12-11-2025, 11:50 PM
Por lo general el señor del averno tendía a colmarle la paciencia en cuestión de segundos, pero en esta ocasión trató de no darle tanta importancia a la falta de interés mostrado en su bonito vestido. Simplemente infló las mejillas, llevándose las manos a la cintura en una postura de reproche. Ese hombre sacaba lo peor de su persona en cuestión de segundos y todavía no entendía cómo.
| No soy enana | respondió con indignación.| Tú tienes una estatura poco normal.|
Su cometido fue cumplido cuando el muchacho la observó con atención, a lo que la rubia atinó a sonreír victoriosa de que por fin se dignase a admirar su adorable creación. No cualquiera era capaz de fabricar ropa con tan poco material y ella solita lo había conseguido. Por supuesto, el momento se esfumó tan rápido como llegó tras el comentario recibido por el pelinegro a tono de… ¿broma?
| ¡Yo siempre me baño! |
La replica se vio interrumpida por la risita de su camarada y no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa. Una sonrisa se esbozó en su rostro y lo observó con emoción. ¿Eso que había escuchado fue una risita? ¿El señor de las profundidades podía bromear? Aprender algo nuevo sobre él le trajo un extraño sentimiento reconfortante, ya que era con el que menos se relacionaba de los tres.
Se apresuró a seguirlo para entrar en el reino, tratando de sus mejillas no se ruborizasen de más al observar lo hermosa que era la ciudad. Tenían que pasar desapercibidos y mezclarse con los civiles de la mejor manera. Fue hasta que avanzaron por las calles que Evie se permitió escudriñar nuevamente a su compañero. Era muy extraño verlo sin la banda en su cabeza y la capa que cubría parte de su rostro, y, por alguna razón, su apariencia le traía una extraña sensación de familiaridad.
| Sé que teníamos que vernos lo más normal posible, pero por que siempre traes cara de malo | comenzó con indecisión. | ¿Es importante para ti? |
No tenía idea de por qué preguntaba algo como eso, pero tenía una extraña sensación en su fuente de la sabiduría. El cabello negro y largo, los ojos oscuros, aquellas facciones finas parecían provenir de un extraño sueño lejano, pero no sabía explicarlo a ciencia cierta.
| ¿A dónde vamos primero? |
Preguntó luego de un rato de deambular sin un rumbo fijo. El silencio no sería algo que reinaría mientras ella estuviese cerca.
Un hermoso reino, así era considerado Sorbet, entre otros, realmente era muy vistoso y muy ordenado, los hogares grandes y las calles amplias, algunas escalinatas que dejaban ir a otros sitios de este bello lugar. Dharma había entrado y con su inusual acompañante pues normalmente solo venia en compañía de su espada , ahora tenía que seguir con una mortal, alguien muy diferente a él y muy diferente a todo con lo que había convivido a lo largo de su vida, sus únicos momentos junto a personas amigables y amables habían sido en su infancia y un corto periodo de su adolescencia, donde tenía a sus primos y primas con los que a veces jugaba y también entrenaba o estudiaba. Pero por ahora era así y entre una pequeña broma Evie respondía al de ojos afilados, el cual si bien no disfrutaba del todo este tipo de situaciones, tampoco se dejaría incomodar por algo que el destino le había entregado, por alguna razón tenía que estar ahí y ahora, así que trataría de encontrarle un sentido y uno de ellos era quizá hacer que esa escuálida mujer pudiera sentirse mejor, pues entendía que tuvo una vida complicada sin entrar en más detalles.
|Hmm...Respecto a mi cara eso es algo que no te incumbe.| Dijo con un tono frio como siempre, pero luego daba un suspiro corto. | Hay cosas personales también, pero puedo decir que lo que uso algunas cosas son regalos de gente de mi ciudad natal, cuando yo también era pequeño, se suponía que la usaría cuando fuese un gran pirata...|
Explico bastante Dharma algo que no solía pasar, pero tenía en cuenta que aquella mujer era su compañera y no estaba del todo mal contarle un poco de él, así se fomentaba la confianza entre nakamas, no había de otra y al final también necesitaba de ella para su viaje, entendía la importancia de tener alguien con sus conocimientos, por lo tanto el pelinegro de largos cabellos trataría de ser un tanto más condescendiente. Lo que contó no fue tanto pero si daba entender que su camino iba a hacer otro y que esa persona quizá no estaba, murió, estaba en su hogar etc. Las dudas aunque las preguntara, Dharma aún no sabía si tendría las ganas de responder a ese tipo de preguntas. Mejor idearía otra cosa para desviar el tema.
