12-11-2025, 04:51 AM
Dharma es de los personajes que para el común puede ser un poco difícil de entender, por la forma en que habla y actúa, es como si se tratara de una entidad superior. Sanemi, no creía que fuera eso, pero nota que trabaja día a día para acercarse lo suficiente a sus ideales y objetivos ¿Está loco? Pueden que un poco, ambos. Fuera de burlarse por su forma de expresarse Sanemi lo escuchó con atención, todas y cada una de sus palabras, después de todo, fue esa personalidad lo que hace se lleven tan bien.
-Después de todo el presente es un regalo -Agregó mientras seguían andando, cruzando el pasillo poco a poco. En su estado de alerta el de pelo blanco suele mirar todo lo que se encuentre dentro de su rango de visión, sin mover el cuello para no llamar la atención. Se pueden sentir como las miradas se clavan en ellos, con cada paso que dan es como si se pudiera sentir una ligera tensión incómoda en el aire. Palpable.
Toge pensaba igual, no se interpondría al ritual o lo que sea que hagan para sus deidades, culto o lo que sea. Respetaba las diferentes culturas en las diferentes formas. El guardián que los escoltaba manifestaba que la entrega del objeto no era más que un mero trámite, algo rutinario. Esto no hacía más que alimentar las preguntas, en tal caso, la vieja pudo hacerlo. El tramo no era tan lejano como para que nadie pudiera no hacerlo.
Sangre. El característico olor a metal húmedo, óxido y salado se impregnó en el aire. No era para nada leve, Sanemi pudo diferenciarlo con tiempo gracias a su capacidad para diferenciar y captar olores superiores al promedio -Gahahaha… -Mostró una sonrisa de lado a lado mientras se frenó, a dos metros del altar del dragón. Echando un rápido vistazo al suelo se pueden notar manchas oscuras y negras -Oe… oe… Estos monjes son algo enfermos -Levantó su brazo derecho para señalar a todos con un barrido general de su dedo índice -No se han deshecho correctamente del olor a sangre, ni se molestan en ocultarlo -Tras esto los dueños de casa comenzaron a balbucear. Seguramente un retorcido credo o rezo.
-Después de todo el presente es un regalo -Agregó mientras seguían andando, cruzando el pasillo poco a poco. En su estado de alerta el de pelo blanco suele mirar todo lo que se encuentre dentro de su rango de visión, sin mover el cuello para no llamar la atención. Se pueden sentir como las miradas se clavan en ellos, con cada paso que dan es como si se pudiera sentir una ligera tensión incómoda en el aire. Palpable.
Toge pensaba igual, no se interpondría al ritual o lo que sea que hagan para sus deidades, culto o lo que sea. Respetaba las diferentes culturas en las diferentes formas. El guardián que los escoltaba manifestaba que la entrega del objeto no era más que un mero trámite, algo rutinario. Esto no hacía más que alimentar las preguntas, en tal caso, la vieja pudo hacerlo. El tramo no era tan lejano como para que nadie pudiera no hacerlo.
Sangre. El característico olor a metal húmedo, óxido y salado se impregnó en el aire. No era para nada leve, Sanemi pudo diferenciarlo con tiempo gracias a su capacidad para diferenciar y captar olores superiores al promedio -Gahahaha… -Mostró una sonrisa de lado a lado mientras se frenó, a dos metros del altar del dragón. Echando un rápido vistazo al suelo se pueden notar manchas oscuras y negras -Oe… oe… Estos monjes son algo enfermos -Levantó su brazo derecho para señalar a todos con un barrido general de su dedo índice -No se han deshecho correctamente del olor a sangre, ni se molestan en ocultarlo -Tras esto los dueños de casa comenzaron a balbucear. Seguramente un retorcido credo o rezo.
