18-11-2025, 01:18 AM
Eros seguía colgando del cuerito como un llavero cuanto menos peludito, con sus cuatro patas suspendidas en el aire mientras Owen lo zarandeaba de aquí para allá con poca suavidad, espetando la misma curiosidad inquisitiva y violenta que tendría quizás un prescolar. Eros mantenía su rostro estoico con la trompa apuntando a Owen a medida que era mecido como el viento, claramente irritado aunque llevando ese proceso más bien por dentro, inspiró con profundidad entiendo que como los niños él debía ser el adulto de esa situación.
— Joven Owen… su conducta no hace más que dejar que desear. Le sugiero que detenga su accionar, tomarme del suelo es cuanto menos una falta de respeto... Especialmente cuando le estoy hablando
Si quería respuestas, iba a dárselas. Todo con tal de que dejase de hacer tanto espamento, pero estaba bien, despues de todo el era un sepulturero que disfrutaba de aprender y entendía la necesidad de muchos de relacionarse con el mundo a través de la curiosidad.
Carraspeó tratando de aclarar su garganta. — Primero —alzó una patita con un tono de voz serio y parsimonioso — El animal que usted menciona se llama ornitorrinco. No ornitorico, no ortitorico, no ornitocorto. Ni mucho menos ortitorrico. Or ni to rrin co Tres erres. Es venenoso, pone huevos y tiene pico, aunque es un mamífero. Yo no soy nada de eso. Yo solo… Cavo, soy ciego, tengo garras —Explico.
Sus bigotes se relajaron ahora que estaba pudiendo comunicarse con quien esperaba fuese un adulto en todas sus facultades, y no un niño superdesarrollado como su conducta denotaba, levantando la segunda garra de su pata.
— Segundo —Aclaró su garganta. — Funesto significa algo triste, desgraciado, aciago, algo trunco desde el inicio... Algo que va a llevar a un final terrible e inevitable, como la idea de usted intentando combatir mientras huele a cerveza que claramente le pegó mal. O como todo desde que lo he conocido, como mi dignidad ahora mismo.
Había resignación en su tono, estaba cansado y molesto. Eros era un hombre paciente, pero la paciencia de todo hombre tenía un limite.
— Y tercero. No, no lo envenené. Me gusta el combate desde que tengo memoria, me gusta medirme con gente que considero un desafío es quizás la única faceta de mi ego que dejo vivir sin ser reprimida, por ende y consiguiente nunca envenenaría a nadie. Voy de frente, siempre.
Guardó silencio, ya había respondido todo. Estaba con una rigidez serena, pero de la nada giró sobre si mismo sin dificultad denotando que podría haberse liberado en cualquier momento escalando la mano que lo sostenía y usándola para impulsarse con un salto diez metros hacia atrás.
El topo en un parpadeo recorrió la duplicidad del campo de batalla que habían establecido en un comienzo, volviendo a su forma humana apenas cayó para hacer sonar su cuello. — La fruta que comí desconozco cómo se llama pero como puede ver... Oh... Puedo ver —Estaba sorprendido, parpadeando un par de veces para observar sus alrededores. De forma que su fruta no lo había dejado permanentemente ciego, eso era importante notarlo.
Pese a su sorpresa, devolvió su atención a Owen. —Cómo le decía lo que me he comido creo que era una de esas llamadas frutas del diablo, en éste caso me permite convertirme en un topo. Ni más, ni menos. No es nada sorprendente, y yo personalmente no se nada al respecto de éstas frutas malditas pero si sé que de haber sabido que me convertiría en algo que pierde su vista... No lo hubiese hecho —Negó con la cabeza, pues le parecía una falta de respeto para cierta amiga. Aunque quizás, quizás ahora podía entender el mundo de la misma forma que ella aunque sea solo un rato.
— Joven Owen… su conducta no hace más que dejar que desear. Le sugiero que detenga su accionar, tomarme del suelo es cuanto menos una falta de respeto... Especialmente cuando le estoy hablando
Si quería respuestas, iba a dárselas. Todo con tal de que dejase de hacer tanto espamento, pero estaba bien, despues de todo el era un sepulturero que disfrutaba de aprender y entendía la necesidad de muchos de relacionarse con el mundo a través de la curiosidad.
Carraspeó tratando de aclarar su garganta. — Primero —alzó una patita con un tono de voz serio y parsimonioso — El animal que usted menciona se llama ornitorrinco. No ornitorico, no ortitorico, no ornitocorto. Ni mucho menos ortitorrico. Or ni to rrin co Tres erres. Es venenoso, pone huevos y tiene pico, aunque es un mamífero. Yo no soy nada de eso. Yo solo… Cavo, soy ciego, tengo garras —Explico.
Sus bigotes se relajaron ahora que estaba pudiendo comunicarse con quien esperaba fuese un adulto en todas sus facultades, y no un niño superdesarrollado como su conducta denotaba, levantando la segunda garra de su pata.
— Segundo —Aclaró su garganta. — Funesto significa algo triste, desgraciado, aciago, algo trunco desde el inicio... Algo que va a llevar a un final terrible e inevitable, como la idea de usted intentando combatir mientras huele a cerveza que claramente le pegó mal. O como todo desde que lo he conocido, como mi dignidad ahora mismo.
Había resignación en su tono, estaba cansado y molesto. Eros era un hombre paciente, pero la paciencia de todo hombre tenía un limite.
— Y tercero. No, no lo envenené. Me gusta el combate desde que tengo memoria, me gusta medirme con gente que considero un desafío es quizás la única faceta de mi ego que dejo vivir sin ser reprimida, por ende y consiguiente nunca envenenaría a nadie. Voy de frente, siempre.
Guardó silencio, ya había respondido todo. Estaba con una rigidez serena, pero de la nada giró sobre si mismo sin dificultad denotando que podría haberse liberado en cualquier momento escalando la mano que lo sostenía y usándola para impulsarse con un salto diez metros hacia atrás.
El topo en un parpadeo recorrió la duplicidad del campo de batalla que habían establecido en un comienzo, volviendo a su forma humana apenas cayó para hacer sonar su cuello. — La fruta que comí desconozco cómo se llama pero como puede ver... Oh... Puedo ver —Estaba sorprendido, parpadeando un par de veces para observar sus alrededores. De forma que su fruta no lo había dejado permanentemente ciego, eso era importante notarlo.
Pese a su sorpresa, devolvió su atención a Owen. —Cómo le decía lo que me he comido creo que era una de esas llamadas frutas del diablo, en éste caso me permite convertirme en un topo. Ni más, ni menos. No es nada sorprendente, y yo personalmente no se nada al respecto de éstas frutas malditas pero si sé que de haber sabido que me convertiría en algo que pierde su vista... No lo hubiese hecho —Negó con la cabeza, pues le parecía una falta de respeto para cierta amiga. Aunque quizás, quizás ahora podía entender el mundo de la misma forma que ella aunque sea solo un rato.