| Iremos de compras... por lo que sé no tienes un abrigo o ropa para días de frio o días de calor o días normales, no puedes andar vestida como juguete de aparador. |Detuvo su andar para voltear a verla, él iba del lado izquierdo y ella de su lado derecho al espadachín le agradaba más el lado izquierdo casi siempre. Sus palabras habían sido más amables como casi nunca. | Así que compraremos ropa para ti, seguro mi amigo lo agradecerá jahjah... Aunque no entiendo ese gusto por las que parecen niñas, que edad tienes ¿15?. |
Entre un tramo de amabilidad llego a uno de burla y luego a uno de más burla con sarcasmo, Dharma no le gustaba que la gente se pusiera sensible o emocional con él, le parecía bastante aburrido lidiar con las personas en estados de ánimo demasiado ruidosos, más que nada porque consideraba que todo era una trivialidad. Pero preguntaba algo al final, realmente no sabía la edad de la Blackmore y aparentaba ser un tanto pequeña, pero por lo menos tendría unos 17-18, aunque bueno los gustos por sus amigos y considerando el tipo de sujeto que es era raro que tuviera una amiga un tanto más decente que el samurái bebedor. Dharma se mantuvo atento, mirando desde las alturas, la sombra le hacía un efecto extraño y tenebroso, mientras una sonrisa suave se dibujaba en su rostro. Ya estaban a unos cuantos metros de la tienda, unos 10 quizá y se podía ver un lugar bastante interesante que vendía ropa "La boutique de la luna" un lugar que se veía bastante amplio con un par de puertas cristal y la construcción se veía de color rosa pastel con el nombre de dicho lugar en color blanco, con un tipo de letra bastante "Cute" se veía como una tienda de ropa bastante elegante. No querían ir a un lugar que tampoco tuviera solo vestidos de hace 100 años ni tampoco pura ropa moderna, parecía un lugar adecuado, al menos a la vista. Dharma sabía algo sobre telas y ropas, ya que su familia en algunos rubros solían comerciar con telas muy finas.
Por un segundo pensó que había conseguido molestar a su compañero cuando le preguntó sobre la banda en la cabeza. La respuesta del muchacho fue fría en un inicio, pero después de un suspiro se dignó a contarle la historia detrás de su banda. Por un momento infló las mejillas en el instante en que volvió a burlarse de su estatura, aunque el dejo de nostalgia en sus palabras terminó por apaciguar su oprobio. Jamás habría imaginado que el espadachín gruñón pudiese ser alguien sentimental.
| Debe ser lindo tener personas que te quieran y confíen en ti… |
Pocas veces se permitía soltar palabras tan tristes, pero, en realidad, envidiaba las relaciones fraternales que había comenzado a ver en los demás. Su único lazo era un amigo y no podía catalogarlo como un hermano, ni siquiera como un primo; de hecho, le conflictuaba el caos que el capitán ocasionaba en su persona y por eso rara vez se dignaba a reparar en ellos. Sin embargo, le habría gustado tener una familia que al menos se preocupara por pagar sus deudas y no abandonar a su hija en las garras de una mujer como el ama.
Avanzaron durante un rato más, notando que la tensión que siempre había entre ambos comenzaba a disiparse, aunque aún había cientos de interrogantes que se arremolinaban en su fuente de la sabiduría. El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido cuando el señor del averno advirtió que irían de compras, pues con suerte tenía las ropas de sus compañeros y el vestido que se acababa de fabricar. No iba a negar que le emocionaba el poder tener un guardarropa nuevo, sólo había un pequeño problema: ella no contaba con dinero.
