12-11-2025, 01:59 PM
(Última modificación: 12-11-2025, 02:02 PM por Develio Torum.)
El comedor retumbaba con la energía renovada del trío. El episodio del cangrejo había pasado de un momento de pánico cómico a un punto de inflexión, una anécdota fundacional. Develio observó a sus dos amigos reír, una sonrisa genuina en el rostro de Akira, una carcajada estruendosa brotando de Juan. El semigigante permaneció en silencio, su pipa entre los labios, pero en sus ojos, detrás de sus gafas, había un brillo de algo que casi se asemejaba a la satisfacción. Su solución logística había funcionado. La unidad se había reforzado.
La broma de Akira sobre el canibalismo gyojin en caso de emergencia fue recibida por Develio con una ceja ligeramente arqueada.
-Bajo un escenario de supervivencia extrema, el tejido muscular es una fuente de proteína viable, independientemente de la especie,- afirmó con una seriedad tan absoluta que la hizo aún más hilarante. -Sin embargo, la logística de descuartizar y cocinar a un sujeto del tamaño de Juan en un barco varado sería... prohibitivamente compleja. Hay mejores opciones.
Dejó que esa imagen colgara en el aire antes de dar otra calada, la sonrisa ladeada regresando por un instante fugaz.
Luego vino la pregunta de Akira. Sueños.
Develio permaneció en silencio, escuchando atentamente. Las aspiraciones de Juan eran una mezcla fascinante de ciencia y una justa y abrumadora violencia. Un "tecnólogo" para ayudar a los heridos, una meta de creación y sanación. Y el deseo de derrocar a los Yonko, los cuatro tumores más grandes y malignos que asolaban el mar. Había una coherencia en la filosofía de Juan que Develio respetaba. El chico quería tanto reparar el daño como extirpar su causa raíz. Era la filosofía de un buen médico.
Cuando el gyojin terminó de hablar, la mirada de Akira se volvió hacia Develio. El comedor pareció silenciarse por un instante en la mente del semigigante. Se tomó su tiempo, retirando lentamente la pipa de su boca. El humo con aroma a mango se arremolinó sobre la mesa, un velo que se desvaneció lentamente, como sus propios pensamientos ordenándose.
-Mi camino es... similar al tuyo, Juan Sebastián,- comenzó, su voz profunda, cada palabra resonando con un peso cuidadosamente calibrado. -En un sentido diferente
Su mirada se perdió en la distancia, como si viera más allá de las paredes del comedor, hacia un mapa del mundo teñido de enfermedad.
-Quiero convertirme en el mejor médico que este mundo haya visto. No por la fama. No por el reconocimiento.-Hizo una pausa.
-La medicina se define por las enfermedades que no puede curar. El conocimiento actual es un parche. Es insuficiente.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, y su voz bajó, adquiriendo una intensidad que sus compañeros rara vez habían oído de él desde que se habían conocido.
-Existen dolencias incurables que devoran a la gente desde dentro. Tumores que no responden a la cirugía. Plagas que barren islas enteras sin que sepamos por qué. Un hombre no debería morir simplemente porque nacimos demasiado pronto para entender su enfermedad.
La pipa reposaba en su mano masiva, su calor ya olvidado.
-Y luego... están las plagas que caminan y hablan.-Su mirada era ahora dura como el acero.
-Tú los llamas Yonko, Emperadores del Mar. Yo veo lo que realmente son, desde una perspectiva clínica. Son las Cuatro Grandes Pandemias, más concretamente cuatro cánceres del mundo. Tumores en etapa cuatro, de crecimiento agresivo y con una capacidad metastásica devastadora. Infectan todo lo que tocan, creando nuevos crecimientos de violencia y desesperación a su paso. Propagan el sufrimiento como un virus aerotransportado.-Volvió a llevarse la pipa a la boca, la brasa brillando de nuevo con una luz feroz.
-Mi sueño... es la Erradicación Total. Tanto de las enfermedades que aún no tienen nombre, como de las cuatro plagas cuyos nombres todos conocen. Uno a uno. Aplicar la solución quirúrgica definitiva. Para eso se necesita el mejor instrumental, el mayor conocimiento, y una fuerza lo suficientemente abrumadora como para poder operar en el corazón del paciente más peligroso del mundo... sin que te mate en el proceso.
Exhaló el humo, no en un anillo, sino en una columna densa y decidida, como el humo de una pira funeraria. La propuesta de Juan sobre formar una división flotó entonces en el aire. Develio miró a Juan, y luego a Akira. La sonrisa ladeada, la de verdad, regresó.
-Médico, Navegante, Ingeniero. El núcleo de un equipo de respuesta rápida. Una unidad de respuesta rápida- asintió, lentamente. -El plan tiene... mérito clínico. Un buen doctor necesita un equipo competente. Estoy de acuerdo, juntos somos más fuertes.-Sentenció mirando a ambos compañeros y alzó el vaso de agua que le habían entregado del tamaño de un cubo junto a una de las bandejas.-Dicen que da mala suerte brindar con agua, pero estamos compuestos en nuestra mayor parte por esa misma agua, además no soy supersticioso Tortortortor-Alzó el cubo como si fuese un vaso pequeño en una de sus manos y lo levantó haciendo que Akira y Juan lo imiten. -¡Por la nueva división que formaremos!, ¡SALUD!
