[Pasado] El eco de un devenir tortuoso. [Social - Gwen]
#9
Owen, desde que conoció a Gwen en profundidad, vio como ella estaba profundamente afectada por todo lo que había ocurrido en algo que había parecido un sueño muchísimo más que vívido. Él estaba profundamente feliz de que aquello haya terminado, de que todo lo que tuviese delante de sus orbes celestes sean aquellos violáceos de la muchachita o, aunque sea, esos párpados cerrados, ¿Qué más daba? Gwen, Gwen, Gwen, Gwen, su nombre rebotaba en su cabeza como si en su cráneo solo existiese una pelota de goma con aquel nombre grabado...aunque, su corazón, por un segundo, se apretó, con una fuerza atroz.

— Porque yo sentí que... aun tenías dudas —

-...yo...yo no...-

— Yo… creo que también las tengo.

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-...tienes...dudas?-

Se asustó, mucho. Ni todo lo que había vivido en aquella proyección, ni todas las voces que le habían atacado, ni todos los recuerdos que mantenían sus arterias atrofiadas y le evitaban poder sentir un verdadero afecto le preocuparon tanto como sus palabras. Se quedó estático, congelado, mirándole de arriba a abajo mientras pequeños destellos marrón clarito de la arena le decoraban producto del pequeño revolcón que el pelirrojo le había dado. Ella se veía...incómoda, molesta, jamás la había visto así, en todos los meses que se conocían. Owen estaba...tenso, nervioso, quería comerse la cutícula de los dedos pero no llegaba al estar petrificado por la situación. Sintió cómo las cálidas y hermosas manos de su mujer favorita atraparon la ropa de su torso, demandándole el porqué había hecho todo esto. Cuál era la razón de hacerles pasar un mal trago sin razón, "Porqué debía lastimarse así".

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-...yo solo querí-

—¡Ni mi vida o yo valgo tanto la pena! —

No le quitaba la vista de encima, pero ella estaba furiosa. Estaba asustado, podía notarse en su expresividad, en su tono de voz, pero ella le interrumpió, porque no sabía si esto había hecho el suficiente daño en su corazón como para que su despedida fuese definitiva y...que no vuelvan a buscarse nunca más -...Yo solo quería- su mirada vagó en todas direcciones, sintiendo un pequeño golpecito que le movilizó el cuerpo, haciendo que esa cara de perro mojado, cada vez más, se acentuara, volviéndolo a interrumpir. Jamás la había visto así de molesta, sonrojada, enrabiada, agitada. Por primera vez...Owen recordó, mientras la escuchaba, algo...muy importante, de esas cosas que se guardan como pequeñas piezas de puzzle de un gran dibujo general:

Recuerdo:


Ella decía que debería decirle que se acabó. Que es suficiente, que después de esto no aguantaría el enojo y el haberle arrastrado a una sensación tan deleznable como la sufrida en su pasado. Él...lentamente empezó a acercarse a ella mientras ambas manos, como si fuesen dos trozos de seda que se deslizaban por esos brazos tan suaves, hermosos y únicos que ella tenía, la atraparon de la espalda para pegarla a él. Esta vez sería diferente, se lo prometió a sí mismo y a ella. Esta. Vez. Sería. Diferente. Ya no es Owen, el terrorista de Tamanegi, el bastardo del poderoso, el pobre que destruye por envidia. Porque...incluso la propia Gwen, parecía que tampoco iba a perder el nexo que ambos les unía de forma tan visible como invisible.

La pegó a sí, con fuerzas, apretándola con aquel sol tenue que, gracias a la brisa, hacía que se sintiese todo con una calidez bellísima, como el amanecer que solamente la primavera o una fresca mañana de otoño podría dar. Ella, rota a llorar, buscaba limpiarse el llanto con su manga mientras que el pelirrojo, en cambio, no la soltó de la unión que él forzó. Con su mano derecha la aproximó al rostro perfecto y absolutamente despampanante que solo Gwen podía tener y, limpiándole cada lagrimita que caía con el índice, quedó justo delante de ella, casi nariz con nariz.

-No me voy a ir a ningún lugar, Gwen.-

Porque se lo dijo aquella noche, sentenciándolo con el primer beso entre ambos, y volvería a decirlo mil doscientas veces. No iba a besarla, quería que solamente le escuchase. Mientras sentía la calidez de cada gotita que caía desde sus párpados, le acariciaba incansablemente, con el corazón tan lleno de amor y cariño que le provocó una sonrisa gigantesca mientras entre-cerraba sus ojos -Si pude encontrar tanta luz después de tantísima oscuridad, fue gracias a esta belleza que tengo delante mío.- haciendo un poquitito de fuerza, besó la punta de su nariz, una levemente empapada por las lágrimas previamente derramadas -Has disipado todo Gwen, todo. Solo quedas tú, y lo que siento por ti.- y mientras aquellas palabras eran dichas, juntó ambas frentes.

Porque si existían dudas, hoy, se eliminaron para el resto de su vida en su corazón. Gwen cosió las pocas heridas que quedaban.

Aquel día parecía ser revelador, mucho, porque al igual que el propio pelirrojo, su futura esposa, ciertamente, también parecía tener...ciertas dudas con respecto a quién era realmente Owen Yang o...quien había sido: 

"¿Has lastimado a alguien hasta que...ya no esté?".

