10-11-2025, 04:18 PM
Según volaron los primeros vasos y objetos hacia mi, saqué mi palanca y empecé a desviarlos con esta con bastante facilidad. -¿Enserio tío? ¿Tenemos que hacer esto por las malas? -Pregunté, más que al propio Pran fue como una pregunta general, pero no esperaba que nadie la respondiera.
Según comenzó la trifulca Travis volvió a huir pues es cierto que ya no pintaba nada allí, me había ayudado a efectuar el cambiazo y con eso bastaba. Debido a que la caja ya no era importante la dejé sobre la barra, bien cerrada. Si lo agitaba sonaría más o menos igual y el peso era parecido, si se confiaba demasiado la gema sería mía.
Le di la espalda al jefe de todos ellos mientras me metía de lleno en la trifulca, uno podía haber esperado que les perdonara la vida, pero no. Según llegó el primero le di un fuerte golpe en la cabeza abriéndosela. Su cuerpo cayó de golpe inerte, tiñendo la madera vieja del suelo con el color carmesí de su sangre. El resto no fueron muy diferentes, eran muchos pero se notaba su inexperiencia a la hora de pelear.
Golpes gritos y huesos rotos era la banda sonora que sonó en new piano durante unos instantes de desesperación. Según me atacaban con todo yo me iba dirigiendo a la salida con paso firme, desviando cada golpe de caña, palo o puños con mi arma y contratando ferozmente contra ellos. ¿Mi corazón? Ya les gustaría a esos pringaos poder siquiera llegar a tocarme.
Conforme llegué a la salida, había dejado tras de mí un reguero de destrucción, aquellas veinte personas yacían en el suelo, unos con mayores heridas que otros pero todos estaban allí, ¿Muertos? Podía ser, no me había contenido con la fuerza de mis golpes por lo que era probable que si quedaba alguno contenido vida se iba a quedar en el hospital durante mucho tiempo.
Mis ojos reflejaban locura y mi rostro una diversión indescriptible, podía sentir sangre y puede ser que algún trozo de víscera manchar mi cara. -Joder eso ha sido brutal… -Dije apoyándome en el marco de la puerta, con un gesto de chulería. -No esperaba tener que enfrentarme a ellos yo mismo, pensé que te buscaban a ti. -Agarré uno de los carteles que había en el tablón el cual había podido observar al principio. Concretamente el de la Marina. Aquel que buscaba que la gente se alistase apelando a que no importaba de donde venían. Todo mentiras. Limpié el líquido rojo que me había salpicado en la cara con él, y tras ello lo tiré al suelo y lo pisé sin remordimientos.
-¿Ha merecido la pena? -Pregunté señalando a Pran con mi arma la cual aún seguía manchada con la sangre de sus compañeros. -Sacrificar sus vidas para conseguir una puta piedra sin valor. ¿Sabes? Me compadezco de ellos. Dieron su vida por un capullo de mierda, que les prefiere poner en riesgo con tal de lograr sus intereses. -Mi tono sonaba más serio que nunca como si me hubiese dejado de bromas de repente. -Has dicho que parecía que había llegado aquí para joderos, pero en mi opinión ya estabais jodidos de antes. No erais libres, trabajáis para conseguir un ápice de sueldo y manteneros con vida para seguir trabajando, todo para que aquellos que están encima de vosotros si puedan ser libres y vivir su vida al máximo. -Por un momento suspiré, e hice un ademán para dejarle pasar. -No creo que me entiendas, pero ya tienes la pura caja y la puta gema que tanto ansiabas. -Me aparté de la puerta un poco para dejarle pasar si era lo que quería. -Puedes irte, pero piensa si esa piedra valía el precio que has pagado.
Sabía que me iba a culpar a mí, sabía que no iba a perdonarme por esto, ni siquiera iba a entender el punto de vista con el que yo lo veía, pero ellos me habían atacado primero, con tal de arrebatarme la puta caja de los cojones. Pese a dejarle pasar seguía alerta, pendiente de cada movimiento de Pran, pues no sabía que decisión iba a tomar. Si irse con lo que había venido a buscar o enfrentarme para vengar a sus compañeros caídos. Aunque si lo hacía no me iba a contener tampoco con él.
