14-11-2025, 03:30 AM
Las cosas se iban tornando un tanto peculiares, más de lo que alguien pensaría para una isla tan pequeña y casi sin tanto precedente, sin embargo, como dice un dicho, "pueblo chico, infierno grande" esa casi conjetura cabía a la perfección para la situación que se estaba enmarañando. Dharma por su parte sentía algo diferente entre todo lo que habitaba ahí, si bien parecía un templo, no era tan usual que hubiera gente armada dentro de él, si bien podían disponer de artilugios defensivos, no es que se portaran de forma cotidiana, desde ahí era un punto a considerar. Pero por lo menos en esta situación venia acompañado de un buen compañero, ya algunas aventuras habían sucedido, unas mas caóticas que otras, pero habían logrado salir abantes. Esta vez no seria la excepción. Así con algo de curiosidad mas que necesaria el pelinegro termino de dar algunos pasos más mientras escuchaba de tanto en tanto las palabras de Toge.
| Pero bro... el regalo para estos será otra cosa. | Expreso con una sonrisa suave mientras de su mano derecha dejaba caer la tela negra que cubría aquella cajita, para después en un acto de habilidad y reflejos solo mostrarla libre, mientras la tela negra iba cayendo al suelo. | Esto no será un acto de magia. | Dando a entender que no haría que las cosas fueran tanto de emoción. así ante las palabras de Sanemi refiriéndose a que los monjes de ahí estaban "enfermos" de una manera bizarra, el espadachín continuaba atento a todo lo que sucedía. Y ahora mostrando la pequeña caja ante los ojos de todos los ahí presentes, sin titubear la abrió al mismo tiempo que sus palabras iban terminando, mostrando dentro de dicha caja algo que no se esperaba del todo pero que de alguna forma se veía venir. Una daga extraña no tan larga pero llena de sangre seca, dentro de la caja había una nota que se observaba fácilmente cada palabra que decía "Mi ofrenda". No hubo mucho que pensar porque ante tal acto, los ahí presentes reaccionaron.
| Siempre los visitantes complicando las cosas... más ofrendas al dragón. | Dijo el samurái que estaba a unos 5 metros a la derecha de Dharma, el cual se quitaba el sombrero comenzaba a mostrar su verdadera actitud. | Jahjah... venga no se esforzaron en disimular tanto... es mejor para nosotros. | Sus palabras iban para su compañero Sanemi, pero también daban a entender que la situación no será nada sencilla para esas personas que de alguna u otra forma querían atentar contra ellos. Ante lo que estaba ocurriendo, el oriundo de Wano dio un salto hacia atrás, para tomar una espada ornamental que se encontraba en una de las paredes. | Sera con esto pequeñines... Toge creo que tendrás que divertirte con los demás. | Su tono de voz era imperturbable, no sonaba espantado o emocionado, sus palabras describían lo que estos seres significaban para el espadachín, el cual ya estaba listo para llevar a cabo un duelo contra el samurái. Mientras veía como uno de los monjes se posicionaba junto con aquel samurái y los otros tres parecían querer rodear a Sanemi.
| Pero bro... el regalo para estos será otra cosa. | Expreso con una sonrisa suave mientras de su mano derecha dejaba caer la tela negra que cubría aquella cajita, para después en un acto de habilidad y reflejos solo mostrarla libre, mientras la tela negra iba cayendo al suelo. | Esto no será un acto de magia. | Dando a entender que no haría que las cosas fueran tanto de emoción. así ante las palabras de Sanemi refiriéndose a que los monjes de ahí estaban "enfermos" de una manera bizarra, el espadachín continuaba atento a todo lo que sucedía. Y ahora mostrando la pequeña caja ante los ojos de todos los ahí presentes, sin titubear la abrió al mismo tiempo que sus palabras iban terminando, mostrando dentro de dicha caja algo que no se esperaba del todo pero que de alguna forma se veía venir. Una daga extraña no tan larga pero llena de sangre seca, dentro de la caja había una nota que se observaba fácilmente cada palabra que decía "Mi ofrenda". No hubo mucho que pensar porque ante tal acto, los ahí presentes reaccionaron.
| Siempre los visitantes complicando las cosas... más ofrendas al dragón. | Dijo el samurái que estaba a unos 5 metros a la derecha de Dharma, el cual se quitaba el sombrero comenzaba a mostrar su verdadera actitud. | Jahjah... venga no se esforzaron en disimular tanto... es mejor para nosotros. | Sus palabras iban para su compañero Sanemi, pero también daban a entender que la situación no será nada sencilla para esas personas que de alguna u otra forma querían atentar contra ellos. Ante lo que estaba ocurriendo, el oriundo de Wano dio un salto hacia atrás, para tomar una espada ornamental que se encontraba en una de las paredes. | Sera con esto pequeñines... Toge creo que tendrás que divertirte con los demás. | Su tono de voz era imperturbable, no sonaba espantado o emocionado, sus palabras describían lo que estos seres significaban para el espadachín, el cual ya estaba listo para llevar a cabo un duelo contra el samurái. Mientras veía como uno de los monjes se posicionaba junto con aquel samurái y los otros tres parecían querer rodear a Sanemi.
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