01-11-2025, 10:31 PM
(Última modificación: 02-11-2025, 12:11 PM por Elemir B. Faiven.)
Una habitación blanca brillante cubría la zona, era un lugar perfectamente iluminado pese a que no se veía ni focos ni luces, era un sitio distópico, dentro de la propia mente del ciego, era por así decirlo su propio palacio mental, estaba ahí en su centro sentado sobre lo que parecía un tronco de un árbol serrado, ese árbol se propagaba hacia abajo, un claro comportamiento nada natural, sus ramas grandes carecían de flores y se elevaban había lo que parecía una puerta del mismo material,una cortina se flores rojas cobrizas tapaban el tapiz de la puerta dejando asomar solo su silueta, en el suelo pétalos secos de éstas mismas flores dejaban un camino para caminar, el hombre solo estaba ahí sentado con sus piernas cruzadas casi como si esperara algo pero ¿El que?, no sabía decir decirlo pero...
-Disculpa, ¿Quiere o no quiere la copa?, comentó un hombre hediondo detrás de la barra, ¿Estaba en una taberna?, si llevaba algún tiempo sentado en un taburete a la espera de que le pusieran su bebida, estaba más que claro que el ciego quedó atrapado en sus propios pensamientos, un movimiento más que claro para evitar el ajetreo de la zona, quedar pensando en sus propias cosas en ese sitio, bastante raro era ya ver un ciego en aquella pocilga que encima tuviera que tratar con esas personas, algunos eran maleantes o criminales, otros bueno, solo estaban haciendo sus quehaceres, eres normal a veces las personas tenían que estar donde no querían, ¿Era este el caso de Faivens?
-Si, por favor y gracias, comentó el hombre dejando sus codos apoyados en la barra, solo tenía que esperar a que lo atendieran, estaba en paz escuchando toda clase de conversaciones triviales sobre la isla o las vivencias de las personas, tenía que coger un barco para marcharse aunque sería por la noche de ese mismo día, tenía todo el tiempo del mundo para hacer sus quehaceres, -Aqui tiene amigo, exclamó ese hombre a lo que, el ciego respondió con una ligera reverencia con su cabeza, a veces simplemente se dignaba a pasar sus dedos por la barra, notando el tacto de la madera en sus temas.
Movió con calma si diestra hasta encontrar el vaso, haciendo un pequeño ruido al resonar los hielos en su interior con el líquido, era gracioso como algo así le ayudaba a concentrarse pero, por favor aquel hombre no sufría de ningún problema de alcoholismo solo bueno, de vez en cuanto se tomaba ciertas libertades en sitios de mala muerte. Despacio dio un ligero sorbo acompañado de un suspiro mientras notaba cómo aquel líquido caía por su garganta, calentado su pecho y dejando que el alcohol hiciera su efecto.
"¿Cuanto tiempo llevaré aquí?", pensó para sus adentros mientras quedaba ahí, divagando ante lo que podría depararle ese mismo día, ¿Sería un día como otro más o pasaría algo de su interés?, solo tenía que dejarse guiar y descubrirlo.
-Cobrame cuando puedas señor, solicitó el hombre posando si diestra en el bastón que le servía de guía mientras que dejaba una cantidad de berries encima de la mesa, ya previamente conocía el valor de sus monedas y cuánto debía pagar, estaba más que claro que no era ni la primera ni la última copa que se tomaba y era, precisamente por esto por lo que conocía el precio de las mismas. Una vez el tendero le comunicara que todo estaba bien podría salir del sitio en busca de nuevas aventuras, sería muy divertido pensar que su propia torpeza sería lo que le daría cuartada para ir tan sobrio por la calle, borracho y ciego si es que lo tenía todo.
***
-Disculpa, ¿Quiere o no quiere la copa?, comentó un hombre hediondo detrás de la barra, ¿Estaba en una taberna?, si llevaba algún tiempo sentado en un taburete a la espera de que le pusieran su bebida, estaba más que claro que el ciego quedó atrapado en sus propios pensamientos, un movimiento más que claro para evitar el ajetreo de la zona, quedar pensando en sus propias cosas en ese sitio, bastante raro era ya ver un ciego en aquella pocilga que encima tuviera que tratar con esas personas, algunos eran maleantes o criminales, otros bueno, solo estaban haciendo sus quehaceres, eres normal a veces las personas tenían que estar donde no querían, ¿Era este el caso de Faivens?
-Si, por favor y gracias, comentó el hombre dejando sus codos apoyados en la barra, solo tenía que esperar a que lo atendieran, estaba en paz escuchando toda clase de conversaciones triviales sobre la isla o las vivencias de las personas, tenía que coger un barco para marcharse aunque sería por la noche de ese mismo día, tenía todo el tiempo del mundo para hacer sus quehaceres, -Aqui tiene amigo, exclamó ese hombre a lo que, el ciego respondió con una ligera reverencia con su cabeza, a veces simplemente se dignaba a pasar sus dedos por la barra, notando el tacto de la madera en sus temas.
Movió con calma si diestra hasta encontrar el vaso, haciendo un pequeño ruido al resonar los hielos en su interior con el líquido, era gracioso como algo así le ayudaba a concentrarse pero, por favor aquel hombre no sufría de ningún problema de alcoholismo solo bueno, de vez en cuanto se tomaba ciertas libertades en sitios de mala muerte. Despacio dio un ligero sorbo acompañado de un suspiro mientras notaba cómo aquel líquido caía por su garganta, calentado su pecho y dejando que el alcohol hiciera su efecto.
"¿Cuanto tiempo llevaré aquí?", pensó para sus adentros mientras quedaba ahí, divagando ante lo que podría depararle ese mismo día, ¿Sería un día como otro más o pasaría algo de su interés?, solo tenía que dejarse guiar y descubrirlo.
-Cobrame cuando puedas señor, solicitó el hombre posando si diestra en el bastón que le servía de guía mientras que dejaba una cantidad de berries encima de la mesa, ya previamente conocía el valor de sus monedas y cuánto debía pagar, estaba más que claro que no era ni la primera ni la última copa que se tomaba y era, precisamente por esto por lo que conocía el precio de las mismas. Una vez el tendero le comunicara que todo estaba bien podría salir del sitio en busca de nuevas aventuras, sería muy divertido pensar que su propia torpeza sería lo que le daría cuartada para ir tan sobrio por la calle, borracho y ciego si es que lo tenía todo.
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