Sí, es verdad que en el barco encontraron algunos sacos con un pequeño botín, pero no se atrevería a disponer de un berrie sin antes consultarlo con su capitán. Además, ese dinero debía gastarse en suministros, ya que sólo los dioses sabrían cuándo volverían a tener más y, por ahora, lo mejor era administrarse adecuadamente hasta planear su siguiente movimiento.
Estuvo a punto de replicar cuando el señor del averno se detuvo para mirarla, haciéndole un comentario que la tomó por sorpresa. Era difícil pillarla con la guardia baja, pero este chico lo había conseguido y ahora sus mejillas estaban tan rojas como una manzana. No es que le importara si la ropa escogida hacía feliz a su capitán, ¿verdad? Al final a él le gustaban las chicas como Fuuka con grandes atributos, cuerpos despampanantes y facciones femeninas, y eso sin duda no tenía por qué ser de su incumbencia.
|Tengo 18 |replicó con las mejillas infladas.| Además, ahora que estoy afuera puedo recibir toda clase de vitaminas y comer mucho mejor, así que no tardaré en terminar de desarrollarme y entonces no podrás volver a molestarme.|
En el momento en que sus ojos se posaron en el aparador de la tienda más cercana no se reflejó más que ilusión en ellos. Con alegría se apresuró al local y fijó sus orbes azules en los modelos de exhibición que había en la tienda. Todos eran tan bonitos y coloridos. Sólo en sus sueños pudo imaginar llegar a ver algo tan maravilloso y estaban ahí, justo frente a ella, aunque aún persistía el mismo problema.
Este fragmento de memoria por parte de Dharma, le lleva recuerdos de cuando comenzó su viaje como pirata, tenia una tripulación sencilla, pero en la cual compartían algunas cosas, por azares del destino tuvieron que separarse, ya que los propósitos del oriundo de Wano eran un tanto más serios y caóticos que solo andar viviendo aventuras alegres, tenia que encontrar aliados fuertes y poderosos o simplemente seguir la senda en solitario, sin que nadie más le pudiera estorbar, para llevar a cabo su cometido, ordenar el mundo, como su actual nombre lo indica, el Dharma, una ley universal.
| No soy enana | respondió con indignación.| Tú tienes una estatura poco normal.|
Su cometido fue cumplido cuando el muchacho la observó con atención, a lo que la rubia atinó a sonreír victoriosa de que por fin se dignase a admirar su adorable creación. No cualquiera era capaz de fabricar ropa con tan poco material y ella solita lo había conseguido. Por supuesto, el momento se esfumó tan rápido como llegó tras el comentario recibido por el pelinegro a tono de… ¿broma?
| ¡Yo siempre me baño! |
La replica se vio interrumpida por la risita de su camarada y no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa. Una sonrisa se esbozó en su rostro y lo observó con emoción. ¿Eso que había escuchado fue una risita? ¿El señor de las profundidades podía bromear? Aprender algo nuevo sobre él le trajo un extraño sentimiento reconfortante, ya que era con el que menos se relacionaba de los tres.
Se apresuró a seguirlo para entrar en el reino, tratando de sus mejillas no se ruborizasen de más al observar lo hermosa que era la ciudad. Tenían que pasar desapercibidos y mezclarse con los civiles de la mejor manera. Fue hasta que avanzaron por las calles que Evie se permitió escudriñar nuevamente a su compañero. Era muy extraño verlo sin la banda en su cabeza y la capa que cubría parte de su rostro, y, por alguna razón, su apariencia le traía una extraña sensación de familiaridad.
| Sé que teníamos que vernos lo más normal posible, pero por que siempre traes cara de malo | comenzó con indecisión. | ¿Es importante para ti? |
No tenía idea de por qué preguntaba algo como eso, pero tenía una extraña sensación en su fuente de la sabiduría. El cabello negro y largo, los ojos oscuros, aquellas facciones finas parecían provenir de un extraño sueño lejano, pero no sabía explicarlo a ciencia cierta.
| ¿A dónde vamos primero? |
Preguntó luego de un rato de deambular sin un rumbo fijo. El silencio no sería algo que reinaría mientras ella estuviese cerca.
