[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [TORRE]
#9
[personajeinvalido=2317]

Como una maraña de tela blanca, Stroud saltó desde la última roca, con el empujón que necesitaba para, de un último impulso, subir hasta el borde de la extraña y enorme torre rocosa en mitad del vacío del mar. Se incorporó, recobrando, no sin dificultad, la postura firme y marcial que lo caracterizaba mientras examinaba el lugar que lo rodeaba. Pese al polvo y la abundante sangre que lo cubrían tras la pelea, el argénteo fulgor de la luna se reflejaba sobre su blanco uniforme y sobre el abrigo que, rasgado y hecho jirones, colgaba aún de sus hombros, ondeando bajo la brisa marina como una vieja bandera. Jadeaba ligeramente, aún sintiendo cómo algo de sangre emanaba de las heridas sufridas durante el combate contra aquella esperpéntica criatura, tiñendo su camisa. Sin embargo, su mente ya estaba lejos de aquello, casi se había olvidado: lo único que le preocupaba ahora era averiguar exactamente qué diantres estaba pasando allí, qué era aquella torre y de qué iba todo aquello.

Parecía, pese a todo, que no había sido el único, ni el primero, en tener aquella idea. A su alrededor, otras figuras variopintas se le habían adelantado  y habían hecho su aparición en la misma torre, bajo lo que debía de ser el firmamento del Grand Line. De hecho, ¿era aquello, siquiera, el Grand Line? Resultaba difícil de decir. Se maldijo internamente por no haber traído consigo alguna de sus cartas de navegación, intentando contemplar las estrellas y las constelaciones visibles desde aquel lugar. Sacudió la cabeza, olvidando la idea, y se dedicó a analizar lo que lo rodeaba en aquella bizarra torre. La construcción era, como lo había sido el cubículo, rara, simplemente rara. Había algo raro en ella, en el ambiente. A unos metros, una carpa con una serie de grandes sillones que nada parecían tener que ver con aquel entorno, como si hubieran aparecido desde otro lugar, coronaban la construcción, rodeadas de cajas de lo que parecía ser alimento en abundancia. Stroud caminó hacia los arcones de comida, examinando sus contenidos con ojos entornados. Olió el ambiente, impregnado del aroma de la comida y de la sal marina. Su mano recorrió el suntuoso tapizado de uno de los sillones, mientras su mente empezaba a atar cabos. Aquello no solo había estado planeado desde el principio, sino que había sido alguna clase de prueba, o alguna clase de... ¿espectáculo? Tocó el sillón, cuya superficie aún podía notarse ligeramente cálida. ¿Correspondían aquellos seis sillones a seis inamovibles jueces, que, de alguna manera, podrían haber estado contemplando los combates como si de una arena gladiatoria se hubiese tratado?

Miró a su alrededor, percatándose de que Moja ya había llegado también a la torre, y también... ¡Kibai! Las siluetas de los dos felinos resultaban inconfundibles. "Bertram debe de haber ido a buscar el Royal Quiver," masculló para sí, esbozando una sonrisa. Siempre tan precavido ese muchacho. Hizo una señal a los otros dos Marines para que se acercasen. "¿Todo bien, soldad...-". Repentinamente, una mujer por cuyo lado había pasado hacía escasos segundos, y cuya piel estaba sembrada de cicatrices por todas partes, empezó a increparlos. Stroud alzó una ceja, apoyándose disimuladamente sobre el sillón que había estado examinando, observando a la mujer. "Tranquilícese, señora," espetó el Marine, exasperado por aquel tipo de interacciones. Eran la cruz que estaban obligados a cargar por su condición de sirvientes de la Justicia. No pudo evitar torcer el gesto ante un comportamiento que se le hizo, como poco, chabacano, pero, ¿qué cabía esperar? Pese al cansancio, su voz, tan monótona como le era habitual, llevaba consigo la sosegada autoridad que le era frecuente. A medida que pasaba el tiempo, llegaban más estrafalarios invitados a aquella particular fiesta, además de la tipa de las cicatrices. Una muchacha, que debía de tener algún problema de visión, se presentó como Gwendolyn Yang, llegando junto al muchacho pelirrojo. Su cabeza trabajaba a toda velocidad, intentando calcular cómo de factibles podían ser determinados escenarios. Era más que probable que la mayoría de aquellos tipos fuesen criminales, o piratas, y lo ideal sería sacarlos de allí muertos, o encadenados. Sin embargo, también era consciente de que la situación en aquel lugar tenía aún más potencial para complicarse que abajo, en el cubículo en el que se habían enfrentado a la criatura. Las cosas se podían poner cáusticas muy, muy rápido, y con mucha facilidad. Con rabia contenida, apretó los labios, que formaron una fina línea.

