06-11-2025, 05:14 AM
Dharma y Sanemi, visto desde fuera, son un dúo bastante peculiar. Cualquiera podría pensar que tal choque de personalidad no puede llevarse bien, sin embargo, la ambición que ambos manejan los une también de forma distintiva. Al estar en una isla como Baterilla, con el poco tiempo que llevan, la verdad que hacer algo que puede recompensarlos y, de paso, llevarlos a conocer más la ciudad es más como un premio extra.
Lo encomendado, sobre el papel, es bastante sencillo entregar un objeto pequeño en cierto punto. Ambos piratas se encuentran ya subiendo un acantilado, poco vistoso. Sobre lo alto del mismo, se levantaba una figura de un templo de diseño oriental. La edificación de tres pisos, tiene las paredes pintadas de color blanco, con los tejados entre piso y piso de color rojo. Sobre la cima, justo al bordo del último tejado, está la figura de dos dragones mirándose fijamente.
-Oe… se ve bastante interesante se lugar -Conforme avanzaban la figura se levantaba aún más imponente. Y, aunque no se escuchaba ruido alguno, era evidente que el sitio estaba cuidado por el olor a hierba recién cortada y el poco polvo que se logra ver -¿No te da esa sensación de que todo parece muy sencillo?
Si de algo disfrutaba el joven de cabello blanco es de un gran olfato, no solo para distinguir olores comunes a lo lejos sino para captar el propio aroma de los humanos como perfumes, hasta el mismo sudor. Era evidente que en el lugar vivía más de una persona -Espero sean amigables -Murmuró solo para que su compañero sea capaz de captar lo dicho. En automático Sanemi entró en alerta, sus ojos se afilaron por instinto y estaba al tanto de que cualquier cosa pueda suceder. Seguro Dharma, entraría en ese mismo estado, no es de los que suelen dar mucha tribuna en peleas. Se puede decir que ambos disfrutan de estas situaciones