Un hermoso reino, así era considerado Sorbet, entre otros, realmente era muy vistoso y muy ordenado, los hogares grandes y las calles amplias, algunas escalinatas que dejaban ir a otros sitios de este bello lugar. Dharma había entrado y con su inusual acompañante pues normalmente solo venia en compañía de su espada , ahora tenía que seguir con una mortal, alguien muy diferente a él y muy diferente a todo con lo que había convivido a lo largo de su vida, sus únicos momentos junto a personas amigables y amables habían sido en su infancia y un corto periodo de su adolescencia, donde tenía a sus primos y primas con los que a veces jugaba y también entrenaba o estudiaba. Pero por ahora era así y entre una pequeña broma Evie respondía al de ojos afilados, el cual si bien no disfrutaba del todo este tipo de situaciones, tampoco se dejaría incomodar por algo que el destino le había entregado, por alguna razón tenía que estar ahí y ahora, así que trataría de encontrarle un sentido y uno de ellos era quizá hacer que esa escuálida mujer pudiera sentirse mejor, pues entendía que tuvo una vida complicada sin entrar en más detalles.
|Hmm...Respecto a mi cara eso es algo que no te incumbe.| Dijo con un tono frio como siempre, pero luego daba un suspiro corto. | Hay cosas personales también, pero puedo decir que lo que uso algunas cosas son regalos de gente de mi ciudad natal, cuando yo también era pequeño, se suponía que la usaría cuando fuese un gran pirata...|
Explico bastante Dharma algo que no solía pasar, pero tenía en cuenta que aquella mujer era su compañera y no estaba del todo mal contarle un poco de él, así se fomentaba la confianza entre nakamas, no había de otra y al final también necesitaba de ella para su viaje, entendía la importancia de tener alguien con sus conocimientos, por lo tanto el pelinegro de largos cabellos trataría de ser un tanto más condescendiente. Lo que contó no fue tanto pero si daba entender que su camino iba a hacer otro y que esa persona quizá no estaba, murió, estaba en su hogar etc. Las dudas aunque las preguntara, Dharma aún no sabía si tendría las ganas de responder a ese tipo de preguntas. Mejor idearía otra cosa para desviar el tema.
| Iremos de compras... por lo que sé no tienes un abrigo o ropa para días de frio o días de calor o días normales, no puedes andar vestida como juguete de aparador. |Detuvo su andar para voltear a verla, él iba del lado izquierdo y ella de su lado derecho al espadachín le agradaba más el lado izquierdo casi siempre. Sus palabras habían sido más amables como casi nunca. | Así que compraremos ropa para ti, seguro mi amigo lo agradecerá jahjah... Aunque no entiendo ese gusto por las que parecen niñas, que edad tienes ¿15?. |
Entre un tramo de amabilidad llego a uno de burla y luego a uno de más burla con sarcasmo, Dharma no le gustaba que la gente se pusiera sensible o emocional con él, le parecía bastante aburrido lidiar con las personas en estados de ánimo demasiado ruidosos, más que nada porque consideraba que todo era una trivialidad. Pero preguntaba algo al final, realmente no sabía la edad de la Blackmore y aparentaba ser un tanto pequeña, pero por lo menos tendría unos 17-18, aunque bueno los gustos por sus amigos y considerando el tipo de sujeto que es era raro que tuviera una amiga un tanto más decente que el samurái bebedor. Dharma se mantuvo atento, mirando desde las alturas, la sombra le hacía un efecto extraño y tenebroso, mientras una sonrisa suave se dibujaba en su rostro. Ya estaban a unos cuantos metros de la tienda, unos 10 quizá y se podía ver un lugar bastante interesante que vendía ropa "La boutique de la luna" un lugar que se veía bastante amplio con un par de puertas cristal y la construcción se veía de color rosa pastel con el nombre de dicho lugar en color blanco, con un tipo de letra bastante "Cute" se veía como una tienda de ropa bastante elegante. No querían ir a un lugar que tampoco tuviera solo vestidos de hace 100 años ni tampoco pura ropa moderna, parecía un lugar adecuado, al menos a la vista. Dharma sabía algo sobre telas y ropas, ya que su familia en algunos rubros solían comerciar con telas muy finas.
