Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado]
#7
Su respiración quedó contenida en su tráquea, sin poner inhalar o exhalar, solo supo que, por un breve instante, el tiempo se detuvo y un trozo de delicada tela sedosa se deslizó por sus muñecas. No hubo rastro en su piel de ese resquemor, que tan bien conocía, que dejaba una atadura hecha para aprisionar y, sobre todo, para lastimar, por el contrario, sus muñecas probaron una suavidad contrastante con el regaño que recibía y que tan lejano se escuchaba a pesar de la cercanía de la voz ajena.

El mundo se hizo pequeño cuando intentó mover sus manos. El nudo, a diferencia de la tela, no tenía nada de suave. Su respiración volvió a hacerse presente, pues su propio cuerpo le rogó que tomara algo de aire, un aire que llegó a él después de una gran inhalación hecha por su boca, justo antes de que sus ojos repasaran la habitación y de que su mente fuera consciente, de nuevo, en donde estaba.

Menta.

El hombre conseguiría menta.

Eso le había pedido él mismo, pero no deseaba que lo dejara de manos atadas, indefenso. No, nunca le ha gustado estar en esa posición, prefiere ser él quien lleve las riendas, él es quien prefiere atar, someter, destazar. Siempre se asegura de que sus víctimas sean manejables, personas que, por defenderse, puedan hacer poco o nada, preferiblemente nada, pero ahora…ahora que es él quien se ve amarrado a una cama, disminuido ante la presencia de alguien más grande, más fuerte.

No.

No es más fuerte.

La única razón por la que el lunarian puede manejarlo como a un muñeco de trapo es porque su herida le impide actuar. En otras circunstancias esto no sería igual.

Se supone que debe confiar, se supone que este hombre le está ayudando, pero… ¿Cuántas veces él mismo no hizo de “buen samaritano” para luego anestesiar a su víctima y vaciarlo desde dentro? Los que han confiado en él no se convierten en más que cascarones huecos.

Una inhalación más y la herida en su abdomen vuelve a punzar. El dolor hace que sus puños se aprieten y que sus brazos se muevan con la intención de zafarse de la seda. No lo consigue.

El miedo empieza a invadirlo. La desconfianza se hace palpable. Lo último que desea es quedarse solo a merced de quien sabe quién, a fin de cuentas, cualquiera podía entrar a ese cuarto… ¿No?

—Espera…no…

"No te vayas."

Eso habría dicho si la puerta no se hubiera estrellado y su “ángel” de la muerte personal siguiera en la habitación, pero no.

La soledad le cayó como un balde de agua fría. El entorno era cómodo, sábanas de seda, un colchón mullido, el olor a incienso y perfume inundando el ambiente a tal punto que incluso él, con su escaso olfato, pudo percibir un aroma agradable, pero…no dejaba de ser un sitio de mala muerte, un prostíbulo barato en el que hombre corrientes iban a saciar sus necesidades a costa de canjear unos cuantos berries.

Su memoria, aunque fallida, rememoró su despertar confuso en la celda de un barco viejo, maloliente. Recordó las primeras palabras que escuchó de uno de los miembros de la tripulación que lo capturó después de… ¿Después de qué exactamente? Esa parte de la historia era confusa para él, pero, sea como sea, recordaba el mirar lascivo de aquel hombre, las conversaciones sobre por cuanto podrían vender su cuerpo y las manos callosas que lo revisaron para comprobar que no tenía “defectos” …Cómo se zafó de ese destino es otra historia, pero el pánico que lo embargó en aquel entonces era el mismo tipo de pánico que lo embargaba ahora.

Su respiración empezó a agitarse, sus ojos buscaban como escapar… ¿Qué tal si este hombre solo lo curaba para saldar su deuda? ¿Qué tal si terminaba siendo esclavo de esa pelirroja de antes? No, antes muerto…no…él no…no se mataría a si mismo, antes los mataba a ellos…si es que lograba zafarse del amarre hecho con la tela de seda.