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-...Gwen?-

La mirada de Owen se descolocó con bastante horror, sabiendo que tendría que sincerarse con ella y mostrar quien fue esa bestia endemoniada y pelirroja que tanto daño hizo a inocentes y culpables por igual en su isla de origen. Parecía un intercambio, uno de esos que tanto les caracterizaba a ambos. Una equivalencia de intercambio donde el ser genuinos era lo único que importaría y primaría. Una donde ya la mentira no tenía cabida hace demasiado tiempo -...Yo...- seguía próximo a ella, pero sus palabras le descolocaron en demasía. Su corazón le apretaba el pecho, su garganta se ató como un nudo, no le sacaba los ojos de encima ni un solo segundo, más, al verla con una expresión que mezclaba incomodidad y la espera de lo peor, como un perro acostumbrado a los golpes que aprieta los ojos ante lo inminente de un futuro palazo. 

-...una vez...casi lo hago.-

Su tono de voz sonó extremadamente culpable, ni siquiera le hacía falta gesticular para que ella, con su incapacidad visual, sintiese la tristeza, pena y vergüenza en la voz de un Owen que apretaba los labios para aguantarse la frustración y ganas de llorar. Sus ojos fueron hasta la pelvis de su mujer favorita, perdidos, absortos en el recuerdo -...una vez, tuvimos una pelea de bandas, una...verdaderamente feroz, encarnizada. Peleábamos por parte del territorio de la isla y la cosa escaló, mucho.- el pelirrojo, con sus ojos entrecerrados, desviaba la mirada con una angustia indescriptible -En esa isla...todos me conocen, Gwen. Haber sido el hijo de un tipo tan famoso resonó en todos lados y eso no paró de traerme problemas. Todos sabían mi historia. Un día...un tipo quiso pasarse de listo, metiéndose conmigo y...con que soy un bastardo,- levantó su mirada, una que parecía estar oculta por una oscuridad totalmente irreconocible para cualquiera que viera esos ojos brillantes, locos y perspicaces del joven Owen Yang...a unos vacíos, oscuros, agrios, envueltos en una ira cegada por el rencor -y metiéndose con mi madre.- un suspiró escapó de su pecho, uno que le hizo apretar la mano que anteriormente masajeó muy suavemente el rostro de su amada (Aunque todavía no se lo haya dicho explícitamente) compañera, para apretarla en un puño -Luego de derribarlo...comencé a golpearlo con tanta fuerza, me...me cegué, me cegué, Gwen.- desesperado, empezó a mirar en todas direcciones -Me cegué...y...el tipo estaba tirado en el suelo...ensangrentado, convulsionando...yo...me separaron,- su voz temblaba, muchísimo, ¿Por lo que había hecho? En lo absoluto: Por lo que pudiese pensar la chica de la que estaba tan enamorado y hasta fuertemente obsesionado -quería seguirle golpeando. Quería callarle la boca para siempre. Quería que nadie más se metiese conmigo. Salí corriendo y estuve llorando toda la noche en un callejón, ya que ni siquiera podía ir a mi casa sin que mi madre me lanzase una botella de alcohol por la cabeza.- en su mirada Gwen era su juez, y él, el convicto por el que se decidiría qué pasaría después...de su confesión.

-Recuerdo que había un espejo abandonado y cuando me vi...parte de mi cara estaba cubierta con sangre. Me asustó tanto verme...que lo golpee...lastimándome el puño,- y, tomándole una de esas manitos tan suaves y que tanto le seducen al muchacho, le enseñó a su mujer favorita unas pequeñas irregularidades justo a la altura de los nudillos de su dedo anular y medio, como si hubiese tenido que tener sutura en ellos -porque no quería ser él. No soy malo, nunca quise serlo, ¡Por eso...!- ese entusiasmo, energía y mezcla de desesperación, afloró en el corazón del muchachito otra vez -Por eso...eres tan importante Gwen. Por eso, ¿Porqué, me preguntas?- sin siquiera soltar el contacto que ambos tenían con sus manos, ahora, ambas, se posaban justo en esa mejillita de la que él se apoderaba una y otra vez -¿Porqué me metí en esa cueva? ¿Porqué quise ver lo que era ser tú? ¿Porqué te mostré lo peor de mi? Porque tu eres mi futuro, Gwendolyn...Yang.- el apellido le sonrojó y coloreó, casi sin poder creer que alguien pudiese elegirle de semejante manera -Y mi pasado me importa un carajo, un putísimo carajo, si mi presente y futuro es contigo. Owen Yang es feliz, y es feliz gracias a ti. No puedo, no debo, no quiero perderte. Estoy seguro que el día que muera, en mi próxima vida,- rápido, fugaz, como un destello, le besó, solo con el contacto de ambos labios, separándose rápidamente -volveré a barrer el mundo para buscar otra vez. Y otra vez. Las que hagan falta.- pero ahora...le tocaba a ella revelar lo que acaballaba su corazón.

-¿Recordaste...quién es Griselda, entonces? ¿Quién...lastimó tu cuerpo? ¿Me quieres? No seré más...el monstruo que tuve que ser.-
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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RE: [Pasado] El eco de un devenir tortuoso. [Social - Gwen] - por Owen Yang - 11-11-2025, 08:37 PM

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