Por un segundo pensó que había conseguido molestar a su compañero cuando le preguntó sobre la banda en la cabeza. La respuesta del muchacho fue fría en un inicio, pero después de un suspiro se dignó a contarle la historia detrás de su banda. Por un momento infló las mejillas en el instante en que volvió a burlarse de su estatura, aunque el dejo de nostalgia en sus palabras terminó por apaciguar su oprobio. Jamás habría imaginado que el espadachín gruñón pudiese ser alguien sentimental.
| Debe ser lindo tener personas que te quieran y confíen en ti… |
Pocas veces se permitía soltar palabras tan tristes, pero, en realidad, envidiaba las relaciones fraternales que había comenzado a ver en los demás. Su único lazo era un amigo y no podía catalogarlo como un hermano, ni siquiera como un primo; de hecho, le conflictuaba el caos que el capitán ocasionaba en su persona y por eso rara vez se dignaba a reparar en ellos. Sin embargo, le habría gustado tener una familia que al menos se preocupara por pagar sus deudas y no abandonar a su hija en las garras de una mujer como el ama.
Avanzaron durante un rato más, notando que la tensión que siempre había entre ambos comenzaba a disiparse, aunque aún había cientos de interrogantes que se arremolinaban en su fuente de la sabiduría. El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido cuando el señor del averno advirtió que irían de compras, pues con suerte tenía las ropas de sus compañeros y el vestido que se acababa de fabricar. No iba a negar que le emocionaba el poder tener un guardarropa nuevo, sólo había un pequeño problema: ella no contaba con dinero.
Sí, es verdad que en el barco encontraron algunos sacos con un pequeño botín, pero no se atrevería a disponer de un berrie sin antes consultarlo con su capitán. Además, ese dinero debía gastarse en suministros, ya que sólo los dioses sabrían cuándo volverían a tener más y, por ahora, lo mejor era administrarse adecuadamente hasta planear su siguiente movimiento.
Estuvo a punto de replicar cuando el señor del averno se detuvo para mirarla, haciéndole un comentario que la tomó por sorpresa. Era difícil pillarla con la guardia baja, pero este chico lo había conseguido y ahora sus mejillas estaban tan rojas como una manzana. No es que le importara si la ropa escogida hacía feliz a su capitán, ¿verdad? Al final a él le gustaban las chicas como Fuuka con grandes atributos, cuerpos despampanantes y facciones femeninas, y eso sin duda no tenía por qué ser de su incumbencia.
|Tengo 18 |replicó con las mejillas infladas.| Además, ahora que estoy afuera puedo recibir toda clase de vitaminas y comer mucho mejor, así que no tardaré en terminar de desarrollarme y entonces no podrás volver a molestarme.|
En el momento en que sus ojos se posaron en el aparador de la tienda más cercana no se reflejó más que ilusión en ellos. Con alegría se apresuró al local y fijó sus orbes azules en los modelos de exhibición que había en la tienda. Todos eran tan bonitos y coloridos. Sólo en sus sueños pudo imaginar llegar a ver algo tan maravilloso y estaban ahí, justo frente a ella, aunque aún persistía el mismo problema.
Este fragmento de memoria por parte de Dharma, le lleva recuerdos de cuando comenzó su viaje como pirata, tenia una tripulación sencilla, pero en la cual compartían algunas cosas, por azares del destino tuvieron que separarse, ya que los propósitos del oriundo de Wano eran un tanto más serios y caóticos que solo andar viviendo aventuras alegres, tenia que encontrar aliados fuertes y poderosos o simplemente seguir la senda en solitario, sin que nadie más le pudiera estorbar, para llevar a cabo su cometido, ordenar el mundo, como su actual nombre lo indica, el Dharma, una ley universal.
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