03-11-2025, 07:27 PM
La enfermería, que para Develio era un santuario de orden y ciencia, se había convertido de repente en el escenario de la exuberancia casi maníaca de Akira Raito. Develio observó al joven rubio gesticular, su mente saltando de la posibilidad teórica a la aplicación inmediata con una falta de precaución que era, a su manera, fascinante. Vio el destello de pánico cómico en los ojos de Juan Sebastián, quien adoptó una pose defensiva de broma. Eran niños jugando con fuego, solo que el "fuego" era la compleja ciencia de la hematología inter-especies.
Develio permaneció en silencio, dejando que la excitación de Akira alcanzara su punto álgido. Cuando el joven mencionó ir a por las bolsas y la maquinaria, el gigante finalmente intervino. No se movió. No levantó la voz. Simplemente exhaló una larga, lenta nube de humo con olor a mango, que pareció enfriar el aire caliente de la habitación.
-Akira.-
Su voz fue un baritono profundo, tranquilo, pero con un filo de autoridad absoluta que cortó de raíz la energía caótica.
-Detente.-
Esperó un segundo a que sus palabras hicieran efecto.
-Lo que he descrito es un procedimiento experimental complejo, no tan simple como cambiar un filtro de agua. La compatibilidad de nuestros tipos de sangre es una base, nada más. Una transfusión directa y sin tratar de la sangre de Juan a la tuya... no te mataría. Pero no haría lo que tú crees. Sería como poner agua salada en un motor de agua dulce. Tu cuerpo la aceptaría, pero no sabría cómo usarla eficientemente, además de que abusar de ella podría dañar el filtro...o los propios conductos que la guían, tus venas y arterias...
La mirada de Develio se desplazó por un instante a Juan. Mientras explicaba la compatibilidad, sus ojos, que no se perdían detalle alguno, habían seguido el breve parpadeo de la mirada de Juan Sebastián hacia abajo, hacia la articulación blindada de su propia pinza. Vio el casi imperceptible tensar de un músculo bajo el caparazón, un gesto involuntario de protección subconsciente ante la idea de la aguja. No era telepatía, era simplemente leer el lenguaje corporal con la misma facilidad con la que leía un historial médico. Sabía exactamente lo que Juan estaba pensando, era un libro abierto aquel muchacho, además había visto esos gestos en miles de pacientes que pasaron por sus enormes manos, ¿Cuántos pinchazos, inyecciones, transfusiones, costuras, cortes, extracciones tuvo que hacer?, se perdió ensimismado en la cuenta.
Su mirada volvió a Akira, y la sombra de su característica sonrisa ladeada apareció.
-Para que tus células puedan 'aprender' a usar la mayor capacidad de oxígeno de su sangre, esta tendría que ser tratada primero. Habría que someterla a un proceso de centrifugado para separar los glóbulos rojos gyojin y luego 'engañarlos' con un agente catalizador específico, probablemente una enzima sintética. Este agente modificaría temporalmente su membrana celular para que tu sistema no la rechace tan agresivamente y, lo más importante, para que tus pulmones puedan realizar el intercambio gaseoso de forma correcta. Sin ese tratamiento... su sangre sería solo un líquido inerte en tus venas, esperando ser filtrado y expulsado.
Hizo una pausa, dándole a Akira tiempo para procesar la densa explicación.
-En resumen, se necesita un laboratorio, no solo una aguja y una bolsa. La ciencia aún está en una fase... muy temprana. Cualquier error en el proceso y tu sangre podría coagularse en todas tus venas. Confío en que entiendas que ese es un resultado... indeseable.
Observó el resto del tour con su habitual silencio, absorbiendo la distribución de los despachos como un mapa táctico, era importante no molestar a alguno de los oficiales con mal genio o entorpecer algún tipo de trabajo importante dando el cante o entrando en algún despacho. Cuando llegaron al campo de entrenamiento, la vista le trajo una sensación de inevitabilidad. El lugar era, esencialmente, una fábrica de sus futuros pacientes.
Escuchó a Akira describirse como un "mono que da volteretas" y asintió levemente.
-La agilidad es una estrategia de prevención. Minimiza el daño tisular al evitar el impacto directo. Una elección inteligente.-Su pipa, que había vuelto a sus labios, emitió una voluta de humo, no parecía apagarla en todo el trayecto y si lo había hecho la había rellenado algo más, además de encenderla de nuevo.
-Este lugar...- comenzó, su voz un murmullo profundo mientras observaba a los otros reclutas entrenar a lo lejos-...mantendrá esta enfermería operativa. Asegúrense de estirar. La mayoría de las lesiones que trataré aquí no vendrán del enemigo, sino de un calentamiento inadecuado.
Chocó su propio puño, del tamaño de un pequeño caldero enorme, contra la palma de su otra mano, imitando el gesto de Akira, pero con un sonido sordo y pesado. Era un gesto de acuerdo, una promesa silenciosa.
