17-11-2025, 07:02 AM
Había necesitado una copa, un aire, una vueltecita, despejarme un poco antes de que nos fuéramos. Cigarro entre los labios, fumando con calma y ojos entrecerrados, arrastré a mi víctima hacia una taberna entrada la madrugada sabiendo muy bien que no iba a poder resistirse.
-Yo me tomo una copa, y tu cenas a mi costa…Es un win-win.-Diría que una persona normal a lo mejor me manda a la mierda, pero tengo suerte de que precisamente Han no lo sea.
Creo que es lo suficientemente tranquilo como para aguantar una de mis escapadas a la una de la mañana a por algo de ruido. A veces necesito eso, ruido, caos, intranquilidad algo que me recuerde que yo sigo siendo yo, incluso en una marea tranquila de gente que no hace más que calmarme.
De vez en cuando, hay que salir de casa a por algo de aire.
-No se te ocurra pedir lo más caro de la carta tampoco.-Dudo un momento, luego me doy cuenta de que he tomado la cartera de Cao, así que le miro.- ¿Qué demonios?, pide lo que quieras.-Igualmente nunca he sido una reina de las finanzas, y por una noche me da bastante igual.
Esto es como una ama de casa dándose el lujo de salir a por una copa de vino una vez al mes, más o menos.
Es una taberna normal y corriente, algo oscura, una barra larga, hay ruido, cocina hasta tarde y gente de todo tipo. Me deslizo a uno de los taburetes, acomodándome el pantalón negro ancho con cadenas, quitándome la chaqueta de cuero y dejándola encima, mientras sonrío animada.
-Yo voy a pedirme una cerveza, ¿Quieres una Han? Si no pide lo que quieras.-Hice un gesto hacia al camarero, para que le pidiera sin fallo. En cuanto tuve la cerveza delante le di un trago largo y solté un suspiro, en este mismo momento parezco un señor de cincuenta años casado y con hijos.
Últimamente tengo el estrés de uno, la verdad, hay cosas que me preocupan más de la cuenta y una pesadilla que se repite, pero que al levantarme, nunca termino por recordar.
-Oye Han, ¿Puedo preguntarte algo? -Seguramente voy a hacerlo igual, pero tengo algo rondando mi cabeza últimamente y no me lo puedo sacar. No termino de formular la pregunta, que cojones, no empiezo, cuando noto…A ver, es complicado lo que voy a tener que describir.
Joder no siento el frio, así que cuando alguien me derrama una bebida por la espalda, lo único que noto de pronto es la sensación de estar mojada. Arrugo el gesto ante el olor tan fuerte a vodka que me acaba de romper la nariz y apenas me giro para ver qué demonios ha pasado.
El tío debe medir casi dos metros, pero tras ver a Dong y a Bai todos los días, dejas de sorprenderte, va borracho como una cuba y parece alguna clase de vagabundo cubierto en pieles.
Quiero pensar que me ha tirado la bebida sin querer al apoyarse contra mi, pero nunca tengo esa suerte.
-Ten cuidado, a este paso vas a bañarme en vodka.-Me despegué la blusa tirando un poco hacia adelante, notando la espalda empapada. El gesto hizo el escote más profundo y al hombre se le fue la mirada con descaro.
Afortunada me dicen, mis cojones.
-Yo me tomo una copa, y tu cenas a mi costa…Es un win-win.-Diría que una persona normal a lo mejor me manda a la mierda, pero tengo suerte de que precisamente Han no lo sea.
Creo que es lo suficientemente tranquilo como para aguantar una de mis escapadas a la una de la mañana a por algo de ruido. A veces necesito eso, ruido, caos, intranquilidad algo que me recuerde que yo sigo siendo yo, incluso en una marea tranquila de gente que no hace más que calmarme.
De vez en cuando, hay que salir de casa a por algo de aire.
-No se te ocurra pedir lo más caro de la carta tampoco.-Dudo un momento, luego me doy cuenta de que he tomado la cartera de Cao, así que le miro.- ¿Qué demonios?, pide lo que quieras.-Igualmente nunca he sido una reina de las finanzas, y por una noche me da bastante igual.
Esto es como una ama de casa dándose el lujo de salir a por una copa de vino una vez al mes, más o menos.
Es una taberna normal y corriente, algo oscura, una barra larga, hay ruido, cocina hasta tarde y gente de todo tipo. Me deslizo a uno de los taburetes, acomodándome el pantalón negro ancho con cadenas, quitándome la chaqueta de cuero y dejándola encima, mientras sonrío animada.
-Yo voy a pedirme una cerveza, ¿Quieres una Han? Si no pide lo que quieras.-Hice un gesto hacia al camarero, para que le pidiera sin fallo. En cuanto tuve la cerveza delante le di un trago largo y solté un suspiro, en este mismo momento parezco un señor de cincuenta años casado y con hijos.
Últimamente tengo el estrés de uno, la verdad, hay cosas que me preocupan más de la cuenta y una pesadilla que se repite, pero que al levantarme, nunca termino por recordar.
-Oye Han, ¿Puedo preguntarte algo? -Seguramente voy a hacerlo igual, pero tengo algo rondando mi cabeza últimamente y no me lo puedo sacar. No termino de formular la pregunta, que cojones, no empiezo, cuando noto…A ver, es complicado lo que voy a tener que describir.
Joder no siento el frio, así que cuando alguien me derrama una bebida por la espalda, lo único que noto de pronto es la sensación de estar mojada. Arrugo el gesto ante el olor tan fuerte a vodka que me acaba de romper la nariz y apenas me giro para ver qué demonios ha pasado.
El tío debe medir casi dos metros, pero tras ver a Dong y a Bai todos los días, dejas de sorprenderte, va borracho como una cuba y parece alguna clase de vagabundo cubierto en pieles.
Quiero pensar que me ha tirado la bebida sin querer al apoyarse contra mi, pero nunca tengo esa suerte.
-Ten cuidado, a este paso vas a bañarme en vodka.-Me despegué la blusa tirando un poco hacia adelante, notando la espalda empapada. El gesto hizo el escote más profundo y al hombre se le fue la mirada con descaro.
Afortunada me dicen, mis cojones.
