29-10-2025, 11:22 PM
Las respuestas de sus nuevos compañeros eran perfectas —El gigante tiene razón, los piratas sin dudas son una enfermedad que hay que erradicar. Y se ve que no soy el único que quiere ser un héroe, como esperaba— Pensó. Sin dudas era como un sueño, por fin sentía que estaba rodeado de gente con sus mismos objetivos e ideales.
Decidieron poner rumbo al cuartel, el gran hombre tenía razón, lo primero es lo primero, además —el equipaje...— Ni siquiera había tenido tiempo de pensar en eso, estaba completamente abstraído pensando en sus nuevos compañeros, y la vida que le esperaba. Akira le resultó un tipo muy agradable estaba seguro de que alguien con esa buena energía haría más llevadera su estancia y Develio era claramente una persona buena y centrada, alguien en quien podría confiar cuando sea el momento.
Una vez se pusieron en marcha, Juan se quedó absorto con los paisajes de la isla, el pueblo de Baquella, a pesar de ser pequeño, tenía un encanto que se podía apreciar desde la distancia, el volcán, que se podía observar en la lejanía, era imponente y la vegetación tropical era completamente nueva para él, el mundo era un lugar increíble y ahora podría verlo todo mientras llevaba a cabo su deber. Akira le reconfortó asegurándole que más tarde irían al faro y Juan respondió —Por supuesto, tampoco puedo esperar para ver el cuartel, todo a su debido tiempo. Mi nombre es Juan Sebastián, un placer conocerte— Después de eso cogió una caracola del suelo, la limpió por encima y la uso de pompero como de costumbre. Se río ruidosamente al ver como su nuevo compañero cogía una piruleta del bolso de uno de los otros reclutas y se la metía en la boca.
Cuando le preguntó por la comida mientras se metía la piruleta en la boca Juan no pudo evitar babear, con el lío del desembarco no había podido desayunar. —No tengo problemas con comer pescados jajajajajaja, de hecho me encantan las sardinas y los moluscos... Lo único que puede ser algo violento es comer cangrejo, prefiero evitarlo—.
Que Akira no fuese un oficial le sorprendió y le llevó a preguntar —¿Cuánto tiempo llevas preparándote para entrar en la Marina Akira? Das la sensación de ser muy experimentado.— Esto llevó a Juan a pensar en sus objetivos, sabía que quería ser un héroe de la Marina, pero, ¿Cómo de lejos podría llegar, podría ser un héroe si se estanca como recluta para siempre? Sabía que había plazas limitadas para los puestos más altos e incluso algunos reclutas ya daban la sensación de estar preparados para ser oficiales como Akira o el observador y responsable Develio. Ahora sabía que tendría que esforzarse al máximo para no quedarse atrás, aunque le dolía la pinza de solo pensar en madrugar.
Decidieron poner rumbo al cuartel, el gran hombre tenía razón, lo primero es lo primero, además —el equipaje...— Ni siquiera había tenido tiempo de pensar en eso, estaba completamente abstraído pensando en sus nuevos compañeros, y la vida que le esperaba. Akira le resultó un tipo muy agradable estaba seguro de que alguien con esa buena energía haría más llevadera su estancia y Develio era claramente una persona buena y centrada, alguien en quien podría confiar cuando sea el momento.
Una vez se pusieron en marcha, Juan se quedó absorto con los paisajes de la isla, el pueblo de Baquella, a pesar de ser pequeño, tenía un encanto que se podía apreciar desde la distancia, el volcán, que se podía observar en la lejanía, era imponente y la vegetación tropical era completamente nueva para él, el mundo era un lugar increíble y ahora podría verlo todo mientras llevaba a cabo su deber. Akira le reconfortó asegurándole que más tarde irían al faro y Juan respondió —Por supuesto, tampoco puedo esperar para ver el cuartel, todo a su debido tiempo. Mi nombre es Juan Sebastián, un placer conocerte— Después de eso cogió una caracola del suelo, la limpió por encima y la uso de pompero como de costumbre. Se río ruidosamente al ver como su nuevo compañero cogía una piruleta del bolso de uno de los otros reclutas y se la metía en la boca.
Cuando le preguntó por la comida mientras se metía la piruleta en la boca Juan no pudo evitar babear, con el lío del desembarco no había podido desayunar. —No tengo problemas con comer pescados jajajajajaja, de hecho me encantan las sardinas y los moluscos... Lo único que puede ser algo violento es comer cangrejo, prefiero evitarlo—.
Que Akira no fuese un oficial le sorprendió y le llevó a preguntar —¿Cuánto tiempo llevas preparándote para entrar en la Marina Akira? Das la sensación de ser muy experimentado.— Esto llevó a Juan a pensar en sus objetivos, sabía que quería ser un héroe de la Marina, pero, ¿Cómo de lejos podría llegar, podría ser un héroe si se estanca como recluta para siempre? Sabía que había plazas limitadas para los puestos más altos e incluso algunos reclutas ya daban la sensación de estar preparados para ser oficiales como Akira o el observador y responsable Develio. Ahora sabía que tendría que esforzarse al máximo para no quedarse atrás, aunque le dolía la pinza de solo pensar en madrugar.

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