27-11-2025, 06:01 PM
La discusión entre los dos recién llegados, el primo verde que parecía llamarse Pawurs y el mink mono autoproclamado como "el Rey Macaco", se volvió un ruido constante de fondo, tan absurdo como fascinante. Era imposible discernir qué parte de lo que decían tenía sentido y qué parte eran alucinaciones, como historias sobre poderes que no hacían más que recordarles al de la maldita anguila a la que acababan de vencer, o toda aquella fantasía de dar y quitar poderes mágicos con frutas malditas. Pero una cosa estaba clara, esos dos tipos eran peligrosos.
El segundo de ellos hablaba como si cada frase fuese un ultimátum y una venta ambulante a la vez, mientras que el primero, aunque ligeramente más sensato, era aún más inquietante. Parecía tratarse de un chamán a juzgar por sus palabras, y decía poseer la fruta más poderosa, incluso siendo capaz de quitar la fruta de los demás con facilidad, frutas que al parecer su primo luego vendía oportunamente. ¿Quién demonios eran aquellos dos extraños sujetos?
No hubo tiempo de pensarlo demasiado, pues cuando la conversación parecía estar por concluir, el mono volvió a demostrar lo peligroso que era. Pero no por su fuerza, sino por su instinto.
-Ese pana mío que ehtá ahí tiene algo que me da el aroma de la riquesa. Ese tiguere ehtá bien duro y tiene algo econdío mi primo, ¿tu lo víhte?
Durante un instante todos los escenarios posibles pasaron por la mente de Krysser. ¿Serían la clase de personas dispuestas a matar por su instinto? ¿Cómo de fuertes eran realmente? Lo bastante para atreverse frente a todos ellos, sin duda, lo bastante para ser un problema, especialmente estando ya maltrechos. Además, ¿qué pasaría con los demás que les rodeaban? ¿Se unirían a aquella tensa situación?
Sin embargo, nadie aparte del mono parecía prestarles atención. El lunarian se había prestado voluntario con el tal Pawurs, y estarían ocupados. Además, parecía que algunos de los presentes estarían pendientes de que todo fuera bien; mientras que otros estaban sencillamente en sus asuntos.
En un principio, solo Urususu les separaba de marcharse de ahí con algo de valor tras tanto sufrimiento, la alternativa, matar a todos los piratas presentes, se antojaba aún más complicada en aquellas circunstancias.
Tras apenas un segundo pensando y sobrepensando todo, Krysser decidió que era el momento de irse, pues tras la acusación del mono, quedarse sentado ya no era una opción. Sin embargo, también valoró algo de lo que había oído de la conversación de Urususu con el joven marine. Aquel tipo era un comerciante.
Con aquello en mente, se volvió hacia el mono, con la misma calma con la que uno le habla a un animal salvaje en el bosque, que en cualquier momento puede devorarte. Con la misma calma con la que siempre le habían hablado a él.
-Pareces alguien que valora los negocios como algo sagrado. -Dijo, asegurándose de mantener un tono tranquilo y sin provocación alguna. -Pero, por desgracia, hoy no tenéis algo que pueda interesarnos. -Añadió, mirando las frutas, como rechazándolas por no ser de su interés. Antes de dar pie a una respuesta, se apresuró a cerrar su declaración. -Sin embargo… Volveremos a buscaros, a ambos. Y será con una oferta de lo más tentadora.
No era una amenaza, y tampoco una mentira. Solo una promesa, dicha con la seguridad de quien pocas veces necesita repetir las cosas.
Lentamente, como si no fuera más que una simple molestia, el tigre se incorporó, agachándose para pasar un brazo por debajo del enorme objeto encadenado. Las cadenas se tensaron con el peso, pero no pesaba tanto como para incomodarlo; lo levantó de un solo tirón, apoyándolo contra su espalda como si fuese un saco de grano y no un cofre capaz de cambiar su destino, y se lo colocó al lomo como una mochila al pasar el brazo por otra de las cadenas. Ahora estaría limpio, del polvo y de las miradas incómodas.