La broma de Akira sobre el canibalismo gyojin en caso de emergencia fue recibida por Develio con una ceja ligeramente arqueada.
-Bajo un escenario de supervivencia extrema, el tejido muscular es una fuente de proteína viable, independientemente de la especie,- afirmó con una seriedad tan absoluta que la hizo aún más hilarante. -Sin embargo, la logística de descuartizar y cocinar a un sujeto del tamaño de Juan en un barco varado sería... prohibitivamente compleja. Hay mejores opciones.
Dejó que esa imagen colgara en el aire antes de dar otra calada, la sonrisa ladeada regresando por un instante fugaz.
Luego vino la pregunta de Akira. Sueños.
Develio permaneció en silencio, escuchando atentamente. Las aspiraciones de Juan eran una mezcla fascinante de ciencia y una justa y abrumadora violencia. Un "tecnólogo" para ayudar a los heridos, una meta de creación y sanación. Y el deseo de derrocar a los Yonko, los cuatro tumores más grandes y malignos que asolaban el mar. Había una coherencia en la filosofía de Juan que Develio respetaba. El chico quería tanto reparar el daño como extirpar su causa raíz. Era la filosofía de un buen médico.
Cuando el gyojin terminó de hablar, la mirada de Akira se volvió hacia Develio. El comedor pareció silenciarse por un instante en la mente del semigigante. Se tomó su tiempo, retirando lentamente la pipa de su boca. El humo con aroma a mango se arremolinó sobre la mesa, un velo que se desvaneció lentamente, como sus propios pensamientos ordenándose.
-Mi camino es... similar al tuyo, Juan Sebastián,- comenzó, su voz profunda, cada palabra resonando con un peso cuidadosamente calibrado. -En un sentido diferente
Su mirada se perdió en la distancia, como si viera más allá de las paredes del comedor, hacia un mapa del mundo teñido de enfermedad.
-Quiero convertirme en el mejor médico que este mundo haya visto. No por la fama. No por el reconocimiento.-Hizo una pausa.
-La medicina se define por las enfermedades que no puede curar. El conocimiento actual es un parche. Es insuficiente.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, y su voz bajó, adquiriendo una intensidad que sus compañeros rara vez habían oído de él desde que se habían conocido.
-Existen dolencias incurables que devoran a la gente desde dentro. Tumores que no responden a la cirugía. Plagas que barren islas enteras sin que sepamos por qué. Un hombre no debería morir simplemente porque nacimos demasiado pronto para entender su enfermedad.
La pipa reposaba en su mano masiva, su calor ya olvidado.
-Y luego... están las plagas que caminan y hablan.-Su mirada era ahora dura como el acero.
-Tú los llamas Yonko, Emperadores del Mar. Yo veo lo que realmente son, desde una perspectiva clínica. Son las Cuatro Grandes Pandemias, más concretamente cuatro cánceres del mundo. Tumores en etapa cuatro, de crecimiento agresivo y con una capacidad metastásica devastadora. Infectan todo lo que tocan, creando nuevos crecimientos de violencia y desesperación a su paso. Propagan el sufrimiento como un virus aerotransportado.-Volvió a llevarse la pipa a la boca, la brasa brillando de nuevo con una luz feroz.
-Mi sueño... es la Erradicación Total. Tanto de las enfermedades que aún no tienen nombre, como de las cuatro plagas cuyos nombres todos conocen. Uno a uno. Aplicar la solución quirúrgica definitiva. Para eso se necesita el mejor instrumental, el mayor conocimiento, y una fuerza lo suficientemente abrumadora como para poder operar en el corazón del paciente más peligroso del mundo... sin que te mate en el proceso.
Exhaló el humo, no en un anillo, sino en una columna densa y decidida, como el humo de una pira funeraria. La propuesta de Juan sobre formar una división flotó entonces en el aire. Develio miró a Juan, y luego a Akira. La sonrisa ladeada, la de verdad, regresó.
-Médico, Navegante, Ingeniero. El núcleo de un equipo de respuesta rápida. Una unidad de respuesta rápida- asintió, lentamente. -El plan tiene... mérito clínico. Un buen doctor necesita un equipo competente. Estoy de acuerdo, juntos somos más fuertes.-Sentenció mirando a ambos compañeros y alzó el vaso de agua que le habían entregado del tamaño de un cubo junto a una de las bandejas.-Dicen que da mala suerte brindar con agua, pero estamos compuestos en nuestra mayor parte por esa misma agua, además no soy supersticioso Tortortortor-Alzó el cubo como si fuese un vaso pequeño en una de sus manos y lo levantó haciendo que Akira y Juan lo imiten. -¡Por la nueva división que formaremos!, ¡SALUD!
