03-11-2025, 05:40 PM
Las caras de alegría de sus compañeros al ver sus dormitorios le sacaron una sonrisa genuina al joven de cabello puntiagudo. El barco en el que los vio llegar no parecía ser muy cómodo, de hecho, le sorprendió, ya que parecía un buque de batalla, no un crucero en el que los reclutas pudieran tener una serie de comodidades mínimas. Normalmente en las travesías largas se dividían en varios navíos, teniendo varios con soldados de guardia por si alguna amenaza se acercaba a su perímetro, pero permitiendo al resto un buen descanso. No iban a librar ninguna batalla, así que seguramente sería el barco que quedaba libre. Algo le quería sonar a Akira de que había movimientos por mar intentando cruzar al Grand Line, pero no le dio mucha importancia. Quizá ese sería el motivo de hacer un traslado en un buque de guerra.
—Que suerte compañero… Respirar bajo el agua… —por u n momento se perdió en sus pensamientos, soñando con cómo sería la posibilidad de bucear por tiempo ilimitado, sin preocuparse en absoluto por esa molesta presión en los pulmones. No se arrepentía de quien era ni de la raza a la que pertenecía, pero por gustos personales, le hubiera hecho la vida mucho más fácil—. ¿Si estáis mucho rato fuera del agua os resecáis? —volvió con rapidez, quizá era por su tipo de piel, ya que el cangrejo era una cáscara por fuera, pero solo de imaginarse tener que estar húmedo todo el tiempo le daba escalofríos. Quizá no era tan malo ser un mamífero.
Se rio con sus compañeros con a la anotación de que podría ser un dolor de cabeza a los criminales con sus volteretas—. Yo creo que daría más dolor de cabeza por lo que hablo —se volvió a reír.
Una vez en la enfermería, asintió ligeramente, con orgullo, mientras escuchaba lo que les decía su compañero Develio. La manera en la que lo había conocido le sugería que se trataba de un médico experimentado, y su barrido visual por la sala lo confirmó. Un rápido análisis de la disposición, el acceso a los recursos y los tiempos de respuesta mantenían a Akira con los ojos como platos y las orejas bien abiertas. Por otra parte, las preguntas de Juan eran cada cual más curiosa. Akira, que cargaba con tanta saturación mental por culpa del nervio contenido, se había detenido para seguir la conversación desde fuera. No quería preguntar por encima de Juan, ni quería interrumpir el conocimiento que estaba compartiendo Develio. Así que simplemente escuchó con atención. Quedándose especialmente con un dato que había acaparado toda su atención.
—Entonces… Dev… ¿Podría aguantar la respiración más tiempo si me haces una transfusión de la sangre de Juan Sebastián? —los miró a los dos, giraba la cabeza para fijar sus ojos de uno a otro con velocidad—. ¡Riesgo ninguno! ¿Juan me donas sangre? Dev, rápido, coge las bolsas esas de ahí, voy a por la máquina que hace no sé qué historia con el plasma —aunque bien le habían dicho que eran estudios preliminares y aun con mucho riesgo, tenía la convicción de que en un futuro aquello sería posible. Sabía que no podía adquirir esa habilidad de manera permanente, pero la posibilidad que existía de que se pudiera unas cuantas horas, incluso días, le emocionaba especialmente.
—Es broma chicos, aunque Dev, confío en que en un futuro serás capaz de lograrlo —era un humano pequeño si se comparaba con su compañero, una bolsa de sangre suya le serviría a Akira para más de un par de transfusiones. Elevó de nuevo la mirada al semigigante—. Y si él me donara sangre, ya flipas… —pensó mientras intentaba hacer un recuento de los muchos Akiras que equivaldrían a un Develio—. ¡La idea es que sí lo sea, así aprendes mucho más! —dijo con un tono bromista mientras cerraba un puño y lo chocaba con la palma de su otra mano, sugiriendo un gesto de estar preparado para el combate.
—¡Seguimos con el tour! —levantó el brazo a modo de guía esta vez, a medida que pasaban por los pasillos les comentaba la distribución de los despachos de los más altos cargos del cuartel. Señalaba las puertas y les hacía una breve descripción de la persona que encontrarían ahí dentro, pero sin abrir ninguna de esas puertas. La presentación oficial de los altos mandos se haría justo antes de la hora de la cena. Ahora estarían a sus cosas importantes, de personas importantes, con responsabilidades importantes.
