08-11-2025, 11:47 PM
OST
La ganzúa de Iggy entró con facilidad en la cajita, que no ofreció demasiada resistencia ante el intento de forzar la cerradura. En el interior de la misma, un elemental mecanismo dio un pequeño chasquido, y la única bisagra que sostenía la tapa del contenedor se levantó ligeramente. Su interior estaba forrado con lo que parecía martelé liso, de un color verde apagado. A medida que Iggy abrió la pequeña caja, un leve resplandor rosado y pálido salió del mismo, reflejándose sobre las gotículas de agua condensada que emergían del vaso de cerveza. En el interior descansaban una minúscula piedra, un octaedro rosáceo de superficie perfectamente lisa y pulida que emitía una pequeña cantidad de luz, y un papelito doblado bajo la misma. El tabernero pareció hacer el ademán de ir a responderle, pero ya era demasiado tarde, y no hubiera sido de buen gusto decirlo tan descaradamente delante de Pran.
Pran mantuvo una radiante y sudorosa sonrisa ante el palmetazo de Iggy, a quien miró con pretendida complicidad. "¡Ah, la tienes tú, amigo! Menos mal, hermano del rock 'n' roll, compañero d... ¿Eh?," dijo, quedando estupefacto cuando Iggy soltó, de pronto, que se la devolvería a cambio de un favor. Soportó, impávido, que Iggy le rodease los hombros con el brazo, manteniendo aún su sonrisa, que más bien parecía haberse congelado. Sus ojos, sin embargo, reflejaban una seriedad apabullante. Una vena en su sien empezó a hincharse cuando empezó a entender de qué palo parecía ir Iggy. "No me jodas, tío," dijo repentinamente, soltándose del brazo de Iggy. Era algo más bajo que Iggy, pero en aquel momento no lo pareció. Bajo la vieja camisa rosa, su físico resultaba más imponente de lo que hubiera podido aparentar antes, sentado tranquilamente con su copita de vino. "¿Quién te crees que eres, llegando aquí y jodiéndonos? ¿Acaso no sabes lo que pasa aquí, el problema que tenemos?," inquirió, alzando una ceja con desprecio ante la mano tendida de Iggy. Aún con un gesto amistoso, hizo un rápido ademán de arrebatar la caja de la mano de Iggy. Sintió que aquel extranjero se estaba quedando con él, o que había venido a aprovecharse de ellos.
Apretó los labios en una fina línea, y, por un momento, pareció que estaba a punto de romper a llorar. En el New Piano se había conjurado un silencio sepulcral. Desde las múltiples mesas, desde la barra, desde debajo de sombreros panameños, todos los ojos del establecimiento se habían clavado en Iggy y Pran. Hasta el viejo ventilador de aspas parecía hacer menos ruido, como si se hubiera vuelto tímido de pronto. A diferencia de nuestro protagonista, todos allí conocían a Pran, y sabían que era el típico sindicalista que, pese a las cacicadas de los capataces, no desistía en su lucha por los pescadores de perlas de la selva Anozama. Incluso quienes jamás habían cruzado una palabra con el muchacho habían, en más de una ocasión, visto cómo se llevaba una pelea de los matones de los capataces, o cómo se buscaba problemas por exigir diez berries más por hora para los trabajadores de la isla. Era, sin duda, alguien comprometido.
Sin embargo, nadie allí alzó la voz. Nadie saltó en su defensa ante las acciones de Iggy. En su lugar, sin embargo, los pasos que caminaban hacia el New Piano iban sonando más fuerte, y poco a poco, pareció haberse convertido en una marabunta. De la nada, una veintena más de tipos, uno detrás de otro, subieron por las escaleras del New Piano, plantándose en la terraza, frente a Iggy y Pran. Todos eran trabajadores, vestidos en sus atuendos habituales, alguno aún con el pelo empapado de haber estado sumergido en el río, buscando perlas. Aparte de sus caras de pocos amigos, muchos portaban palos, cañas o lo que hubiesen encontrado por ahí. Alguno de los parroquianos presentes en el New Piano bajó el ala de su sombrero, dando un trago, sin querer presenciar lo que estaba a punto de suceder. Nadie se fue. Todos sabían que, por respeto, había que quedarse. Todos intuyeron que Pran estaba vendido. Tal vez hubiese enfadado a los tipos equivocados esta vez, o tal vez su lucha sindical hubiese acabado por meterlos a todos en un problema, pero algo había ocurrido; estas cosas pasaban. Repentinamente, Pran dio la espalda a Iggy para situarse frente a los recién llegados, cruzado de brazos, en una actitud que parecía casi desafiante. Iggy no podía verle la cara, pero era como si aquella desesperación que rezumaba momentos atrás se hubiese desvanecido.
Off
Contenido Oculto

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