11-11-2025, 02:15 AM
Sus ojos se elevaron con esfuerzo, la respiración estaba agitada, su mano apretando su propia herida para evitar una hemorragia mayor a la que posiblemente estuviera sufriendo. Solo era un sadomasoquista, no un loco que quisiera morir. Sabía equilibrar esa pequeña y limitada balanza al menos un mínimo. Su cabeza se eleva cuando escucha sus pasos, pero no teme, ni al dolor, ni a la tortura, ya padeció eso varias veces. Por el momento se había mantenido en silencio, sus ojos fijos en la boca del arma que lo apuntaba directamente. De hecho, dibujaba una media sonrisa cargada de sadismo.
Puede sentirlo, la boca del arma sobre su propia herida. Aprieta la mandíbula, su sonrisa se desvanece, emite un quejido y su cuerpo tiembla. El dolor es intenso, tanto como lo que le está provocando. Condenada sea su locura. El sudor frío corre por su cuerpo, el dolor profundo del arma. No era necesario ese gesto si quería respuestas, pero le dio justo lo que necesitaba. ¿Cómo acercar algo que le provoca placer a un masoquista? Estaba bajando la guardia. Solo apuntaba a ese muslo, nada más, ni su pecho, ni un órgano vital. Su mano, manchada de su propia sangre, tomó la boca del arma, con un brusco movimiento, moviéndolo a un lado. Podría escuchar un segundo disparo quizás, o quizás no. Dependía de los reflejos del joven. En cualquier caso, si era así, la bala rozaría un lado de su muslo, el suelo de madera humeante y fresco. —He sobrevivido a mucho más que esto, joven Maeda, créame, si lo quisiera muerto, ahora mismo no estaría aquí. — jadeaba, su respiración entrecortada, el pantalón lo apretaba, pero más el intenso dolor de su propia herida.
—Si tanto te interesa mi jefe, te lo puedo presentar. No te recomiendo que conozcas su nombre, al menos no por ahora. — tomó una pausa, su mano se apretó con más firmeza en el arma, apretando la mandíbula. El dolor era casi insoportable. —Y si en serio me estás preguntando a qué se dedica sabiendo a qué me dedico yo, es que no sabes nada de nosotros. — Dudaba que el tirón del arma fuera suficiente para acercarlo, pero sí que no hacía falta mucho más para poder entablar una conversación con el joven, quien pareció más agresivo de lo que pudiera haber imaginado. A saber si sus padres siquiera conocían ese lado de él. Mordió ahora su labio inferior, cerrando los ojos con dolor, tomándose algunos segundos a medida que su mano iba perdiendo fuerza, la suficiente para soltar el arma. En parte, a propósito, buscaba que comprendiera que lo dejaba ir incluso con semejante situación. Solo pudo sentir la boca del arma apretarse de nuevo en su herida, dejando escapar un nuevo quejido de dolor.
Su mano temblaba ahora más, apretando sus ojos, jadeando. —Nosotros podíamos seguir moviéndonos, trabajar con nuestro tráfico ilegal, ellos lo podían camuflar. No hay más secreto que ese… Ese era su condenado trabajo, ocultar lo que hacíamos, nada más… A cambio nosotros ofrecíamos la protección que necesitaban a ellos y el resto de los “compañeros”. Maldita sea. Hay más políticos además de tus padres, ellos fueron quienes recomendaron a mi jefe a tus padres. — una vez más, una nueva pausa para poder respirar y poder centrarse, el dolor estaba empeorando, la sangre no dejaba de brotar de su pierna. —Si piensas que tus padres eran malos, te equivocas. — elevó lentamente su mirada, buscando ahora la de Kiyoshi, quien finalmente había tomado distancias. Con el esfuerzo que le quedaba, se apoyó en el mueble con su mano libre, manteniendo su pierna estirada, usando la fuerza de su propio brazo para ponerse en pie, aunque fuera solo con uno de ellos. La sangre ahora iba descendiendo por el traje de su pantalón encima del que había quedado por el suelo. —Conozco algunos de ellos, si quieres hacerles preguntas, te llevaré a esos políticos que tanto están asustados. Quizás así consigas la información que buscamos. — El rostro donde había quedado el golpe marcado, aunque no hubiera sido demasiado, sí fue suficiente para hacer que de su labio cayera un hilo de sangre. Pasó su mano por sobre ella, al menos la única que tenía libre.
—Brandon Lee, William Raymon y Anastasia Grace. — tres nombres, tres políticos distintos. Sus ojos se elevaron hacia el joven, quizás conociera, al menos, uno de ellos. —Ellos tres son quienes estamos investigando. Si conoces la línea de trabajo de tus padres, sabrás que trabajaron juntos. — Respiró de nuevo, apretando los ojos. ¿Cuánto tiempo más podría mantener la consciencia? —Brandon Lee de momento es uno de los sospechosos que tenemos. Contactó directamente con tus padres apenas horas de que fueran asesinados. — Una razón, una información que no era vacía. —Si quieres el resto de la información sobre Anastasia y William, es tu elección. Si me matas, dudo que puedas conseguir nada más. Estoy seguro de que los conoces, o al menos a alguno de ellos, aunque solo sea por el nombre. Los tres trabajaron para tus padres, uno de ellos como espía. Además, tengo documentación que confirmará lo que estoy diciendo. — ¿Cuál de ellos? No lo iba a mencionar hasta que bajara el arma.