La siguiente parada era el campo de entrenamiento. Un gran patio de arena batida, igual de anaranjada que una pista de tenis, manteniendo ese color característico de los edificios de Baterilla. Había maniquís, redes, dianas, sacos, espalderas, varias barras de metal y un gran arsenal con armas blancas y de fuego. A todo eso lo rodeaba una pista de atletismo de varios carriles.
—Que suerte compañero… Respirar bajo el agua… —por u n momento se perdió en sus pensamientos, soñando con cómo sería la posibilidad de bucear por tiempo ilimitado, sin preocuparse en absoluto por esa molesta presión en los pulmones. No se arrepentía de quien era ni de la raza a la que pertenecía, pero por gustos personales, le hubiera hecho la vida mucho más fácil—. ¿Si estáis mucho rato fuera del agua os resecáis? —volvió con rapidez, quizá era por su tipo de piel, ya que el cangrejo era una cáscara por fuera, pero solo de imaginarse tener que estar húmedo todo el tiempo le daba escalofríos. Quizá no era tan malo ser un mamífero.
Se rio con sus compañeros con a la anotación de que podría ser un dolor de cabeza a los criminales con sus volteretas—. Yo creo que daría más dolor de cabeza por lo que hablo —se volvió a reír.
Una vez en la enfermería, asintió ligeramente, con orgullo, mientras escuchaba lo que les decía su compañero Develio. La manera en la que lo había conocido le sugería que se trataba de un médico experimentado, y su barrido visual por la sala lo confirmó. Un rápido análisis de la disposición, el acceso a los recursos y los tiempos de respuesta mantenían a Akira con los ojos como platos y las orejas bien abiertas. Por otra parte, las preguntas de Juan eran cada cual más curiosa. Akira, que cargaba con tanta saturación mental por culpa del nervio contenido, se había detenido para seguir la conversación desde fuera. No quería preguntar por encima de Juan, ni quería interrumpir el conocimiento que estaba compartiendo Develio. Así que simplemente escuchó con atención. Quedándose especialmente con un dato que había acaparado toda su atención.
—Entonces… Dev… ¿Podría aguantar la respiración más tiempo si me haces una transfusión de la sangre de Juan Sebastián? —los miró a los dos, giraba la cabeza para fijar sus ojos de uno a otro con velocidad—. ¡Riesgo ninguno! ¿Juan me donas sangre? Dev, rápido, coge las bolsas esas de ahí, voy a por la máquina que hace no sé qué historia con el plasma —aunque bien le habían dicho que eran estudios preliminares y aun con mucho riesgo, tenía la convicción de que en un futuro aquello sería posible. Sabía que no podía adquirir esa habilidad de manera permanente, pero la posibilidad que existía de que se pudiera unas cuantas horas, incluso días, le emocionaba especialmente.
—Es broma chicos, aunque Dev, confío en que en un futuro serás capaz de lograrlo —era un humano pequeño si se comparaba con su compañero, una bolsa de sangre suya le serviría a Akira para más de un par de transfusiones. Elevó de nuevo la mirada al semigigante—. Y si él me donara sangre, ya flipas… —pensó mientras intentaba hacer un recuento de los muchos Akiras que equivaldrían a un Develio—. ¡La idea es que sí lo sea, así aprendes mucho más! —dijo con un tono bromista mientras cerraba un puño y lo chocaba con la palma de su otra mano, sugiriendo un gesto de estar preparado para el combate.
—¡Seguimos con el tour! —levantó el brazo a modo de guía esta vez, a medida que pasaban por los pasillos les comentaba la distribución de los despachos de los más altos cargos del cuartel. Señalaba las puertas y les hacía una breve descripción de la persona que encontrarían ahí dentro, pero sin abrir ninguna de esas puertas. La presentación oficial de los altos mandos se haría justo antes de la hora de la cena. Ahora estarían a sus cosas importantes, de personas importantes, con responsabilidades importantes.
La siguiente parada era el campo de entrenamiento. Un gran patio de arena batida, igual de anaranjada que una pista de tenis, manteniendo ese color característico de los edificios de Baterilla. Había maniquís, redes, dianas, sacos, espalderas, varias barras de metal y un gran arsenal con armas blancas y de fuego. A todo eso lo rodeaba una pista de atletismo de varios carriles.