-Cuando el entrenamiento les falle, estaré listo para reconstruirlos.
No había amenaza en sus palabras, solo la inquebrantable y serena certeza del hombre cuyo trabajo comenzaba precisamente donde terminaba el de los demás. Estaba listo para el combate. Su campo de batalla, simplemente, era la consecuencia.
Develio permaneció en silencio, dejando que la excitación de Akira alcanzara su punto álgido. Cuando el joven mencionó ir a por las bolsas y la maquinaria, el gigante finalmente intervino. No se movió. No levantó la voz. Simplemente exhaló una larga, lenta nube de humo con olor a mango, que pareció enfriar el aire caliente de la habitación.
-Akira.-
Su voz fue un baritono profundo, tranquilo, pero con un filo de autoridad absoluta que cortó de raíz la energía caótica.
-Detente.-
Esperó un segundo a que sus palabras hicieran efecto.
-Lo que he descrito es un procedimiento experimental complejo, no tan simple como cambiar un filtro de agua. La compatibilidad de nuestros tipos de sangre es una base, nada más. Una transfusión directa y sin tratar de la sangre de Juan a la tuya... no te mataría. Pero no haría lo que tú crees. Sería como poner agua salada en un motor de agua dulce. Tu cuerpo la aceptaría, pero no sabría cómo usarla eficientemente, además de que abusar de ella podría dañar el filtro...o los propios conductos que la guían, tus venas y arterias...
La mirada de Develio se desplazó por un instante a Juan. Mientras explicaba la compatibilidad, sus ojos, que no se perdían detalle alguno, habían seguido el breve parpadeo de la mirada de Juan Sebastián hacia abajo, hacia la articulación blindada de su propia pinza. Vio el casi imperceptible tensar de un músculo bajo el caparazón, un gesto involuntario de protección subconsciente ante la idea de la aguja. No era telepatía, era simplemente leer el lenguaje corporal con la misma facilidad con la que leía un historial médico. Sabía exactamente lo que Juan estaba pensando, era un libro abierto aquel muchacho, además había visto esos gestos en miles de pacientes que pasaron por sus enormes manos, ¿Cuántos pinchazos, inyecciones, transfusiones, costuras, cortes, extracciones tuvo que hacer?, se perdió ensimismado en la cuenta.
Su mirada volvió a Akira, y la sombra de su característica sonrisa ladeada apareció.
-Para que tus células puedan 'aprender' a usar la mayor capacidad de oxígeno de su sangre, esta tendría que ser tratada primero. Habría que someterla a un proceso de centrifugado para separar los glóbulos rojos gyojin y luego 'engañarlos' con un agente catalizador específico, probablemente una enzima sintética. Este agente modificaría temporalmente su membrana celular para que tu sistema no la rechace tan agresivamente y, lo más importante, para que tus pulmones puedan realizar el intercambio gaseoso de forma correcta. Sin ese tratamiento... su sangre sería solo un líquido inerte en tus venas, esperando ser filtrado y expulsado.
Hizo una pausa, dándole a Akira tiempo para procesar la densa explicación.
-En resumen, se necesita un laboratorio, no solo una aguja y una bolsa. La ciencia aún está en una fase... muy temprana. Cualquier error en el proceso y tu sangre podría coagularse en todas tus venas. Confío en que entiendas que ese es un resultado... indeseable.
Observó el resto del tour con su habitual silencio, absorbiendo la distribución de los despachos como un mapa táctico, era importante no molestar a alguno de los oficiales con mal genio o entorpecer algún tipo de trabajo importante dando el cante o entrando en algún despacho. Cuando llegaron al campo de entrenamiento, la vista le trajo una sensación de inevitabilidad. El lugar era, esencialmente, una fábrica de sus futuros pacientes.
Escuchó a Akira describirse como un "mono que da volteretas" y asintió levemente.
-La agilidad es una estrategia de prevención. Minimiza el daño tisular al evitar el impacto directo. Una elección inteligente.-Su pipa, que había vuelto a sus labios, emitió una voluta de humo, no parecía apagarla en todo el trayecto y si lo había hecho la había rellenado algo más, además de encenderla de nuevo.
-Este lugar...- comenzó, su voz un murmullo profundo mientras observaba a los otros reclutas entrenar a lo lejos-...mantendrá esta enfermería operativa. Asegúrense de estirar. La mayoría de las lesiones que trataré aquí no vendrán del enemigo, sino de un calentamiento inadecuado.
Chocó su propio puño, del tamaño de un pequeño caldero enorme, contra la palma de su otra mano, imitando el gesto de Akira, pero con un sonido sordo y pesado. Era un gesto de acuerdo, una promesa silenciosa.
-Cuando el entrenamiento les falle, estaré listo para reconstruirlos.
No había amenaza en sus palabras, solo la inquebrantable y serena certeza del hombre cuyo trabajo comenzaba precisamente donde terminaba el de los demás. Estaba listo para el combate. Su campo de batalla, simplemente, era la consecuencia.
