[Presente Absoluto] Un día soleado para la revolución
#12
Los oscuros ojos del panda analizaron a la gyojin que tenía delante con detenimiento al ver que ésta se había caído de culo al suelo. Tenía el pelo rubio y la piel de un color similar, también amarillento. Era alta para estándares humanos, pero para él era muy pequeña, como suele ser el caso con las demás razas. Su cuerpo tenía aletas y su cuello branquias. Lo que encontró tal vez más llamativo de ella era el verde tan intenso de sus colores. Ni siquiera su percepción alterada de los colores le podría engañar con eso. En la profundidad de aquellos ojos cabían civilizaciones enteras.
 
La gyojin se había hecho daño con la caída. Don Bambú, a pesar de tener un aspecto bastante intimidante, no era mala persona. Se sintió mal por haber provocado aquello. Se llevó la mano a la nuca e intentó pensar en cuál sería la mejor manera de ayudar pese a que la muchacha decía que no había de qué preocuparse –Estamos al lado de una curandera, tal vez tenga algo... Invito yo, es lo menos que puedo hacer –Por fin de algo serviría el dinero heredado de su viejo. Ese cascarrabias perro del estado nunca encontraría descanso en su tumba si se enterase de que iba a ayudar a una gyojin con su dinero. La situación le parecía hasta deseable.
 
Antes siquiera de poder girarse hacia el local de la curandera, la voz de un humano le llamó la atención. No se trataba de la voz de cualquier pueblerino que ha visto pocos minks en su vida, ni de la voz de alguien que nunca había salido de su isla. Era una voz cargada de una seguridad tranquilizante. Bajo la influencia de esa voz, cualquier conflicto dejaría de parecer irresoluble. Era además un tanto hipnótica. Se sentía incapaz de hablar mientras él lo hacía. Interrumpirla... Sencillamente no estaría bien. 
 
Cuando le miró le quedó claro que no se equivocaba. Era un humano más grande de lo normal, de casi dos metros de altura. Tenía una melena blanca y una cara surcada de enormes cicatrices. ¿Contra quién se habría peleado? Casi tuvo ganas de sonreír, no sabía por qué.
 
Hacía referencia a un primo. Tras ver detrás de él la enorme figura del mink oso pardo que entró a la curandera hace un rato le quedó claro por qué. El oso era una enorme masa de músculos, aunque era de menor tamaño que Don Bambú. Lo que sí había que destacar, y tal vez fuera algo que solo otro mink podría identificar, era que el oso pardo era feo de cojones. El cabrón rompería espejos a su paso si se lo propusiera.
 
El humano se encaró con Don Bambú y empezó a recriminarle que hubiese golpeado a la mujer. Había algo en su postura, mostrando claramente su espada, que le alteraba. Sintió la necesidad de defenderse. –No le he pegado, ha sido un accidente –Respondió el panda. Su voz ya no estaba impregnada de pura amabilidad, sino que iba acompañada de una amenaza latente. El humano estaba siendo demasiado agresivo y era conveniente que se relajase.
 
Fue en ese instante cuando el oso pardo se lanzó a darle un lengüetazo a la gyojin. No supo reaccionar y se quedó inmóvil –Pero qué haces, no vayas por ahí lamiendo a personas que no conoces de nada, cojones –Le recriminó ya de mal humor.
 
Cita:Karmas: Daltonismo (indistinción entre rojo y amarillo), Voz intimidante.
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RE: [Presente Absoluto] Un día soleado para la revolución - por Max D. Bambú - 12-08-2023, 04:29 PM

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