11-11-2025, 04:38 AM
Las cosas no salían de lo común, sin embargo, tienen ese tufo de misterio que hace que toda esa escena sea bastante peculiar. Sanemi, parece algo irritable cuando recién lo conocen o interactúan, pero sabe controlarse y no es una persona fácil de provocar para que pise el palito, por así decirlo, al menos no antes del combate que es cuando deja salir su lado más salvaje y calculador. El guardián de la entrada, a golpe de vista, luce tranquilo, como si esta fuera una escena que suele repetir de tal forma que le resulta familiar.
Sanemi no se sorprendió, después de todo, la forma en que les pidieron el favor fue poco común. Comenzó a caminar a la par que su compañero para acortar la distancia con la entrada al templo. Uno al costado del otro, con confianza en sus capacidades y por qué no en el otro. El de cabellera albina comprendía que Dharma puede sentirse fácilmente identificado por sus orígenes, por lo cual podría estar especialmente interesado en ese lugar -Esto puede traerte algunos recuerdos ¿no? -Dijo con voz baja, tranquila y con su particular sonrisa de medio lado. Es de esos momentos en los que las personas suelen estar en contacto con parte de su pasado, para bien o para mal.
Para cuando el tipo con sombrero de paja terminó de hablar sobre sus rasgos físico, logró abrir las puertas en su totalidad dejando ver el diseño interior. Los detalles estaban bien cuidados y son fieles a la cultura oriental. De pronto salieron cuatro personas más, las cuales se pusieron a los costados del pasadizo con la mirada al frente, sus manos a los costados y una postura perfectamente recta -Oe… cuanta formalidad -Comentaba Sanemi. Era bastante protocolar para ser tan pocas personas, podría pensarse que son los últimos que quedan.
- ¿Ven ese dragón en el fondo? Lo que tienen ustedes es… un tributo para el ¿Me acompañan? -Las cosas se tornaban cada vez más curiosas. Toge solo atinó a bajarse la capucha para dejar ver su cabellera en su totalidad. Buscó con la mirada a Dharma, simplemente para transmitir su mensaje, sin decir nada. Entraría, sí, pero pensando que en cualquier momento se puede desatar algún tipo de inconveniente. No tenían por qué temer, a pesar de la inmensidad del lugar, es bastante obvio que solo habitan las cinco personas ya mostradas. Y así, Toge comenzó a dar sus primeros pasos hacia dentro, sin perder detalle en la caminata, analizando cada paso, estructura y, digámosle, opciones.
Sanemi no se sorprendió, después de todo, la forma en que les pidieron el favor fue poco común. Comenzó a caminar a la par que su compañero para acortar la distancia con la entrada al templo. Uno al costado del otro, con confianza en sus capacidades y por qué no en el otro. El de cabellera albina comprendía que Dharma puede sentirse fácilmente identificado por sus orígenes, por lo cual podría estar especialmente interesado en ese lugar -Esto puede traerte algunos recuerdos ¿no? -Dijo con voz baja, tranquila y con su particular sonrisa de medio lado. Es de esos momentos en los que las personas suelen estar en contacto con parte de su pasado, para bien o para mal.
Para cuando el tipo con sombrero de paja terminó de hablar sobre sus rasgos físico, logró abrir las puertas en su totalidad dejando ver el diseño interior. Los detalles estaban bien cuidados y son fieles a la cultura oriental. De pronto salieron cuatro personas más, las cuales se pusieron a los costados del pasadizo con la mirada al frente, sus manos a los costados y una postura perfectamente recta -Oe… cuanta formalidad -Comentaba Sanemi. Era bastante protocolar para ser tan pocas personas, podría pensarse que son los últimos que quedan.
- ¿Ven ese dragón en el fondo? Lo que tienen ustedes es… un tributo para el ¿Me acompañan? -Las cosas se tornaban cada vez más curiosas. Toge solo atinó a bajarse la capucha para dejar ver su cabellera en su totalidad. Buscó con la mirada a Dharma, simplemente para transmitir su mensaje, sin decir nada. Entraría, sí, pero pensando que en cualquier momento se puede desatar algún tipo de inconveniente. No tenían por qué temer, a pesar de la inmensidad del lugar, es bastante obvio que solo habitan las cinco personas ya mostradas. Y así, Toge comenzó a dar sus primeros pasos hacia dentro, sin perder detalle en la caminata, analizando cada paso, estructura y, digámosle, opciones.
