02-11-2025, 04:31 AM
Se limpió las lágrimas una tras otra, pero no se detienen ¿Cómo va a ocurrir si las palabras tampoco? No solo es su pasado, sino otro el que la atormenta, tanto que se tomó la cabeza con suavidad. Deseó no escuchar más, tapó sus oídos, pero ahí está, en el juicio de alguien más.
¿Porque cuál ha sido su gran pecado? ¿El aguantar? Mientras el destino clama por los crímenes de alguien más. Son ruido que presiona el pecho, que eriza el cabello, y que la obligó a pedir que se callen. Pero no pasa, es como si tuviese que saber todo esto. ¡¿Por qué?! Si no es el juez o el público, sólo conoce al acusado y se repite que le ha perdonado cosas que no le ha hecho a ella, como si eso fuese a arreglar algo.
Pero no ocurre ¿No? Porque sus palabras no traerá a la gente que no está, porque el pasado es imposible de cambiar y el presente ya no parece un regalo ¿Qué tiene que esperar? Llamó al futuro en un sonido ahogado que nadie escucha, porque qué daría porque llegara el siguiente día, que éste se termine, incluso que Owen le diga que jamás ocurrió. Una pesadilla que ha durado más de lo que debería, pero no acaba, no se termina y aunque las uñas pasen por su piel creando finas líneas rojas, no despierta.
—Es suficiente — debería serlo para este momento, pero las voces siguen y se solapan entre ellas. Pudo escuchar el pasado de él, el propio y a Owen peleándose consigo mismo, como si no pudiese estar de acuerdo con lo que ocurre. Quizo no oír, pero no es tan fácil como taparse los oídos, resuena dentro en un cosquilleo que le provocó dolor de cabeza, uno que pidió que se termine.
El silencio en ese instante no es el calvario de antaño y aunque adora los momentos sin él, ésto es diferente.
¿Ha dicho que va a enloquecer no?
Seguramente por eso por un instante lo pensó. El silenciar todo, porque si Owen no está, no debería poder escuchar más que los sonidos suaves del pasado. La tenue calma que parece permanente, que se rompe en malos momentos y nada más. Solo debe hacerlo, el atreverse una vez más y llegará el silencio. Llegará lo que tanto anhela en ese instante, el no escuchar la peor parte, como si el resto no existiera.
Tocó el suelo y tomó aire esperando que ocurra.
Pero no pasa. No pasa incluso si lo intenta una vez, si le duele el estómago y el cuerpo tiembla. No ocurre, no hay frío, invierno o silencio.
Y la respuesta es obvia.
No puede hacerlo.
Eso es todo.
—Es verdad, lo arruiné — se limpió el rostro con suavidad con la ropa que está en las mangas, en un gesto que se repite, porque la situación no cambia — Lo arruiné para que se quedara conmigo — porque si Owen ha tenido otros planes, no el importó truncarlos para retenerlo ahí con ella, en un egoísmo que tiene fin. Pero no le importó declararse la nueva culpable en un juicio que no fue suyo. — Porque yo también venía así. Supongo que necesitaba a alguien como yo. Y lo volvería a hacer una y otra vez.
No es sólo la ceguera, son muchas cosas que Owen ha pasado por alto. Es la ignorancia, la torpeza y el molestarlo constantemente, en una demanda que no ha tenido fin.
Ha vivido más tiempo, pero menos cosas. No es una larga lista de pecados como él, por eso es que aparecen, esos sonidos que también recuerda. Seguro puede oírlos, el golpeteo al cortar las verduras de alguien que se escucha inexperto, las pisadas enérgicas de alguien que llega sin reparo cuando lo llama, el crepitar de las llamas cuando el sol se esconde y la respiración pausada de alguien en las noches.
—No me importa que Owen me quiera la mitad de lo que dice y me odie el resto — no le importa que sea la mitad, incluso un cuarto de lo que declara es suficiente si es él. No debería conformarse con tan poco, pero incluso si Owen duda de sus sentimientos, en ella no hubo ápice de ello, porque no ha sentido otra cosa.
Ha venido vacía desde el inicio, por lo tanto no existe espacio para la duda, porque se ha llenado con el cariño que siente, cada gesto y dedicación son genuinas, que nadie más habló por ella.
—Sí, te escucho.
Incluso si oye más cosas, supuso que es ese lado de Owen que ha acallado con caricias y comprensión. Que se ha apagado con paciencia, pero que no quiere ceder ¡Y está bien! Está bien si no le cree, si la declara mentirosa, si la obliga a ser el acusado, no le importó.
—Tienes razón con el querer.
Finalmente se soltó de la pared, se levantó y caminó. A diferencia de él, esto es lo normal, avanzar en la oscuridad, esperando encontrar algo. Pero no hay calor, sonido o pista de dónde puede estar.
—Porque yo ya no lo quiero, yo…
Encontró algo luego de tanto buscar. Ha sido como en un inicio, un golpe de suerte que ha salido bien.
