17-11-2025, 05:34 AM
Cuando las personas pelean con la intención de asesinar al otro, tienen que estar dispuestos a perder la suya también. Esto es lago que Sanemi tiene muy claro por lo que, en cada combate, sin importar el nivel de peligro real, no da tregua y se esforzará de igual manera. El primero de los monjes cayó al suelo inconsciente, la hemorragia interna se pudo presenciar puesto su sangre comenzó a buscar salida por su nariz y boca. Al parecer, no están bien entrenados o su nivel siquiera es mínimo para poder plantarse decentemente. Esto solo era muestra de que sus presas han sido siempre turistas. La verdad, desde ese punto de vista, eran una secta bien armada ya que desaparecían personas que solo están de pasada y nadie notaría nada extraño.
Sanemi se repuso rápidamente mientras observaba como otro de los personajes se lanzó contra él, algo más alto y fornido. Esto lo emocionó un poco, sin embargo, esas revoluciones bajaron cuando notó que duda y miedo generado en su rival. Le daba un punto por atacarlo de todas formas. El enemigo se ubicó frente al peliblanco, con un desesperado intento de querer abrazarlo aprovechando su estatura y capacidad corporal.
-Oe… -Murmuró justo antes de desaparecer de la vista de su oponente. Su cuerpo ya estaba en el suelo, antebrazo y talón derechos apoyados firmemente como puntos de impulso -Son más tontos de lo que imaginé - masculló mientras usaba esas mismas extremidades para lanzarse hacia arriba. Su pierna izquierda se elevó describiendo un arco limpio que cayó directo sobre el mentón del monje. El impacto fue simultáneo al brutal golpe de Dharma en su propio objetivo. El monje escupió sangre de inmediato, su mandíbula estaba destrozada, dientes rotos y el golpe ocasionó que su cerebro rebotara provocando perdieran la consciencia de forma automática.
Como era de esperar, el escenario y dirección ya no pertenecía a los dueños del lugar. La desesperación estalló Todos comenzaron a correr alborotados de un lado a otro. Sanemi no se molestaría siquiera en intentar detenerlos, no tiene sentido cuando han perdido toda voluntad por pelear y no sacaría nada de ello. Se levantó, sacudió su ropa un poco, para luego volver la mirada a su compañero, quien tenía el cuadro más sangriento -Al final algo de tributo pudieron ofrecer -Todo eso fue bastante irónico. Los roles invertidos no fueron otra cosa más que una jugarreta del retorcido sentido del humor que tiene la forma de darse las cosas, no le diría destino, Toge no cree en esas cosas.
