27-11-2025, 04:14 AM
La situación pasa de cero a cien en cuestión de segundos, de terminar un día de entrenamiento a que los conflictos vengan desde todas direcciones. Heras siempre ha sido un tipo de carácter pacífico. Ese tipo de persona que prefiere solventar los problemas con el diálogo y el entendimiento, aunque se sabe defender cuando las tortas vuelan. En esta situación frenética, sin embargo, hay que tomar decisiones rápidas y unos segundos de más o unas palabras de menos pueden determinar el resultado entre una charla amable o una pelea a muerte.
El lunarian demuestra genuina preocupación por el estado del joven gyojin, que está más pendiente de salir por patas de aquella situación que de curarse las heridas o entender el estado del tipo con quien se ha tropezado. Su intento de fuga acaba frustrado por la velocidad de reacción de nuestro protagonista, que los alcanza rápidamente por el kimono de karate y lo retiene a pura fuerza bruta. El niño, impotente, intenta zafarse de tu agarre sin éxito. -¡No señor, usted no lo entiende!- implora. -Me van a matar si no me suelta ahora mismo.- te advierte. Hay sinceridad y miedo en sus palabras. Y no tardas en entender que lo que dice es cierto, pues la marea de culturistas que salen del Dojo llenos de ira, se dirigen a tu posición como alma que lleva el diablo. Una veintena de humanos extremadamente musculosos con más ganas de bronca que de paz.
Con premura, te lanzas a entender que está sucediendo. Antes de entregar al muchacho a que le peguen una paliza, buscas respuestas e intentas reconciliar ambas partes. Por desgracia, pareces el único por la labor. -¡Este crío de mierda...!- empieza gritando uno de los culturistas del Hasshoken, que lidera al grupo. Señala al menos para que se entienda que se refiere a él, asustando al muchacho. -¡... nos ha robado una reliquia del templo!- Entonces se te encara, buscando intimidarte. Deja de gritar para lanzarte una amenaza. -Danos al muchacho y pirate. Y si no, os vamos a pegar una paliza a los dos. ¿Queda claro, negrito?-
El karateka se revuelve en tu mano una vez más. -Señor, suéltame, me van a matar.- intenta apelar a tu humanidad, aunque no niega haber robado la reliquia. Ahora las palabras sobran. Poco queda por hacer aquí. Es hora de enfrentar a los abusones o de entregar al ladrón. Tú decides.
En un lugar oculto a los ojos de todo el mundo, tres mujeres observan lo que está sucediendo en mitad del cruce. Se esconden en las alturas, tras la terraza del edificio más alto. Una de ellas, sentada en la cornisa, juguetea con lo que parece ser un yo-yo. Esta pregunta al aire. -¿Atacamos ya, hermanas?- su tono de voz es agudo y aniñado, aunque se nota cierta psicopatía en sus palabras. Otra que ni observa la escena, le responde. -Ay nena, que pesada eres...- le recrimina mientras se maquilla los labios mientras se mira al espejo. La tercera, más firme e imponente que las demás, avanza lentamente hasta apoyar un pie en la cornisa. Observa atenta, con media sonrisa en el rostro. Analiza. Decide. Lidera. -Vamos a esperar un poco más, chicas...- su sensual voz marca el ritmo de la operación. Entonces se muerde el labio. -Veamos lo que hace ese negrito... Me pone muy...- y cuando parece que va a terminar la frase, las dos anteriores la interrumpen. -¡Muy cachonda, sí! Lo sabemos...-
La localización y apariencia de estas tres es todo un misterio.
El lunarian demuestra genuina preocupación por el estado del joven gyojin, que está más pendiente de salir por patas de aquella situación que de curarse las heridas o entender el estado del tipo con quien se ha tropezado. Su intento de fuga acaba frustrado por la velocidad de reacción de nuestro protagonista, que los alcanza rápidamente por el kimono de karate y lo retiene a pura fuerza bruta. El niño, impotente, intenta zafarse de tu agarre sin éxito. -¡No señor, usted no lo entiende!- implora. -Me van a matar si no me suelta ahora mismo.- te advierte. Hay sinceridad y miedo en sus palabras. Y no tardas en entender que lo que dice es cierto, pues la marea de culturistas que salen del Dojo llenos de ira, se dirigen a tu posición como alma que lleva el diablo. Una veintena de humanos extremadamente musculosos con más ganas de bronca que de paz.
Con premura, te lanzas a entender que está sucediendo. Antes de entregar al muchacho a que le peguen una paliza, buscas respuestas e intentas reconciliar ambas partes. Por desgracia, pareces el único por la labor. -¡Este crío de mierda...!- empieza gritando uno de los culturistas del Hasshoken, que lidera al grupo. Señala al menos para que se entienda que se refiere a él, asustando al muchacho. -¡... nos ha robado una reliquia del templo!- Entonces se te encara, buscando intimidarte. Deja de gritar para lanzarte una amenaza. -Danos al muchacho y pirate. Y si no, os vamos a pegar una paliza a los dos. ¿Queda claro, negrito?-
Culturistas Hasshoken
El karateka se revuelve en tu mano una vez más. -Señor, suéltame, me van a matar.- intenta apelar a tu humanidad, aunque no niega haber robado la reliquia. Ahora las palabras sobran. Poco queda por hacer aquí. Es hora de enfrentar a los abusones o de entregar al ladrón. Tú decides.
En un lugar oculto a los ojos de todo el mundo, tres mujeres observan lo que está sucediendo en mitad del cruce. Se esconden en las alturas, tras la terraza del edificio más alto. Una de ellas, sentada en la cornisa, juguetea con lo que parece ser un yo-yo. Esta pregunta al aire. -¿Atacamos ya, hermanas?- su tono de voz es agudo y aniñado, aunque se nota cierta psicopatía en sus palabras. Otra que ni observa la escena, le responde. -Ay nena, que pesada eres...- le recrimina mientras se maquilla los labios mientras se mira al espejo. La tercera, más firme e imponente que las demás, avanza lentamente hasta apoyar un pie en la cornisa. Observa atenta, con media sonrisa en el rostro. Analiza. Decide. Lidera. -Vamos a esperar un poco más, chicas...- su sensual voz marca el ritmo de la operación. Entonces se muerde el labio. -Veamos lo que hace ese negrito... Me pone muy...- y cuando parece que va a terminar la frase, las dos anteriores la interrumpen. -¡Muy cachonda, sí! Lo sabemos...-
La localización y apariencia de estas tres es todo un misterio.
Datos de interés

![[Imagen: 3tvdrsL.png]](https://i.imgur.com/3tvdrsL.png)