07-11-2025, 03:40 PM
(Última modificación: 07-11-2025, 03:41 PM por Stroud Nanashi.)
OST
En efecto, en aquel lugar servían alcohol, y bien barato, además: prácticamente no servían otra cosa, de hecho. New Piano, como era conocido aquel lugar (pese a que, al menos por lo que pudiese ver Iggy, no había piano alguno a la vista) era todo un clásico entre los trabajadores de aquella zona de la selva. Pescadores locales, buzos de perlas, barqueros, capataces, traperos, mercaderes, burócratas sin nada que hacer, piratas venidos a menos... Todo el que pasaba una parte significativa de su día en el espesor de la jungla de Samba tenía un lugar con su nombre en aquella terraza, a la que todo el mundo sabía llegar pese a lo intrincado de su localización; para un extranjero, aquel lugar estaba prácticamente en mitad de la nada. El alcohol no sería de la mayor de las calidades, pero era un lugar inmejorable si uno quería relajarse o charlar con la gente adecuada en Samba, y aquellos eran los días en que uno quería hacer justamente eso. Las célebres perlas Terre, el pequeño tesoro local que se había convertido en una de las principales exportaciones de la zona, habían empezado súbitamente a perder calidad. Si antaño se habían caracterizado por su redondez casi antinatural y su radiante brillo nacarado, desde hacía unos días las perlas se habían vuelto deformes, sin brillo alguno y de colores erráticos. La pérdida de calidad implicaba, naturalmente, un descenso drástico en sus ventas; un descenso drástico en las ventas implicaba, naturalmente, un desplome de los beneficios, y un desplome de los beneficios implicaba... Bueno, ¡está claro qué implicaba! ¡Implicaba malas noticias para la Selva Anozama!
El dueño del New Piano, y a la vez el único empleado del lugar, alzó sus pobladas cejas cuando vio que Iggy se sentaba a la barra como si nada, y las alzó aún más cuando vio que se disponía a pedir algo. Sin embargo, cuando entraron los dos matones, a duras penas pareció sorprendido, y continuó con su labor, ordenando una pequeña estantería repleta de jarras y vasos, y quitándoles el polvo metódicamente. Esperaba que Iggy pidiese algo en cuanto se hubiese acabado el pequeño espectáculo que aquellos dos tipos enormes estaban dando, aunque, desde luego, resultaba sorprendente que tuviese ánimos para beber nada después de la nochecita que había pasado. Los gestos de los presentes se torcieron cuando oyeron cómo Iggy comenzaba a aplaudir y a jalear, de la nada, lo recién ocurrido. No era difícil adivinar que lo habían encontrado de mal gusto. Encontronazos como aquellos, habitualmente producidos entre capataces y trabajadores, eran el pan de cada día en cualquier establecimiento localizado en Anozama. Todo el mundo sabía que lo mejor era mantener las narices fuera de situaciones así, hacer como que no habías visto nada y seguir con tu vida, esperando que tardase mucho en llegarte a ti el turno.
Un par de parroquianos se levantaron en actitud amenazante cuando oyeron a aquella estrella del rock pasada de vueltas llamar viejales al dueño del New Piano. Este, sin embargo, hizo un ademán pacificador con las manos, restándole importancia, esbozando una sonrisa. "Me sorprende que quieras seguir bebiendo... O, más bien, que puedas," afirmó el hombre, cuyas enormes cejas cubrían sus ojos casi por completo. "Ese era Pran, el más joven de los Ferea. Lleva el Sindicato, así que suele estar metido en problemas. Con lo malas que están saliendo ahoras las perlas..." respondió el camarero con voz ronca y baja, negando con la cabeza y resoplando, tras colocar delante de Iggy un vaso de tubo larguísimo, lleno hasta arriba de espumeante cerveza. Colocando ambas manos sobre la gastada barra, hizo un ademán con la cabeza hacia la cajita que el muchacho había recogido. "Conociendo a Pran, me extrañaría que contuviese nada muy valioso. No tiene un duro a su nombre. Aun así, si no es por una cosa, es por otra: todos parecen estar busc..." afirmó, haciendo un gesto con las manos. Sin embargo, su discurso quedó cortado en el momento en que Pran volvió a subir corriendo a la terraza, aún más sudoroso que antes. Pareció intentar recobrar la compostura antes de dirigirse a los presentes.
"¡Esto...! ¡Ejem! Ejem. Esto... ¿Alguno ha visto una cajita por aquí? No sé si se me ha caído al ir a pagar," afirmó de forma poco convincente, caminando por el lugar, levantando alguna que otra silla y mirando bajo las mesas. Pese a intentar ocultarlo, parecía visiblemente nervioso. Sus ojos, entornados, dieron a parar en Iggy, que parecía sujetar algo en su mano. "¡Ey, amigo, hermano del rock! ¿La has visto, por un casual?," inquirió, intentando mantener un tono despreocupado y casual, pero al tiempo que giraba sobre sus talones, caminando con ansiosa rapidez hacia nuestro protagonista. Por mucho que se esforzase en ocultarlo, había una nota de desesperación en su voz. Al mismo tiempo, empezaban a oírse nuevamente, entre los árboles circundantes, pasos de alguien más dirigiéndose hacia la terraza del New Piano.
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