, y sin darse cuenta ya estaba hurgando en los bolsillos de la mochila. Encontró una piruleta de fresa y se la metió en la boca sin preguntar. Tampoco miró hacia atrás por si le molestaba al dueño—. Y bueno, que os apetecería comer en llegar. A mi personalmente me encantan los nigiris, si os gusta ese tipo de comida estáis de suerte. Esta isla prácticamente vive de la pesca... Lo siento compañero... —dijo mirando a su amigo el de pinza roja—. En cuanto a ti, no te preocupes, hay comida de sobra para diez como tú. Tan pronto como lleguemos te enseño dónde está la enfermería, el quirófano, el laboratorio farmacéutico y todo —se recolocó la mochila.
—Y no me confundáis chicos, que alguno de vosotros me ha hablado de usted... También soy un recluta que acaba de entrar al cuerpo. Tchakikikikiyah.

