11-11-2025, 02:14 AM
(Última modificación: 11-11-2025, 02:16 AM por Runin D. Kitay.)
Sed
Calor
Hambre
Calor
Hambre
¿Cuántas semanas o días se ha retorcido en el sinuoso sendero marítimo de la aventura? ¿En cuántas ocasiones ha sorteado desconocidos islotes e inusuales muelles? ¿Cuántas han sido las balsas prestadas y perdidas? El dramatismo asalta la mente de la adormilada fémina. El constante vaivén de la pequeña embarcación mece sus deseos más profundos: Un buen baño. ¿Cuándo fue la última vez que tomó uno? Hace… un día.
En realidad no lleva más de unas pocas horas navegando sin rumbo. Ha pedido a una embarcación mercante algo de ayuda y por alguna razón pensó que sus habilidades para la navegación iban más allá de la derecha o la izquierda, de los puntos cardinales o el sol sobre su hombro derecho. “Sigue el norte” dijeron. ¿Hace cuánto que lo había perdido? No hace poco, eso seguro. A pesar de ello la preocupación se mantiene al mínimo, tanto que la espera terminó por convertirse en aburrimiento, el aburrimiento en sueño y el sueño en bronceado.
¿A dónde pensaba ir? No tenía certeza. ¿Cómo llegaría a tierra? El mar oraría por ella. ¿Sentía la solitud y el temor proveniente de la incertidumbre? En lo absoluto. Runin tiende a pensar que su suerte no es tan terrible y que, si está acompañada de Cardan, nada malo puede llegar a suceder. Al menos esta vez no lo ha dejado abandonado en cualquier lugar o le ha dado permiso para explorar a su antojo, olvidándose que tiene alguien a quien proteger.
Runin y Cardan son iguales, en cierta medida.
Una serpiente de casi tres metros tomando el sol junto a su compañera de vida. Ambos han perdido el camino o el interés en obtener un dónde o un cuándo. Los ojos se han cerrado y la balsa ha llegado a un nuevo paraíso. El constante repiqueteo contra la piedra molestan a la serpiente. Está sisea y se envuelve en sí misma esperando que su dueña termine por despertar gracias al mismo imperioso y constante sonido.
Sonido que es acompañado por otro más, uno menos acuñado a la naturaleza y más a la vida mundana.
Una voz.
¡La voz de un maldito hombre!
¡Un hombre que estaba viendo a su Runin!
Una voz.
¡La voz de un maldito hombre!
¡Un hombre que estaba viendo a su Runin!
¿Qué haría un buen depredador como él para impedir tal acto de cobardía? ¿Qué decisión puede tomar una serpiente lily para impedir que su amada amazona fuese observada mientras dormía? ¡No hay más opciones que atacar! Armado de valor y de su pequeño sombrero de copa, Cardan se abalanzó sobre su presa. Si pudiera hablar y no solo sisear, seguramente le diría algo como “Un vergazo es lo que te voy a soltar”. En su lugar solo fue un continuo ssssssss antes de intentar morder al moreno.
¡Las serpientes vuelan!
¡Cardan vuela al ser lanzado por Ryota! Eso no es suficiente para aquellos que protegen lo que más aman y ¡se la ha llevado! ¡El vil humano se ha llevado su más grande tesoro!
Las palabras se agitan al igual que el cuerpo de la fémina o como las “s” que va formando Cardan al saltar una y otra vez para atrapar al secuestrador. A ojos de cualquiera aquello podría notarse irreal, en especial cuando el entrecejo de la mujer se frunce en molestia. ¿Quién interrumpe su sueño reparador? ¿Quién aprieta su cabello bajo su cuerpo haciendo que algunas raíces duelan? ¿Qué huele dulce en el ambiente? ¿Y por qué siente más calor de lo habitual?
Los ojos al fin se abren mostrando el brillo del chocolate que esconden. Parpadea una, dos, tres veces. ¿Se murió y nunca se dió cuenta? ¿Cómo ha llegado a esa situación? ¿Quién es el apuesto hombre que intenta secuestrarla?
![[Imagen: tL6yh7D.png]](https://i.imgur.com/tL6yh7D.png)
—Hey, cariño… ¿Nunca te han dicho que es de mala educación robar mujeres que provienen del mar?
La voz escapa somnolienta aunque audible, ligera y dulzona y perezosa.
Sus brazos ascienden hasta abrazarlo por el cuello, sujetándose a él cual princesa temerosa de caerse. Acerca sus pechos al del ajeno, restregándose mientras intenta ascender hasta el oído de su captor. Ve de reojo a la serpiente que los sigue en un intento de carrera que lo hace ver adorable con su pequeña corbata. —Has hecho que Cardan pierda el estilo, cariño, es imperdonable, fufufufu~ —Ríe muy bajo, sostiene el cabello del castaño echándolo hacia atrás, dejando expuesto el cuello. Runin abre la boca y la coloca contra el cuello del desconocido.
—Tres segundos para explicarte o te arranco la yugular. —Ahora realmente parece una boa, porque no piensa soltar a su presa. Los dientes se aprietan contra la piel bronceada del hombre, está a punto de morder aquel cuello. ¿Quién dice que las cosas no se parecen a su dueño?