—Yo te amo, Owen Yang. Por eso nos vamos a casar.
Y según tus promesas, ni la muerte nos va a separar.
¿Porque cuál ha sido su gran pecado? ¿El aguantar? Mientras el destino clama por los crímenes de alguien más. Son ruido que presiona el pecho, que eriza el cabello, y que la obligó a pedir que se callen. Pero no pasa, es como si tuviese que saber todo esto. ¡¿Por qué?! Si no es el juez o el público, sólo conoce al acusado y se repite que le ha perdonado cosas que no le ha hecho a ella, como si eso fuese a arreglar algo.
Pero no ocurre ¿No? Porque sus palabras no traerá a la gente que no está, porque el pasado es imposible de cambiar y el presente ya no parece un regalo ¿Qué tiene que esperar? Llamó al futuro en un sonido ahogado que nadie escucha, porque qué daría porque llegara el siguiente día, que éste se termine, incluso que Owen le diga que jamás ocurrió. Una pesadilla que ha durado más de lo que debería, pero no acaba, no se termina y aunque las uñas pasen por su piel creando finas líneas rojas, no despierta.
—Es suficiente — debería serlo para este momento, pero las voces siguen y se solapan entre ellas. Pudo escuchar el pasado de él, el propio y a Owen peleándose consigo mismo, como si no pudiese estar de acuerdo con lo que ocurre. Quizo no oír, pero no es tan fácil como taparse los oídos, resuena dentro en un cosquilleo que le provocó dolor de cabeza, uno que pidió que se termine.
El silencio en ese instante no es el calvario de antaño y aunque adora los momentos sin él, ésto es diferente.
¿Ha dicho que va a enloquecer no?
Seguramente por eso por un instante lo pensó. El silenciar todo, porque si Owen no está, no debería poder escuchar más que los sonidos suaves del pasado. La tenue calma que parece permanente, que se rompe en malos momentos y nada más. Solo debe hacerlo, el atreverse una vez más y llegará el silencio. Llegará lo que tanto anhela en ese instante, el no escuchar la peor parte, como si el resto no existiera.
Tocó el suelo y tomó aire esperando que ocurra.
Pero no pasa. No pasa incluso si lo intenta una vez, si le duele el estómago y el cuerpo tiembla. No ocurre, no hay frío, invierno o silencio.
Y la respuesta es obvia.
No puede hacerlo.
Eso es todo.
—Es verdad, lo arruiné — se limpió el rostro con suavidad con la ropa que está en las mangas, en un gesto que se repite, porque la situación no cambia — Lo arruiné para que se quedara conmigo — porque si Owen ha tenido otros planes, no el importó truncarlos para retenerlo ahí con ella, en un egoísmo que tiene fin. Pero no le importó declararse la nueva culpable en un juicio que no fue suyo. — Porque yo también venía así. Supongo que necesitaba a alguien como yo. Y lo volvería a hacer una y otra vez.
No es sólo la ceguera, son muchas cosas que Owen ha pasado por alto. Es la ignorancia, la torpeza y el molestarlo constantemente, en una demanda que no ha tenido fin.
Ha vivido más tiempo, pero menos cosas. No es una larga lista de pecados como él, por eso es que aparecen, esos sonidos que también recuerda. Seguro puede oírlos, el golpeteo al cortar las verduras de alguien que se escucha inexperto, las pisadas enérgicas de alguien que llega sin reparo cuando lo llama, el crepitar de las llamas cuando el sol se esconde y la respiración pausada de alguien en las noches.
—No me importa que Owen me quiera la mitad de lo que dice y me odie el resto — no le importa que sea la mitad, incluso un cuarto de lo que declara es suficiente si es él. No debería conformarse con tan poco, pero incluso si Owen duda de sus sentimientos, en ella no hubo ápice de ello, porque no ha sentido otra cosa.
Ha venido vacía desde el inicio, por lo tanto no existe espacio para la duda, porque se ha llenado con el cariño que siente, cada gesto y dedicación son genuinas, que nadie más habló por ella.
—Sí, te escucho.
Incluso si oye más cosas, supuso que es ese lado de Owen que ha acallado con caricias y comprensión. Que se ha apagado con paciencia, pero que no quiere ceder ¡Y está bien! Está bien si no le cree, si la declara mentirosa, si la obliga a ser el acusado, no le importó.
—Tienes razón con el querer.
Finalmente se soltó de la pared, se levantó y caminó. A diferencia de él, esto es lo normal, avanzar en la oscuridad, esperando encontrar algo. Pero no hay calor, sonido o pista de dónde puede estar.
—Porque yo ya no lo quiero, yo…
Encontró algo luego de tanto buscar. Ha sido como en un inicio, un golpe de suerte que ha salido bien.
—Yo te amo, Owen Yang. Por eso nos vamos a casar.
Y según tus promesas, ni la muerte nos va a separar.
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