![[Imagen: GQprQjB.png]](https://i.imgur.com/GQprQjB.png)
—¿Y qué pensarías si te dijera que tengo registros de la información que te estoy dando?
Puede sentirlo, la boca del arma sobre su propia herida. Aprieta la mandíbula, su sonrisa se desvanece, emite un quejido y su cuerpo tiembla. El dolor es intenso, tanto como lo que le está provocando. Condenada sea su locura. El sudor frío corre por su cuerpo, el dolor profundo del arma. No era necesario ese gesto si quería respuestas, pero le dio justo lo que necesitaba. ¿Cómo acercar algo que le provoca placer a un masoquista? Estaba bajando la guardia. Solo apuntaba a ese muslo, nada más, ni su pecho, ni un órgano vital. Su mano, manchada de su propia sangre, tomó la boca del arma, con un brusco movimiento, moviéndolo a un lado. Podría escuchar un segundo disparo quizás, o quizás no. Dependía de los reflejos del joven. En cualquier caso, si era así, la bala rozaría un lado de su muslo, el suelo de madera humeante y fresco. —He sobrevivido a mucho más que esto, joven Maeda, créame, si lo quisiera muerto, ahora mismo no estaría aquí. — jadeaba, su respiración entrecortada, el pantalón lo apretaba, pero más el intenso dolor de su propia herida.
—Si tanto te interesa mi jefe, te lo puedo presentar. No te recomiendo que conozcas su nombre, al menos no por ahora. — tomó una pausa, su mano se apretó con más firmeza en el arma, apretando la mandíbula. El dolor era casi insoportable. —Y si en serio me estás preguntando a qué se dedica sabiendo a qué me dedico yo, es que no sabes nada de nosotros. — Dudaba que el tirón del arma fuera suficiente para acercarlo, pero sí que no hacía falta mucho más para poder entablar una conversación con el joven, quien pareció más agresivo de lo que pudiera haber imaginado. A saber si sus padres siquiera conocían ese lado de él. Mordió ahora su labio inferior, cerrando los ojos con dolor, tomándose algunos segundos a medida que su mano iba perdiendo fuerza, la suficiente para soltar el arma. En parte, a propósito, buscaba que comprendiera que lo dejaba ir incluso con semejante situación. Solo pudo sentir la boca del arma apretarse de nuevo en su herida, dejando escapar un nuevo quejido de dolor.
![[Imagen: JW4swpU.png]](https://i.imgur.com/JW4swpU.png)
—Ya te lo he dicho… Nos ayudaban a ocultarnos de lo que hacemos.
Su mano temblaba ahora más, apretando sus ojos, jadeando. —Nosotros podíamos seguir moviéndonos, trabajar con nuestro tráfico ilegal, ellos lo podían camuflar. No hay más secreto que ese… Ese era su condenado trabajo, ocultar lo que hacíamos, nada más… A cambio nosotros ofrecíamos la protección que necesitaban a ellos y el resto de los “compañeros”. Maldita sea. Hay más políticos además de tus padres, ellos fueron quienes recomendaron a mi jefe a tus padres. — una vez más, una nueva pausa para poder respirar y poder centrarse, el dolor estaba empeorando, la sangre no dejaba de brotar de su pierna. —Si piensas que tus padres eran malos, te equivocas. — elevó lentamente su mirada, buscando ahora la de Kiyoshi, quien finalmente había tomado distancias. Con el esfuerzo que le quedaba, se apoyó en el mueble con su mano libre, manteniendo su pierna estirada, usando la fuerza de su propio brazo para ponerse en pie, aunque fuera solo con uno de ellos. La sangre ahora iba descendiendo por el traje de su pantalón encima del que había quedado por el suelo. —Conozco algunos de ellos, si quieres hacerles preguntas, te llevaré a esos políticos que tanto están asustados. Quizás así consigas la información que buscamos. — El rostro donde había quedado el golpe marcado, aunque no hubiera sido demasiado, sí fue suficiente para hacer que de su labio cayera un hilo de sangre. Pasó su mano por sobre ella, al menos la única que tenía libre.
—Brandon Lee, William Raymon y Anastasia Grace. — tres nombres, tres políticos distintos. Sus ojos se elevaron hacia el joven, quizás conociera, al menos, uno de ellos. —Ellos tres son quienes estamos investigando. Si conoces la línea de trabajo de tus padres, sabrás que trabajaron juntos. — Respiró de nuevo, apretando los ojos. ¿Cuánto tiempo más podría mantener la consciencia? —Brandon Lee de momento es uno de los sospechosos que tenemos. Contactó directamente con tus padres apenas horas de que fueran asesinados. — Una razón, una información que no era vacía. —Si quieres el resto de la información sobre Anastasia y William, es tu elección. Si me matas, dudo que puedas conseguir nada más. Estoy seguro de que los conoces, o al menos a alguno de ellos, aunque solo sea por el nombre. Los tres trabajaron para tus padres, uno de ellos como espía. Además, tengo documentación que confirmará lo que estoy diciendo. — ¿Cuál de ellos? No lo iba a mencionar hasta que bajara el arma.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