Y en cuanto terminó, no esperó respuesta. Pero, aún así, la obtuvo.
—Hey!!… Tu… es cierto lo que dice el Mink?... que ocultas?... eres tú el causante de… Espera… que tienes ahí?. Y tú Tigre… eres su aliado?. VAMOS… ¡¡Que esconden!! O es que este mono esta loco?—
Aquella mujer parecía realmente molesta, sin embargo, confiaba en que no estuviera loca. Fyodor intervino, pero considerando que tal vez no hubiera sido lo bastante claro, Krysser lanzó una última advertencia.
-No oculto nada. Aquí dentro está nuestra recompensa. Puedo añadir tu cabeza a la misma, si así lo deseas. -Comenzó con rotundidad, preparado para lanzarse en un instante a arrancarle la cabeza de ser preciso. Sin embargo, algo de lo que había dicho la muchacha antes le había llamado la atención, cierto nombre que recordaba bien, pues acababa de pasar uno de los peores momentos junto a él. -Rackham Uker. Supongo que lo conoces. -Sabía que la mujer escucharía atentamente tras pronunciar aquel nombre, así que aprovechó que tenía tanto su atención como su desprecio. -Recientemente salvé su vida, derroté a aquel que lo tenía atravesado de lado a lado. No me pareció un mal hombre, a pesar de ser un pirata... -Habiendo dejado claro que gracias a su intervención Uker seguía vivo, sabía que la mujer sería incapaz de actuar de forma estúpida. Pero, por si acaso no era así, volvió a dejar claro que aquello no era un favor que estuviera cobrándose, sino otro que le estaba haciendo. -Por respeto a su esfuerzo, nos iremos sin pelear. No deberías insultar su honor rechazando nuestra oferta.
El tigre echó a andar entonces, aún pendiente de su espalda, con el cofre envuelto y encadenado firmemente sujeto a su espalda. Dio pasos largos y decididos hacia el borde de la torre, justo por donde habían subido, con su compañero Fyodor cubriéndole la espalda, quien se colocó detrás de él sin una sola palabra, como era habitual en ellos. No necesitaban hablar para entenderse. Era momento de irse. Y tenía claro con quién, pues sus pasos seguían la estela de los de su compañero felino marine. La justicia se retiraría, al menos, por el momento.
El segundo de ellos hablaba como si cada frase fuese un ultimátum y una venta ambulante a la vez, mientras que el primero, aunque ligeramente más sensato, era aún más inquietante. Parecía tratarse de un chamán a juzgar por sus palabras, y decía poseer la fruta más poderosa, incluso siendo capaz de quitar la fruta de los demás con facilidad, frutas que al parecer su primo luego vendía oportunamente. ¿Quién demonios eran aquellos dos extraños sujetos?
No hubo tiempo de pensarlo demasiado, pues cuando la conversación parecía estar por concluir, el mono volvió a demostrar lo peligroso que era. Pero no por su fuerza, sino por su instinto.
-Ese pana mío que ehtá ahí tiene algo que me da el aroma de la riquesa. Ese tiguere ehtá bien duro y tiene algo econdío mi primo, ¿tu lo víhte?
Durante un instante todos los escenarios posibles pasaron por la mente de Krysser. ¿Serían la clase de personas dispuestas a matar por su instinto? ¿Cómo de fuertes eran realmente? Lo bastante para atreverse frente a todos ellos, sin duda, lo bastante para ser un problema, especialmente estando ya maltrechos. Además, ¿qué pasaría con los demás que les rodeaban? ¿Se unirían a aquella tensa situación?
Sin embargo, nadie aparte del mono parecía prestarles atención. El lunarian se había prestado voluntario con el tal Pawurs, y estarían ocupados. Además, parecía que algunos de los presentes estarían pendientes de que todo fuera bien; mientras que otros estaban sencillamente en sus asuntos.
En un principio, solo Urususu les separaba de marcharse de ahí con algo de valor tras tanto sufrimiento, la alternativa, matar a todos los piratas presentes, se antojaba aún más complicada en aquellas circunstancias.