Según comenzó la trifulca Travis volvió a huir pues es cierto que ya no pintaba nada allí, me había ayudado a efectuar el cambiazo y con eso bastaba. Debido a que la caja ya no era importante la dejé sobre la barra, bien cerrada. Si lo agitaba sonaría más o menos igual y el peso era parecido, si se confiaba demasiado la gema sería mía.
Le di la espalda al jefe de todos ellos mientras me metía de lleno en la trifulca, uno podía haber esperado que les perdonara la vida, pero no. Según llegó el primero le di un fuerte golpe en la cabeza abriéndosela. Su cuerpo cayó de golpe inerte, tiñendo la madera vieja del suelo con el color carmesí de su sangre. El resto no fueron muy diferentes, eran muchos pero se notaba su inexperiencia a la hora de pelear.
Golpes gritos y huesos rotos era la banda sonora que sonó en new piano durante unos instantes de desesperación. Según me atacaban con todo yo me iba dirigiendo a la salida con paso firme, desviando cada golpe de caña, palo o puños con mi arma y contratando ferozmente contra ellos. ¿Mi corazón? Ya les gustaría a esos pringaos poder siquiera llegar a tocarme.
Conforme llegué a la salida, había dejado tras de mí un reguero de destrucción, aquellas veinte personas yacían en el suelo, unos con mayores heridas que otros pero todos estaban allí, ¿Muertos? Podía ser, no me había contenido con la fuerza de mis golpes por lo que era probable que si quedaba alguno contenido vida se iba a quedar en el hospital durante mucho tiempo.
Mis ojos reflejaban locura y mi rostro una diversión indescriptible, podía sentir sangre y puede ser que algún trozo de víscera manchar mi cara. -Joder eso ha sido brutal… -Dije apoyándome en el marco de la puerta, con un gesto de chulería. -No esperaba tener que enfrentarme a ellos yo mismo, pensé que te buscaban a ti. -Agarré uno de los carteles que había en el tablón el cual había podido observar al principio. Concretamente el de la Marina. Aquel que buscaba que la gente se alistase apelando a que no importaba de donde venían. Todo mentiras. Limpié el líquido rojo que me había salpicado en la cara con él, y tras ello lo tiré al suelo y lo pisé sin remordimientos.
-¿Ha merecido la pena? -Pregunté señalando a Pran con mi arma la cual aún seguía manchada con la sangre de sus compañeros. -Sacrificar sus vidas para conseguir una puta piedra sin valor. ¿Sabes? Me compadezco de ellos. Dieron su vida por un capullo de mierda, que les prefiere poner en riesgo con tal de lograr sus intereses. -Mi tono sonaba más serio que nunca como si me hubiese dejado de bromas de repente. -Has dicho que parecía que había llegado aquí para joderos, pero en mi opinión ya estabais jodidos de antes. No erais libres, trabajáis para conseguir un ápice de sueldo y manteneros con vida para seguir trabajando, todo para que aquellos que están encima de vosotros si puedan ser libres y vivir su vida al máximo. -Por un momento suspiré, e hice un ademán para dejarle pasar. -No creo que me entiendas, pero ya tienes la pura caja y la puta gema que tanto ansiabas. -Me aparté de la puerta un poco para dejarle pasar si era lo que quería. -Puedes irte, pero piensa si esa piedra valía el precio que has pagado.
Sabía que me iba a culpar a mí, sabía que no iba a perdonarme por esto, ni siquiera iba a entender el punto de vista con el que yo lo veía, pero ellos me habían atacado primero, con tal de arrebatarme la puta caja de los cojones. Pese a dejarle pasar seguía alerta, pendiente de cada movimiento de Pran, pues no sabía que decisión iba a tomar. Si irse con lo que había venido a buscar o enfrentarme para vengar a sus compañeros caídos. Aunque si lo hacía no me iba a contener tampoco con él.
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