"Escuchadme todos," dijo, alzando su monótona voz. El volumen subía en términos de decibelios, pero el tono no cambiaba, era como oír a alguien hablar muy muy alto en un tono conversacional. Resultaba antinatural, extraño de escuchar. "Soy Stroud Redgrave, Contramaestre de la Marina. Estamos aquí para poner orden y ayudar," afirmó pausadamente y con claridad, asegurándose de que los presentes en la torre lo oyesen. Era el protocolo al que los Marines solían recurrir en casos como aquel, y era importante que quedase claro que la Justicia del Gobierno Mundial también tenía ojos y brazos en aquel lugar. Sus analíticos ojos, de un gris oscuro que brillaba con destellos plateados bajo la luna, danzaban entre los presentes, analizándolos, midiéndolos, calculando las distancias entre ellos, buscando movimientos bruscos. Bajo la luz de la luna era más sencillo distinguir rasgos. "Doy por hecho que todos hemos pasado por una experiencia similar ahí abajo," dijo, haciendo un ademán con la cabeza hacia los restos de los cubículos en que todos habían estado encerrados hasta hacía breves instantes, "estamos investigando la situación. Mantened la calma y colaborad, estamos buscando la mejor forma de que todos podamos salir de aquí," afirmó.

Súbitamente, y como venido de otro mundo, un enorme barco pareció materializarse de la nada junto a la misma torre en que se encontraban, acompañado del sonido del estallido de una enorme pompa. Todo se volvió repentinamente surrealista, como si estuviesen sobre un escenario y repentinamente cayese un decorado de otra obra. Una lluvia de agua marina golpeó el lado de la torre, mientras el barco, cubierto de algas y fauna marina, caía sobre la superficie y se balanceaba. Apenas un instante después, un gyojin de algún tipo, alto y encorvado, se materializaba de forma similar frente a los presentes. Resultaba increíble, pero allí estaba, bajo la luz de la misma luna que todos ellos. ¿Era real lo que veía? ¿Era algún tipo de habilidad? El tipo los saludó, para estupefacción de Stroud, como el que no quiere la cosa, e insinuó ser capaz de extraer la fruta que uno hubiese consumido. ¿Realmente era posible algo así, o se estaba tirando el pisto? ¿Por qué iba a aparecerse allí solo para tirar faroles? Su acompañante resultaba, si cabía, más estrafalario aún: un mink mono, le dio la impresión a Stroud, que no hacía sino esputar chorradas y... ¿estaba ofreciéndoles comprar frutas del diablo? ¿Allí mismo? "No estoy interesado, gracias," afirmó, quitándole importancia con un gesto. Era evidente que la súbita aparición de aquellos dos personajes, y de su galeón, lo había desarmado, a secas.

Atónito, y a paso firme, o todo lo firme que le permitían sus heridas, Stroud se recompuso y caminó hacia Urususu, que se había apoyado sobre la caja de frutas, pasando junto al muchacho pelirrojo. Se limpió el polvo de la camisa rutinariamente, aparentemente sin recordar las enormes manchas rojas que aún condecoraban su uniforme. "Contramaestre Redgrave," se limitó a decir, presentándose ante el babuino. "Doy por hecho que tiene... la licencia que haga falta para comerciar con esas frutas," aseveró con mordacidad, cruzándose de brazos frente al mink, "¿saben algo de lo que ha pasado aquí? ¿Tienen alguna idea de quién ha sido el responsable de esto?" inquirió, señalando con su dedo pulgar hacia la plataforma y los cubículos en ruinas que yacían sobre el mar, mientras el mono se hurgaba los dientes despreocupadamente. Sabía que era en vano. Conocía a aquel tipo de persona; no era el tipo de mink que fuese a colaborar o a poner las cosas fáciles. Él y el tal Pawurs habían venido aquí a hacer su negocio, eso estaba claro, pero, ¿y si sabían algo?

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 3 [TORRE] - por Stroud Nanashi - 24-11-2025, 02:13 AM

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