Tras apenas un segundo pensando y sobrepensando todo, Krysser decidió que era el momento de irse, pues tras la acusación del mono, quedarse sentado ya no era una opción. Sin embargo, también valoró algo de lo que había oído de la conversación de Urususu con el joven marine. Aquel tipo era un comerciante.
Con aquello en mente, se volvió hacia el mono, con la misma calma con la que uno le habla a un animal salvaje en el bosque, que en cualquier momento puede devorarte. Con la misma calma con la que siempre le habían hablado a él.
-Pareces alguien que valora los negocios como algo sagrado. -Dijo, asegurándose de mantener un tono tranquilo y sin provocación alguna. -Pero, por desgracia, hoy no tenéis algo que pueda interesarnos. -Añadió, mirando las frutas, como rechazándolas por no ser de su interés. Antes de dar pie a una respuesta, se apresuró a cerrar su declaración. -Sin embargo… Volveremos a buscaros, a ambos. Y será con una oferta de lo más tentadora.
No era una amenaza, y tampoco una mentira. Solo una promesa, dicha con la seguridad de quien pocas veces necesita repetir las cosas.
Lentamente, como si no fuera más que una simple molestia, el tigre se incorporó, agachándose para pasar un brazo por debajo del enorme objeto encadenado. Las cadenas se tensaron con el peso, pero no pesaba tanto como para incomodarlo; lo levantó de un solo tirón, apoyándolo contra su espalda como si fuese un saco de grano y no un cofre capaz de cambiar su destino, y se lo colocó al lomo como una mochila al pasar el brazo por otra de las cadenas. Ahora estaría limpio, del polvo y de las miradas incómodas.
Y en cuanto terminó, no esperó respuesta. Pero, aún así, la obtuvo.
—Hey!!… Tu… es cierto lo que dice el Mink?... que ocultas?... eres tú el causante de… Espera… que tienes ahí?. Y tú Tigre… eres su aliado?. VAMOS… ¡¡Que esconden!! O es que este mono esta loco?—
Aquella mujer parecía realmente molesta, sin embargo, confiaba en que no estuviera loca. Fyodor intervino, pero considerando que tal vez no hubiera sido lo bastante claro, Krysser lanzó una última advertencia.
-No oculto nada. Aquí dentro está nuestra recompensa. Puedo añadir tu cabeza a la misma, si así lo deseas. -Comenzó con rotundidad, preparado para lanzarse en un instante a arrancarle la cabeza de ser preciso. Sin embargo, algo de lo que había dicho la muchacha antes le había llamado la atención, cierto nombre que recordaba bien, pues acababa de pasar uno de los peores momentos junto a él. -Rackham Uker. Supongo que lo conoces. -Sabía que la mujer escucharía atentamente tras pronunciar aquel nombre, así que aprovechó que tenía tanto su atención como su desprecio. -Recientemente salvé su vida, derroté a aquel que lo tenía atravesado de lado a lado. No me pareció un mal hombre, a pesar de ser un pirata... -Habiendo dejado claro que gracias a su intervención Uker seguía vivo, sabía que la mujer sería incapaz de actuar de forma estúpida. Pero, por si acaso no era así, volvió a dejar claro que aquello no era un favor que estuviera cobrándose, sino otro que le estaba haciendo. -Por respeto a su esfuerzo, nos iremos sin pelear. No deberías insultar su honor rechazando nuestra oferta.
El tigre echó a andar entonces, aún pendiente de su espalda, con el cofre envuelto y encadenado firmemente sujeto a su espalda. Dio pasos largos y decididos hacia el borde de la torre, justo por donde habían subido, con su compañero Fyodor cubriéndole la espalda, quien se colocó detrás de él sin una sola palabra, como era habitual en ellos. No necesitaban hablar para entenderse. Era momento de irse. Y tenía claro con quién, pues sus pasos seguían la estela de los de su compañero felino marine. La justicia se retiraría, al menos, por el momento.
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