Y, entonces, luego del esfuerzo sin sentido hecho para zafarse, cosa que no funcionó, su cuerpo empezó a pasarle factura, la herida, aunque tratada, comenzaba a escocer nuevamente, lo normal cuando ni siquiera había tomado un analgésico que lo ayudara con el dolor y, su cuerpo, empezaba a rendirse a ello. El cansancio llegó a él de golpe, ya no solo era el dolor en su abdomen, era debilidad en sus brazos atados, en sus piernas que hicieron el esfuerzo de traerlo hasta el frente del burdel y, en su cabeza, que mucho esfuerzo había hecho en mantenerlo despierto hasta ahora.

Cerró sus ojos, se quedó quieto y, por un momento, no pensó en lo que podía pasarle, solo quiso descansar y eso hizo. Dormir no estaría mal por un momento ¿o sí?

No escuchó cuando la puerta se abrió de nuevo, tampoco escuchó los pasos de quien regresaba a la habitación, de hecho, lo único que lo hizo reaccionar fue el roce de unas manos ajenas sobre las suyas y la inminente sensación de libertad que le brindó el ser desatado del nudo que lo mantuvo cautivo. Sus brazos cayeron sobre la cama y, la verdad es que no tenía el ánimo para acomodarlos a los lados de su cuerpo, así que se quedó así, con los brazos sobre su cabeza, sintiéndose ahora más vulnerable que antes.

Sus párpados le pesaron al intentar abrirlos, varias veces tuvo que parpadear rápido y seguido para que su mirada ambarina volviera a acostumbrarse a la habitación, a la luz, al color y a la presencia ajena.

—¿Me dormí? —Sí, por unos minutos, pero de algo le habían servido, aunque el cansancio no se iba tan fácil. Escuchó la disculpas del otro hombre y, sin oponerse, dejó que se recostara a su lado en la cama, de hecho, el calor del cuerpo contrario hizo que la comodidad lo envolviera de repente. Ahora sí bajó sus brazos y se acomodó mejor en la cama, dejando que las alas negras lo cubrieran, brindándole aun más calidez. —Jmmm…esto está mejor —. Susurró antes de pegarse al trabajado cuerpo contrario y pasar una de sus manos por las plumas negras de sus alas, para sentir la suavidad de estas… ¿Cómo es que un lunarian había sido atrapado así? No era experto en historia, pero con el portentoso físico que tenía… ¿Nunca había intentado liberarse? De seguro matar a sus “amos” sería bastante fácil.

—No me voy a morir —. Su respuesta salió con una voz rasposa, más grave de lo que pretendía, no era su culpa, era culpa del sueño, del cansancio, del dolor. —No creo que haya tocado ningún órgano importante, tampoco creo que haya sido tan profunda…soy médico, te lo dije antes, no mentía si es lo que crees —. En ese momento, con su mano libre, tomó los sobres de menta que le brindaba y, sin pensarlo dos veces, llevó el contenido hasta su nariz.

El olor llegó opaco, desganado, apenas perceptible y no sentía que eso fuera culpa de su olfato, simplemente, la calidad de la hoja no era tan buena. Tal vez el sobre pertenecía a alguna marca barata de té y; sin embargo, agradeció por el escaso olor mentolado que llegó a su nariz. Aquello sirvió como una droga que hizo que su mente se despejara, que sus sentido estuvieran más alertas… ¿Habría querido que la menta fuera de mejor calidad? Sí, pero podía conformarse con eso por ahora y, de paso, ahora que pensaba con más claridad, podía saciar su curiosidad.

—Gracias por la menta y por ayudarme —comentó con voz casual, alejando apenas el sobre de té de su nariz —, pero…hay algo que no entiendo… ¿Por qué lo hiciste? Si eso implicaba que tu deuda aumentara… ¿Por qué ayudarme? No me quejo, no me malentiendas, solo quiero entender y…de todos modos… ¿Por qué dejas que te gobiernen? Pareces fuerte… ¿Nunca has pensado en librarte de esa mujer? —No le dijo lo que él habría hecho con tal de zafarse del control de alguien más, no le dijo, por supuesto, lo que en verdad hizo con tal de “librarse” de quienes creyeron que podían controlarlo. —¿O es que…necesitas ayuda para ponerla en su lugar? —Sonrió de medio lado, la pelirroja se veía sana y esta noche había perdido una víctima…¿Quién decía que no podía suplantarla por otra?
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - por Hyákinthos - 09-11-2025, 10:25 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)